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La fiebre del petróleo que amenaza al Golfo de México y al planeta

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Por Michael T. Klare*

Derrame de Petróleo en el Golfo de México. Foto: ReutersLa cuestión está clara: el drenaje masivo de petróleo del fondo del Golfo México podría consumar uno de los mayores desastres ecológicos de la historia de la humanidad. Lo peor es que es sólo un anticipo de lo que será la era del petróleo degradado, una época caracterizada por la creciente dependencia de fuentes de energía problemáticas y difíciles de conseguir. La partida se desarrolla en terreno peligroso, y lo que está en juego es el destino del planeta.

Es posible que nunca se llegue a dar con la causa precisa de la explosión que destruyó la torre petrolera de Deepwater Horizon el 20 de abril y mató a 11 de sus 126 trabajadores. Se ha hablado de fallos en una conexión submarina y en un aparato específicamente diseñado para prevenir explosiones. La falta de controles gubernamentales sobre los mecanismos de seguridad también tuvo su parte en el desastre, producido, seguramente, por una combinación de equipo defectuoso y errores humanos. En todo caso, aunque no se determine cuál fue el exacto disparador de la explosión, la razón de fondo está clara: la existencia de una empresa a la que el gobierno autorizó a explotar reservas de petróleo y gas natural en entornos remotos y bajo condiciones de operación altamente riesgosas.

Los peligros de la nueva fiebre del petróleo

Los Estados Unidos ingresaron en la era de los hidrocarburos con una de las principales reservas de petróleo y gas natural. La explotación de estos valiosos y versátiles recursos ha contribuido durante mucho tiempo a la riqueza y al poder del país, así como a la rentabilidad de gigantes de la energía como British Petroleum (BP) y Exxon. Este proceso, empero, condujo al agotamiento de la mayoría de reservas siutadas en tierra firme y sólo dejó algunas disponibles en áreas marítimas de difícil acceso en Alaska y el Ártico. Para mantener el suministro de energía, así como los ininterrumpidos beneficios de las grandes empresas del ramo, todos los gobiernos sin excepción han impulsado la explotación de fuentes energéticas remotas, con abierto desdén por los peligros humanos y ambientales que encierran estas operaciones.

La búsqueda afanosa de gas y petróleo ha entrañado siempre un cierto grado de riesgo. Después de todo, la mayoría de las reservas energéticas se encuentran bajo tierra entre sucesivas capas de rocas. Cuando las perforadoras llegan hasta ellas, las probabilidades de erupciones explosivas son altas. Es lo que se conoce como efecto “géiser”. En los intrépidos inicios de la industria del petróleo, este fenómeno -bien conocido gracias a películas como Pozos de ambición (There Will Be Blood, según el título original en inglés)- era causa frecuente de importantes accidentes humanos y ambientales. Con los años, las compañías petroleras consiguieron prevenir los daños causados a los trabajadores o al entorno de los pozos. Ahora, sin embargo, la compulsión por disponer de las remotas reservas de Alaska, el Ártico y las profundidades marinas se está reeditando una peculiar y peligrosa versión de los intrépidos inicios de la industria. Las empresas se encuentran con riesgos inesperados, y su tecnología -diseñada para escenarios más benignos- resulta a menudo incapaz de ofrecer una respuesta adecuada a los nuevos desafíos. En consecuencia, cuando el desastre se produce, el daño ambiental es exponencialmente mayor que cualquiera que haya podido registrarse en los anales de la industria a lo largo del siglo XIX o a inicios del XX.

La operación Deepwater Horizon es un ejemplo de ello. BP, la empresa que gestionaba la torre petrolera y tenía a su cargo la supervisión de la perforación, lleva años inmersa en una frenética búsqueda de petróleo en zonas profundas del Golfo de México. El pozo en cuestión, conocido como Mississippi Canyon 252, tenía una profundidad de 1,5 kilómetros y estaba situado a unos 80 kilómetros al sur de la costa de Luisiana. El perforador, por su parte, se extendía unos 4 kilómetros más bajo tierra. A semejante profundidad, cualquier operación en el fondo del océano debe realizarse a través de robots manejados por control remoto por técnicos situados en el pozo. El margen de error admisible en estas circunstancias es mínimo, sobre todo en cuestiones de perforación y corte de capas rocosas. Aparentemente la operación Deepwater Horizon se caracterizó por una gran laxitud en materia de supervisión, de manera que cuando surgieron algunos problemas previsibles, fue imposible enviar técnicos que pudieran evaluar la situación y ofrecer una solución.

Acometer perforaciones en Alaska y en el Ártico entraña peligros aún mayores, dadas las condiciones climáticas y ambientales extremas con las que es menester lidiar. Cualquier pozo marítimo siutado en los mares de Beaufort o de Chukchi está expuesto a eventuales choques con trozos de hielo, a temperaturas extremas y a poderosas tormentas. Por otra parte, siempre será más difícil, en semejantes parajes, lidiar con derrames de petróleo como los de BP, da igual que sean marítimos o terrestres. Es más, un flujo incontrolado de petróleo en esas condiciones representará, sin  ninguna duda, una amenaza letal para cualquier especie viva.

Las grandes empresas de energía aseguran que están blindadas contra tales peligros. Sin embargo, tanto el desastre del Golfo como la propia historia han puesto en ridículo dicha pretensión. En 2006, por ejemplo, un oleoducto en mal estado de BP propició el derrame de más de un millón de litros de crudo en unas lomas del norte de Alaska frecuentadas por manadas migratorias de caribús (como el derrame tuvo lugar en invierno, los caribús aún no estaban allí, lo que hizo posible alejar el petróleo de los bancos de nieve; de haberse producido en verano, los riesgos para la manada hubieran sido considerables).

Cuando hay petróleo de por medio, todo está permitido

A pesar de los peligros evidentes y de la ausencia de mecanismos adecuados de seguridad, diferentes administraciones, incluida la de Barack Obama, han apoyado la política de las grandes empresas y han favorecido la explotación de reservas de gas y petróleo en aguas profundas del Golfo de México, así como en otras áeras ambientalmente sensibles.

El gobierno ya asumió esta posición frente al tema con la Política de Energía Nacional (PEN), adoptada por el presidente George W. Bush en mayo de 2001. Liderados por el ex Director Ejecutivo de Halliburton, el vicepresidente Dick Cheney, los diseñadores de esta política advirtieron de que los Estados Unidos consideraron que la creciente dependencia de la importación de energía comportaba un auténtico peligro para la seguridad nacional. A resultas de ello, apostaron por un mayor aprovechamiento de las fuentes de energía locales, especialmente petróleo y gas natural. “Es un objetivo primordial de la Política de Energía Nacional diversificar las fuentes de aprovisionamiento” rezaba la declaración de principios de la PEN. “Y esto supone priorizar las fuentes locales de petróleo, gas y carbón” .

No obstante, como la propia PEN dejaba claro, los Estados Unidos estaban perdiendo sus reservas de gas natural o de petróleo convencionales y de fácil acceso, tanto terrestres como marítimas. “Es probable -se decía en el documento- que la producción de petróleo en los Estados Unidos decaiga en los próximos diez años; [de manera que] la demanda local excederá las propias capacidades productivas” . La única solución, se afirmaba, era aumentar la explotación de reservas de energías no convencionales, como el petróleo o el gas situados en el fondo martímo del Golfo de México, más allá de los bancos de arena continentales, en Alaska, en el Ártico e incluso recurrir a formaciones geológicas complejas como el petróleo o el gas bituminosos.

“La producción de gas y petróleo en áreas geológicamente estimulantes -continuaba el documento- es vital para todos los estadounidenses y para la seguridad energética nacional, siempre que resulte compatible con la protección del medioambiente” (esta última mención era un explícito añadido de la Casa Blanca dirigido a contrarrestar las acusaciones -desafortunadamente ciertas- en torno a la escasa sensibilidad gubernamental por las consecuencias ecológicas de su política energética).

La primera recomendación de la PEN consistía en el desarrollo de un “Refugio para la Vida Silvestre en el Ártico”, una propuesta con amplio eco en los medios que se granjeó la inmediata desconfianza de los grupos ambientalistas. Sobre todo cuando se la veía acompañada por la apelación a una mayor exploración y explotación en las profundidades del Golfo y en los mares de Beufort y Cukchi, en el norte de Alaska. Aunque la perforación en el Refugio Nacional para la Vida Silvestre del Ártico fue finalmente bloqueada, la explotación en otras áreas se abrió camino con escasa oposición. En realidad, el Servicio de Gestión de Minerales (SGM), una agencia gubernamental probadamente corrupta, lleva años facilitando la concesión de licencias de exploración y perforación en el Golfo de México e ignorando de manera sistemática las regulaciones ambientales. Esta práctica, frecuente durante la era Bush, se mantuvo incólume con la llegada de Barack Obama a la presidencia. Obama, de hecho, autorizó con su firma el crecimiento masivo de las perforaciones marítimas, y apenas tres semanas antes del desastre de Deepwater Horizon, el 30 de marzo, anunció la realización de tareas de perforación, por primera vez, en vastas áreas del Atlántico, la zona oriental del Golfo de México y las aguas de Alaska.

Además de acelarar las exploraciones en el Golfo de México, pasando por alto las advertencias de científicos y funcionarios gubernamentales, el SGM también aprobó perforaciones en los mares de Beaufort y Chukchi. Todo ello a pesar de la fuerte oposición de grupos ecologistas y de los propios pueblos nativos, que temían que las operaciones pusieran en riesgo la supervivencia de ballenas y otras especies fundamentales para mantener su modo de vida. En octubre, por ejemplo, el SGM otorgó a Shell Oil una autorización provisional para llevar a cabo perforaciones en dos bloques del mar de Beaufort. Los opositores al plan han señalado que cualquier derrame de petróleo generado por dichas actividades entrañaría severos riesgos para especies ya amenazadas. Como de constumbre, sin embargo, las advertencias se ignoraron (el 30 de abril, 10 días después de la explosión del Golfo, el presidente Obama otorgó al Plan un sorpresivo visto bueno, cuando aún algunas tareas de perforación aún estaban pendientes de revisión).

El salón de la vergüenza de BP

Las grandes compañías energéticas tienen sus propias razones para sumarse a la explotación de opciones remotas de energía. Para evitar la caída de sus acciones, cada año se ven obligadas reemplazar el petróleo extraído con el de nuevas reservas. La mayoría de los yacimientos tradicionales, sin embargo, está agotada y algunos de los más prometedores en Oriente Medio, en América Latina o en la ex Unión Soviética se encuentran bajo control de empresas estatales como la saudí Aramco, Pemex, en México, o PDVSA, en Venezuela. Este panorama deja a las empresas privadas con áreas cada vez más restringidas en las que reponer sus provisiones. Ello explica que lleven tiempo inmersas en una búsqueda enloquecida de petróleo en el África subsahariana, donde muchos países todavía permiten una cierta participación privada. Lo cierto, sin embargo, es que incluso en estos casos deben afrontar la feroz competencia de empresas chinas así como de otras compañías de propiedad estatal. Las únicas áreas en las que aún pueden operar con las manos prácticamente libres son el Ártico, el Golfo de México, el Atlántico Norte y el Mar del Norte. No es casual que sea aquí donde están concentrando sus esfuerzos, con escasa o nula preocupación por los peligros que ello pueda suponer para la humanidad o para el planeta.

El ejemplo de BP es bastante elocuente. Originariamente conocida como Anglo-Persian Oil Company (más tarde, Anglo-Iranian Oil Company, y finalmente, British Petroleum), BP comenzó sus operaciones en el suroeste de Irán, donde gozó durante un tiempo del monopolio en la producción de crudo. En 1951, sus propiedades fueron nacionalizadas por el gobierno democrático de Mohammed Mossadeq. La empresa regresó a Irán en 1953, tras el golpe apoyado por los Estados Unidos que puso al Shah en el poder, y fue expulsada nuevamente en 1979 tras la revolución islámica. La compañía todavía conserva un pie en la inestable aunque rica en petróleo Nigeria, una ex colonia británica, y en Azerbaijan. Sin embargo, desde su absorción de Amoco (en su momento, Standard Oil Company of Indiana) BP ha concentrado sus energías en la explotación de las reservas de Alaska y en algunos yacimientos de petróleo degradado en el Golfo de México y en las costas africanas.

No por casualidad, el informe anual de BP de 2009 lleva por título “Operar en las fronteras de la Energía”. Allí, de hecho, se señala con orgullo que “BP opera en las fronteras de la energía. Desde las profundidades marítimas a los entornos más complejos, desde remotas islas tropicales a la próxima generación de biocombustibles, una renovada BP trae consigo mayor eficiencia, un impulso sostenido y crecimiento empresarial. En el marco de esta declaración de principios, el Gofo de México ocupa un papel central. “BP es un operador líder en el Golfo de México” , señala el informe. “Somos el principal productor y proveedor en la zona, además de contar con el mayor área de exploración” [ … ] Nuevos descubrimientos, iniciativas exitosas, operaciones de alta eficacia y un amplio abanico de nuevos proyectos nos sitúan en inmejorable posición en el Golfo de México, tanto a corto como a largo plazo” .

Está claro que los altos ejecutivos de BP pensaban que un rápido incremento de la producción en el Golfo resultaría fundamental para la salud financiera de la empresa a largo plazo (de hecho, unos pocos días después de la explosión en Deepwater Horizon, la compañía anunciaba que había conseguido unos 6.100 millones de dólares de beneficios sólo en el primer trimestre de 2010). Queda por determinar hasta qué punto la concepción empresarial defendida por BP contribuyó al accidente de Deepwater Horizon. En todo caso, existen inidicios de que la compañía estaba inmersa en una frenética operación de consolidación del pozo de Mississippi Canyon 252, un paso previo al eventual traslado de la plataforma alquilada a Transocean a unos 500.000 dólares diarios a algún otro sitio de perforación rentable.

Si bien es probable que BP sea el principal villano en este caso, otras grandes empresas energéticas están implicadas en actuaciones similares, con cobertura del Gobierno y de algunos de sus funcionarios. Estas empresas y sus aliados gubernamentales aseguran que, con las debidas precauciones, es seguro operar en estas condiciones. El incidente de Deepwater Horizon, sin embargo, revela que cuanto más remota es el área de exploración, mayores son las posibilidades de que el asunto acabe en desastre.

Se nos dirá que la explosión en Deepwater Horizon fue un accidente desafortunado, una desgraciada combinación de gestión inadecuada y equipo defectuoso. Que bastaría con un control más estricto para disipar los riesgos de la perforación en aguas profundas. Pero el alegato no es de recibo. La falta de diligencia y los defectos técnicos pueden haber desempeñado un papel crucial en la catástrofe del Golfo. Sin embargo, la fuente última del desastre es la necesidad compulsiva de las grandes empresas de compensar el declive de las reservas convencionales de petróleo a través de la exploración en zonas altamente riesgosas. Mientras esta compulsión se mantenga los desastres continuarán. Tenedlo por seguro.

*Michael T. Klare es profesor de estudios de Paz y Seguridad Mundial en el Hampshire College. Su último libro es Rising Powers, Shrinking Planet: The New Geopolitics of Energy (Metropolitan Books).

Se han publicado 7 comentarios



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  • Yunier Morales dijo:

    buen artículo, sobre todo que expresa algo de la historia de esta compañía.
    el derrame sobrepasa los estimados y las cifras oficiales. de este escrito señalo esta parte: “Se ha hablado de fallos en una conexión submarina y en un aparato específicamente diseñado para prevenir explosiones”, y como muchos otros artículos de este tipo se refieren a la parte técnica de manera superficial. en muchas ocasiones se impone el tema político, medioambiental o de seguridad, y queda “floja” la parte que técnicamente explica el fenómeno. Soy del criterio que muchos quisieran leer o ver por TV algún especialista de Cuba para que aclare parte del fenómeno. Decir que existe en el país un grupo creado y entrenado para la perforación marina en la Zona Económica Exclusiva del Golfo, integrada por valiosos profesionales, que fácilmente pudieran asumir el tratamiento, al menos en nuestro país, de este fenómeno, que ya se dice puede afectarnos. Ese aparato que refiere el periodista en este escrito es una Válvula de Seguridad “Blowout Preventor”(BOP)que se utiliza tanto en la perforación onshore como ofshore, y constituye la segunda barrera de defensa de los petroleros, la primera es la columna de fluido que baja por la sarta de camisas y con la presión hidrostática impide la afluencia de gas y petróleo a la superficie mientras se realizan estas labores.
    Quien le escribe es profesor de una de las sedes del sistema de escuelas de Cupet,y he estado al tanto de cada una de las noticias.
    saludos

  • Luis M. Domínguez Batista dijo:

    Miéntras no se descubra otro tipo de energía más efectivo y de más fácil uso y limpieza habrá que utilizar el petróleo. Pero la energía fósil la necesita todo el mundo, los países grandes y los pequeños y a todos les hace falta un poco de energía para cuando llega el invierno. Es lamentale que los países de más bosques estén terminando con ellos por el consumo popular y por la explotacion desmedida de los bosques para el uso de la madera industrialmente y que la reposición de los mismos no se corresponda con la necesidad futura de la materia que ellos generan. El consumo llegará a superar la extracción y refinación del petróleo y el gas. La industria seguirá su hambre de desasrrollo y no será sino con combustible de fácil trasiego y uso que podrá superarse la situación de necesidad de energía del mundo. El capital no puede vivir sin combustibles, perecerían las principales gestiones universales de la industria, el transporte y la vida moderna. El combustible se consume en el 80 % en los países desarrollados sin medida de ahorro alguna y hoy tratan de consumir, además, el combustible que se genera a partir del uso de cereales convertidos en etanol, lo que generará hambre y dependencia a los más. La era del combustible considerado como el oro negro que quienes llegan a él tienen toda la fortuna que les deja como condición su posesión y propiedad debe terminar. Se trata de un combustible que deberá asegurar la vida de la tierra, del sistema universal como conjunto y no podrá operarse por manos privadas. Son los Estados los llamados a controlar cada uno de los yacimientos donde quiera que estos estén y cómo que se trata de un problema de seguridd nacional para muchos y de seguridd universal para todos, no se podrá someter a la libre elección el problema. Hay que tomar partido, valorar cuanto queda de ese combustible y los que más añoran ser los jefes en el dominio mundial, en un gobierno totalmente globalizado deberán apurarse en liderar el asunto y ser reconocidos por todos como líderes para conquistar la supremacía en localizar las fuentes de energía, calcular sus volúmenes y estar en condiciones de asegurar su administración desde la extracción hasta la distribución y el consumo de forma equitativa y garantizando una soberanía de todos sobre tales recursos. La Humanidad toda podría verse sin energía y la economía volvería a la época de las cavernas. Si la energía tiene tal alto significado, cómo se explica que las naciones más poderosas, el potencial científico del mundo, las administraciones y los que dirigen no cobren conciencia del asunto y dejen en manos del capital desmedido, de los sinconciencias que solo miran el nivel de sus ganancias y no son capaces de asegurar que la energía que puede poner en peligro a todos se les va de la mano y antes que servir de solución está contaminando el planeta a una gran velocidad. Un líder deberá aparecer, con todo el poder del mundo, que enarbole una nueva era y ponga órden en el desorden y en caos. Venezuela y el Caribe oriental, las pequeñas islas y la parte sur del continente están dando pasos de estabilidad y se hacen contactos con otras potencias productoras para concertar acuerdos que lleven a que la energía se extraiga segura y llegue proporcionalmente a todos. Me pregunto, no habrá interés por la parte occidental, por los grandes dirigentes mundiales de las potencias matrices del capitalismo para que de acuerdo a las circunstancias conviertan en empresas nacionales e incluso de protección internacional por las Naciones Unidas de un producto tan vital hoy para los seres humanos y tan necesario como el agua. Acaso se tiene un sustituto para la energía fósil. Los que dejen actuar a las grandes trasnacionales a su forma y manera y le liberen o alicen el camino para que actúen en su favor, están creando un muñeco parecido a Frankesteing que cuando no encuentren salida para sus negocios, cuando las ganancias se les pongan difíciles, cuando los gobiernos no obedeszcan a sus peticiones, son capaces de quemar el mundo. No les va a quedar ninguna posibilidad sino ir a la concertación de nacionalizar todo lo posible la gestión de la energía y hacer párticipe a todos los paíess de esa gestión. Algo parecido a lo que pasasrá con el agua. Recurden que fuego, tierra, aire y agua, son el núcleo celular de la vida en la tierra. Hay que hacer que por derecho cada ciudadano, cada comunicad, país tenga su cuota de energía mientras el mundo encuentra con su núcleo de mayor inteligencia las vías de utilizar otro tipo de energía segura y estable. El Gobierno mundial, los más poderosos tienen la palabra, pero los pueblos que subre la calamidad de la B.P. solo han tenido como respuesta la arrogancia y apenas los pobres saben los que está pasando. Los muertos los pagan caros, pero la vida les importa un comino.

  • Carlos Valdés Sarmiento dijo:

    Disculpen que sea tan mal pensado, pero ni la BP ni el poderoso gobierno de USA, son capaces de resolver este problema. ¿Qué habrá detras de la fachada?, Ojalá no sea algo diabólico, sigo pensando que el Imperio esta llegando a un punto de no retorno, sólo le queda la guerra total, para disminuir la población mundial a niveles que puedan vivir con su estilo, evitando problemas sociales.
    Lamento ser tan apocalíptico, pero no encuentro otra explicación razonable, para algunos hechos que estan ocurriendo en el mundo.

  • Hector Lopez dijo:

    Desde que se inició el desastre en el golfo de México he tenido la preocupación de nuestra cercanía a los EEUU y su plataforma fuera de control, pensaba que las corrientes del golfo serían una barrera para que no llegara a nuestro país y por lo que se ya el gobierno de los EEUU alerto a nuestro país de la posibilidad de verse afectado por esta tragedia ahora veo que Yunier Morales ha dicho que nuestro país cuenta con el personal para actuar “que fácilmente pudieran asumir el tratamiento, al menos en nuestro país, de este fenómeno, que ya se dice puede afectarnos” eso en si ya es un alivio, aunque no creo que sean lo suficiente si nos llegara la marea de petróleo.

  • F.JUAN ÁGUILA dijo:

    HE LEÍDO EL TÉRMINO ECOLOCIDIO.

    No está mal.

    Tampoco el de Terrorismo Ecológico.

    Y es que lo que está sucediendo va camino de poder encontrar calificativo que lo describa.

    Ahora le toca a la inyección de una especie de cemento; pero que si falla la abertura (BOQUETE) pudiera ser mayor.

    A ese nivel está este asunto y PB, bien gracias

  • Guillermo Moran Loyola dijo:

    Esa fiebre es la que arruina el planeta, buscar nuevas fuentes de energía es la trea de todos los que deseen ver el futuro con un nivel aceptable de desarrollo. Colaborar para demostrar que otro mundo es mejor y posible es necesario. Las especies gritan como los artistas de Somos el mundo, que se necesita de alimentos, agua, electricidad, medicinas, educación, cultura y deporte para todos.
    Si a la energía nueva, a las nuevas fuentes de energía, al desarrollo tecnológico en aras de un mundo mejor, No al petróleo, al gas, a la gasolina, y a la guerra por los hidrocarburantes, al final, todo se agotará, y es mejor ir pensando en el relevo desde ahora.
    Windows, podrá variar su sistema actual, quizás todas las computadoras estén identificadas por una foto, con los gustos e interses, música, deporte, y todo preferido, incluido los trabajos de cada uno, para conocernos mejor, y tener contactos entre todos por la Internet, pero…., si no hay combustible duradero, nadie puede lograrlo, para ello, la energía pacífica nuclear, termo-nuclear, y electro-nuclear, necesita de todos los átomos, o de la energía del sol, que se desprende cada vez más por estar la capa de ozono dañada, y con una apertura, o la energía del viento, o del agua, pero creanme, que el mundo mejor posible es posible, cuando los que nos antecedieron con sus creencias militaristas, los que hicieron las armas atómicas mueran, o cedan, para dar paso a lo mejor del ser humano, en aras de su comunicación, y vida nueva, de su hermandad, y de sus sentimientos más nobles, y pacifistas.
    Solo así el hombre verá que es mejor salvar vidas, como lo hacen los médicos cubanos, que seguir dando fuego a la leña, en la guerra y en la creencia de las armas atómicas.
    Solo así los extraterrestres de exisitir abondonarían la idea de exterminar al planeta, digo si no es que antes terminan con nosotros los que piensan que en la guerra siempre se busca, y gana. O auqellos que no desean seguir la Cumbre de la Tierra, o la Copenhague, pues la contaminación puede afectarnos tanto como la guerra.
    Mejor busquemos nuevos adelantos, y no caigamos en el petróleo y el gas, como única fuente primordial.
    Creo que es mejor pensar positivistamente, y no como algunos que quieren seguir: A LA ANTIGUA ( NO).
    El futuro se impone, y es cierto, solo hace falta conquistarlo.

  • ofelia dijo:

    o.ONO SE QUE DECIR ESTAMOS MAL.NO RESPETAMOS NUESTRO MEDIO AMBIENTE

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