Epidemia destructiva
El consumo de fármacos y opiáceos en Estados Unidos se ha incrementado de manera sustancial en los últimos años y se ha convertido en un problema que de nuevo impacta de manera dramática entre los jóvenes, afirman los especialistas. (Fuente: agencia EFE)
Guillermo Tell
Para el doctor Marc Romano, director asistente del centro de rehabilitación Ocean Breeze Recovery, en Pompano Beach (Florida), este fenómeno alcanza ya el grado de “epidemia” y “ha tomado” sobre todo a la generación de los “millennials”, es decir aquellos jóvenes nacidos en las dos últimas décadas del siglo pasado.
Su alarmante evaluación fue confirmada este mes por un informe del Instituto Nacional de Salud según el cual la prescripción sin fines médicos de opioides aumentó más del doble en los últimos 10 años, y entre 2012 y 2013 casi 10 millones de adultos en el país uso medicamentos como OxyContin y Vicodin de una forma contraria los que fueron proscritos.
En opinión del especialista muchos “empiezan de manera recreacional en la secundaria” y luego desarrollan una adicción, cuyas señales más claras son la pérdida de trabajo o de los estudios, cambios de ánimo, irritabilidad, sueños profundos o problemas con familiares y amigos.
Señaló con énfasis sobre el caso de los jóvenes “millennials” que “tienden a fumar más marihuana y beber más alcohol y combinar eso con opiáceos” lo que incrementa el riesgo de sobredosis.
Con semejante niveles de demandas de mercado, y sin referirnos al de otros estupefacientes más conocidos, el flagelo del narcotráfico, que destruye vidas de nuevas generaciones, seguirá asolando a falta de ponerle coto en los destinos que alientan a este condenable comercio ilícito.
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¡Por favor! Después de 55 años leyendo, viendo y oyendo lo mismo, los cubanos estamos plenamente convencidos de que los Estados Unidos de América, “es lo peor del mundo”. Se debía cambiar el rumbo. Hay otros países que no son todo lo buenos que podamos imaginar, tan imperialistas y tan corruptos, o parecidos a Estados Unidos de América. Estadounidenses los hay muy buenos, que simpatizan con la revolución cubana, que nos apoyan, que se solidarizan con lo que tenemos, y son como mucho cubanos, trabajadores, estudiantes, escritores, intelectuales, periodistas, “gente de a pie” también, de los que hacen cualquier sacrificio por visitarnos, que no deben sentirse muy bien cuando leen en un medio digital cubano, lo mucho que se dice de malo del país que seguramente aman. A nosotros mucho nos duele que nos tiren piedras a nuestro techo de vidrio, porque lo tenemos, y lo que no nos gusta para nosotros no lo empleemos contra otros.