Recordando a Miguel Alfonso
Por DAYAN JAYATILLEKA
La llamada desde Cuba entró esta mañana, Tamara, disculpándose por la hora tan temprana, para decir que tenía muy malas noticias, y yo pensé que Fidel había muerto, pero no, era Miguel-- mi antiguo lazo, o como era para él, padre nuestro que estás en La Habana. El Doctor Miguel Alfonso Martínez, Profesor de Mérito, jurista, pedagogo y ex diplomático, mi compañero con cola de caballo en los 70, había muerto hacía algunas horas, y ya había sido cremado.
El correo electrónico de Juan Antonio, antiguo representante permanente de Cuba en Ginebra, y hermano de lucha, ahora presidente de la Comisión de la UNESCO en ese país, llegó minutos después. Sanja derramaba lágrimas silenciosas. A pocos pies de distancia, en nuestra habitación en ese momento, estaba uno de los regalos de Miguel, un CD que pidió que su hijo le grabara, interpretado por el pianista y compositor Faustino Oramas (El Guayabero). Siempre había regalos de Miguel, cuidadosamente escogidos, en cada una de sus visitas a Ginebra; reproducciones de pinturas de artistas cubanos, discos compactos de música, libros. Miguel, amigo de Sri Lanka y de la misión de Sri Lanka ante las Naciones Unidas en Ginebra durante años, me había sido presentado por mi predecesor Sarala Fernando, pero él estaba (siempre) impecablemente informado, y parado junto al embajador Juan Antonio, murmuró que "en La Habana ya hemos oído acerca del embajador designado de Sri Lanka, que había declarado: "no esperen nunca que me abstenga en cuanto al tema de Cuba".
Miguel era una de mis conexiones con la fuente, con esos últimos titanes y esa Era de la Historia que data de Prometeo, las ideas y valores que tanto habían influido en mis decisiones y trayectoria. Él era la prueba fehaciente de que todo no era una gran desilusión: otro espíritu, otra forma de ser, otra persona era posible; existía.
Preparándose para su papel en la película Che, de Soderbergh, Benicio del Toro se sentó junto a Miguel, que estaba desayunando en el último piso del Hotel Nacional, sacó algunas fotografías y le preguntó: "Este es usted, ¿no? Eran fotos instantáneas de los jóvenes diplomáticos de la delegación cubana, durante la estancia de Che Guevara en New York, cuando habló ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, a finales de 1964. El Ché se hospedó en el edificio de la Misión Cubana ante las Naciones Unidas en el que Miguel (en ese momento o poco después, Encargado de Negocios, creo) y su familia estaban alojados, y "se enamoró" de la hija de Miguel, que tenía 2 años de edad. Miguel había perdido la oportunidad de coincidir con el Che en Ginebra. Había sido enviado allí para trabajar con él en su visita con motivo de la Conferencia de Fundación de la UNCTAD en 1964, pero una disputa que tuvo con un superior, y una demora burocrática, le impidieron llegar a tiempo. (Prof. Jean Ziegler, joven militante comunista en ese momento, compañero y chofer designado para el Ché durante su estancia de 12 días en Ginebra, completó ese capítulo cavilando, "el Ché puede ser frío").
Miguel llegó a tiempo a Nueva York para encontrarse con el Che. La negativa del comandante a usar el garaje subterráneo y la salida trasera, tal como le insistiera, con muy buenas intenciones, la escolta del Capitán de Policía de la ciudad de New York, luego de un disparo con bazooka que recibió el edificio de Las Naciones Unidas durante su discurso, alegando "tengo que irme de la misma forma en que llegué", y añadiéndole a Miguel, "debo ser como la esposa del César", y su ingenio sardónico, aún tratándose de su seguridad y la del personal diplomático de Cuba, eran el sustento de las conversaciones de Miguel, bien entrada la noche en los restaurantes de Ginebra.
"Socio, yo no soy súper fanático de Guevara", advirtió Miguel Alfonso a Benicio del Toro. Cierto: él era primero, por encima de todo y al final, hombre de Fidel. Nos dijo como las distintas personalidades de Fidel y el Che se complementaban perfectamente, el yin y el yang, mientras Raúl llevaba la visión de Fidel a la práctica, materializándola, organizando lo imposible. También había conocido a Manuel Piñeiro (Barbaroja), el icónico Jefe del Departamento América del Comité Central, educado en los EEUU, quien coordinaba el apoyo internacionalista, incluidas las misiones del Che, y la contrainteligencia cubana.
En los cruciales y definitorios días del proyecto Fidel-Che, a mediados y finales de los años 60, años que cubrieron los conclaves de la Tricontinental y la OLAS (Organización de Solidaridad Latinoamericana), Miguel Alfonso era la voz en Inglés de Fidel Castro en los audífonos, traduciendo en vivo mientras Castro incendiaba el continente con su oratoria. "Eso fue cuando estábamos luchando contra los estadounidenses, los rusos, los chinos, los gobiernos latinoamericanos, y los trotskistas, todos al mismo tiempo... ¡era terrible!". Miguel alzo los brazos, como diciendo -¿qué se puede hacer?-, y sonrió. Estos días del siglo 21, donde casi toda Latinoamérica se ha pasado a la izquierda, bajo el mando de una generación que respeta profundamente a Fidel, han constituido un avance, un triunfo y una validación masivos.
"Donde quiera que voy en el mundo, incluidos los EEUU, puedo ver el impacto instantáneo, el respeto que inspiran las cuatro letras que lleva mi nombre...C...U...B...A... ¡y eso es gracias a Fidel y a la Revolución !, nos decía Miguel con frecuencia. Miguel había vivido la diferencia entre la Cuba pre y post revolucionaria, había conocido la diferencia de actitud hacia los cubanos, viajando dentro de los EEUU como un niño de 14 años, y como adulto tras el advenimiento de Fidel. Absolutamente crítico, y jamás conocido por adulador, Miguel me hizo uno de los cumplidos más preciados de mi vida. Expresó que en mi ensayo para el Granma yo "había mirado profundamente dentro del Che, y había guardado con él, una copia con anotaciones de mi libro de Fidel, maravillado de cómo alguien que nunca había visitado Cuba había "captado la esencia del pensamiento de Fidel; su dimensión ética y moral". La traducción de mi libro al español se había demorado además, porque Miguel quería trabajar personalmente en ella, por no querer confiar en nadie más los segmentos políticos y filosóficos, y sus incansables viajes en nombre de Cuba nunca le dieron los tres meses que dijo necesitar para la tarea.
Citaba a Fidel a menudo, orgulloso de la sabiduría y capacidad de predicción de su líder, y algunas veces intercambiábamos citas, donde yo terminaba lo que él empezaba. Miguel decía que para la teoría marxista, el problema contemporáneo más importante es re conceptualizar la noción leninista de la auto determinación, en este periodo de la historia, donde, en las palabras de Fidel de los años 1986-87, la revolución socialista no está más en el programa, y la tarea fundamental es la defensa de la independencia nacional y la soberanía del estado. Cuando tuvo lugar el episodio de Felipe Pérez Roque y Carlos Lage, triste y confundido, Miguel se tomó el trabajo de venir personalmente a nuestra residencia, y mostrándonos algunas páginas dobladas, explicó lo sucedido, apreciando mucho mi fe en Fidel.
Miguel fue entrenador de gladiadores, los mejores luchadores diplomáticos en la arena mundial. Él ha entrenado generaciones de diplomáticos cubanos que representan insuperablemente a su país por todo el mundo, combinando el idealismo, la energía incansable, y el profesionalismo. Profesor de Mérito en Derecho Internacional, experto en las Naciones Unidas y los Derechos Humanos, era toda una leyenda en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales, la academia superior de entrenamiento diplomático en Cuba.
Miguel participó en una jugada estratégica que ha producido grandes victorias políticas cada año; la votación anual en la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde mayorías de 3 cifras, siempre en incremento, se levantan en contra del bloqueo económico estadounidense. Aunque no pudo estar en Ginebra durante el 11vo período Especial de Sesiones del Consejo para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en Sri Lanka, Miguel lo siguió ávida y ansiosamente desde La Habana, en contacto permanente conmigo, el embajador cubano Juan Antonio, y el embajador de Sri Lanka, Kunanayakam. Más tarde, cuando todo acabó, Juan, nuestro socio y aliado en la lucha, se acercó a mí en el espléndido salón de la asamblea, con un mensaje que había recibido de Miguel, quien consideraba que la exitosa respuesta de Sri Lanka, movilizando a los no alineados y sus amigos, en contra de oponentes formidables, era algo que le gustaría convertir en un módulo de enseñanza. Él lo consideró un modelo táctico.
Simultáneamente un patriota cubano, un revolucionario y un gran internacionalista, Miguel Alfonso era de un patriotismo y un antiimperialismo que pocos en la Sri Lanka de hoy podrían entender, aunque con el padre que yo tuve, y mi propia crianza y conciencia, lo asimilamos de manera fácil, natural. Influenciado por la cultura y modernidad occidentales, el antiimperialismo de Miguel nunca fue anti americano o anti occidental. El primer libro que se leyó en ingles cuando niño, fue El Halcón Maltés, de Dashiell Hammett, y luego, en 1960, como diplomático en Nueva York, se movía entre los intelectuales y artistas no conformistas de esa ciudad. Era amigo de la madre de la bella Mary Travers, del trío de música folklórica Peter, Paul and Mary. Casado con Portia, una judía intelectual de New York, y antigua activista, quien trabaja como corresponsal de Cuba para una de las cadenas televisivas principales de los EEUU, Miguel tiene 4 hijos, 2 hijas de un matrimonio anterior, (una de ellas colega académica), y dos hijos, uno de los cuales estaba investigando la vida de los kibutz en Israel, hecho que asombro a un cabildero sionista acérrimo en el Comité de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que había apodado a Miguel "Mefistófeles", debido a su postura y tácticas pro Palestinas (pero de ningún modo anti semitas). Estaba complacido y cautelosamente optimista con la victoria de Obama.
Crítica y cínicamente admirador de la cultura, entorno social y estilo de vida de la "sólida, vieja burguesía", más a gusto en los cafés bohemios de Europa y los EEUU, Miguel se involucró en la Guerra de guerrillas contra la hegemonía occidental en su propio territorio, desafiándola desde dentro de su cultura, civilización y normas de universalidad.
Conocedor, seguro de si mismo, e inconteniblemente pícaro, disfrutaba la contienda con la única súper potencia mundial (pero obtenía el mayor placer burlándose de su ex colonial primo tras-Atlántico).
Constantemente tarareando el clásico de Sinatra, "Dancing Cheek to Cheek" (Bailando Mejilla con Mejilla), también interpretado por Fred Astaire, Ella Fitzgerald y Louis Armstrong, él pondría voz a su propia modificación de la estrofa inicial, cada vez que el embajador estadounidense lo pudiera escuchar. De manera que en lugar de "Heaven,I´m in Heaven" (Cielo, estoy en el Cielo), allí estaba el ancho, voluminoso Profesor de Mérito con cola de caballo, Miguel Alfonso, con sus ojos brillando tras gruesos espejuelos, cantando en voz baja, pero perceptible, "trouble, I´m in trouble" (problemas, estoy en problemas...)mientras cojeaba en la cola del buffet, detrás del representante permanente de los EEUU, un texano estirado y parsimonioso, multibillonario y designado por George Bush.
"Yo soy fruto del pensamiento occidental", declaró Miguel sin tono apologético y sin ambigüedad, en la casa del Profesor Jean Ziegler, en una íntima cena de despedida para nosotros. Sanja dijo que no me había visto tan a gusto y en casa en mucho tiempo. No era solo el lugar, el entorno (la cabaña atiborrada de libros y pinturas de Jean, en un pueblito suizo-francés, con vista a un viñedo), sino también, la comunidad de amigos con intereses políticos y culturales comunes, Miguel, Jean y señora, y el embajador de Venezuela.
Edward Said, escribiendo acerca de CLR James, ubica perfectamente el espacio que ocupaba Miguel: "No tiene sentido el trabajo de hombres, que se ubican fuera de la tradición cultural occidental, no importa cuanto ellos se vean a si mismos articulando la experiencia adversa de los pueblos coloniales y/o no occidentales...De hecho vale la pena tomar nota de que...James representaba tercamente la herencia occidental, a la vez que pertene a los movimientos insurreccionales antiimperialistas, que compartiera con Fannon, Cabral y Rodney." (Said: ‘El Viaje Adentro')
El dolor era el compañero permanente de Miguel, una vieja lesión que lo hacía cojear, su rodilla le dolía terriblemente. Aún así se exigía muchísimo, manteniendo un itinerario internacional que era un castigo, parte sensei, parte Merlín el mago, cuando y donde pudiera estar al servicio de la Revolución Cubana, en el campo de batalla de la arena mundial de las ideas. Escribe tu autobiografía, siempre le dije. Seguro, me respondía, ya tenía el título: "Memorias de un Amnésico". Lo entendí: nunca llegaría más allá de eso. Una caída en el baño, invalidez temporal y parcial, y luego cáncer de próstata, sin embargo, con la muerte, eludió su temor no manifiesto y aún así perceptible de un destino peor: vivir en un mundo sin Fidel.
[Dr. Dayan Jayatilleka, autor de La Ética de Violencia de Fidel: La Dimensión Moral del Pensamiento Político de Fidel Castro (Pluto Press) y antiguo Representante Permanente de Sri Lanka ante las Naciones Unidas en Ginebra, pronto asumirá un puesto como Principal Investigador Visitante Asociado en el Instituto de Estudios Sur Asiáticos, de la Universidad Nacional de Singapur.)
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Me ha estremecido conocer del fallecimiento de Migtuelito Alfonso. Cuba pierde a uno de sus mas eminentes especialistas en cuestiones de derehco y de diplomacia.