Matanza de My Lai, 55 años después: Un crimen sin castigo

Aviones del ejército estadounidense rocían la selva vietnamitas con el Agente Naranja en septiembre de 1965. Foto: Cordon Press.
La mañana empezaba como otra cualquiera en My Lai, en la provincia vietnamita de Quang Ngai, el 16 de marzo de 1968. Todo parecía normal excepto por el ruido de los rotores de los helicópteros norteamericanos que se iban acercando a la pequeña aldea donde sus habitantes se disponían a desayunar.
El ejército norteamericano estaba convencido de que la zona en la que se ubicaba la pequeña aldea de My Lai era un bastión del vietcong, los guerrilleros vietnamitas a los cuales se estaban enfrentando y a los que aún no habían podido ver, y que allí tenían su base de operaciones. De pronto, y al grito de al grito de “Tudi maus”, todos los habitantes de la aldea fueron obligados por los soldados norteamericanos a salir de sus casas mientras los apuntaban con sus metralletas. No sabían que sus vidas estaban a punto de terminar.
Un error de “inteligencia”
La provincia de Quang Ngai, no solamente había sido un objetivo habitual de los bombardeos estadounidenses, sino que estuvo sometida a continuos ataques con el letal Agente Naranja, un herbicida utilizado por el ejército estadounidense como parte de su programa de la guerra química en la llamada Operación Ranch Hand durante la guerra de Vietnam.
Durante el mes de marzo de 1968, la 11ª Brigada de Infantería de la División America, conocida como Compañía Charlie, fue advertida de que guerrilleros del 48ª batallón del vietcong habían tomado el control del pueblo de Son My (del que formaba parte la aldea de My Lai). Rápidamente la Compañía Charlie se trasladó al área el 16 de marzo con una única misión: buscar y destruir al enemigo.
Los servicios de inteligencia norteamericanos sugirieron que el 48º Batallón del vietcong se había refugiado en el área de My Lai, pero lo que desconocían es que esa unidad en realidad se encontraba en las tierras altas de la región, a más de 65 kilómetros de la zona de aterrizaje de los helicópteros. El día anterior, el comandante de la Compañía Charlie, el capitán Ernest Medina, comunicó a sus hombres que finalmente se verían las caras con los escurridizos vietcongque los había estado esquivando durante más de un mes.
Creyendo que los civiles ya habían abandonado el área hacia la ciudad de Quang Ngai (que tiene el mismo nombre que la provincia), Medina ordenó que cualquier persona que se encontrara en My Lai fuera tratada como un combatiente o simpatizante del vietcong, por lo cual los soldados eran libres de disparar contra quien se encontraran. Aparte de “matar a todo lo que vieran”, se les ordenó que destruyeran todos los cultivos, quemaran las casas y acabaran con el ganado.
Se desata el terror

Matanza de My Lai, un crimen sin castigo. Foto: Cordon Press.
El oficial al mando de la operación era el teniente William Calley, quien poco antes de las 7:30 de la mañana ordenó bombaradear la zona de Son My para despejar el área de aterrizaje de los helicópteros y forzar a los habitantes de las aldeas circundantes a abandonar el lugar. Pero el efecto fue el contrario, y bajo una lluvia de bombas los habitantes se refugiaron en su cabañas.
Creyendo que la zona ya estaba “asegurada”, la Compañía Charlie se dispuso a avanzar adentrándose en el área de Xom Lang, marcada en los mapas militares norteamericanos como My Lai. Sorprendidos, los soldados se encontraron con una aldea llena de mujeres, ancianos y niños, y no había ni rastro de guerrilleros vietcong. Tras registrar el pueblo y comprobar que los habitantes solo tenían escondidas algunas armas, Calley ordenó a sus hombres que sacaran a toda la gente de las cabañas y empezaran a disparar.
Existen multitud de testimonios de quienes sobrevivieron a aquel aciago día. Muchos de ellos los ha recogido Christian G. Appy en su libro La guerra de Vietnam: una historia oral. Uno de ellos es el de Pham Thi Thuan, de 30 años, que llevaba en brazos a su hija de tres: “...Cuando las metralletas callaron, algunas personas se levantaron. Yo vi a mi padre. Quise decirle que se tumbara, que no se moviera, pero tuve miedo y me callé. Le vi caer en la segunda ráfaga, y aún hubo una tercera. Yo seguía allí doblada, apretando a mi hija, que temía que se hubiera ahogado. Al rato, cuando ya no se oía nada, fui apartando los cuerpos para salir. Dos mujeres que también remontaron la zanja fueron vistas por los soldados que aún quedaban. Las persiguieron y las mataron. A nosotras no nos vieron”. Al finalizar la matanza tan solo hubo una veintena de supervivientes y al finalizar la guerra, en 1975, algunos volvieron para rehacer sus vidas.
Fotografías incriminatorias
Entre los testigos de lo que ocurrió en My Lai estaba el sargento Ron Haeberle, un fotógrafo que iba “incrustado” en la Compañía Charlie. Haeberle estaba encargado de documentar la misión y para ello usó carretes en blanco y negro en los que debía plasmar los registros y los interrogatorios a la población, que era lo que le había encargado el ejército estadounidense. Pero lo que no sabían los mandos militares es que Haeberle también hizo fotos en color con su cámara personal, que nunca fueron entregadas al ejército y que se publicarían más tarde en el periódico Cleveland Plain Dealer y en la revista Life.
En dichas imágenes podía verse un reguero de cadáveres, y a un grupo de mujeres y niños aterrorizados momentos antes de que les mataran. Estas instantáneas, algunas de las cuales se convertirían en imágenes icónicas del conflicto, causaron conmoción en Estados Unidos y sirvieron para reavivar los movimientos contra la guerra de Vietnam en el país.
Tras más de una hora de tiroteo indiscriminado, que se cobró 504 víctimas, el suboficial Hugh Thompson, que sobrevolaba la zona en misión de reconocimiento, aterrizó su helicóptero entre los soldados que aún estaban disparando y los aldeanos que trataban de huir. Thompson, horrorizado, amenazó a sus compatriotas con abrir fuego si continuaban los ataques: “Seguimos volando de un lado a otro… y no pasó mucho tiempo hasta que comenzamos a notar la gran cantidad de cuerpos en todas partes. Dondequiera que miráramos, veíamos cuerpos. Eran bebés, niños de dos, tres, cuatro, cinco años, mujeres, hombres muy mayores; ninguna persona en edad de reclutamiento”, afirmaría Thompson en una conferencia sobre My Lai celebrada en la Universidad de Tulane muchos años después, en 1994.
Thompson y su tripulación trasladaron en helicóptero a los aldeanos supervivientes para que recibieran atención médica y en 1998, él y otros dos miembros de su tripulación recibieron la Medalla del Soldado (una condecoración que el ejército de Estados Unidos otorga por actuaciones consideradas heroicas, pero que no comportan contacto directo con el enemigo).

Matanza de My Lai, un crimen sin castigo. Foto: Cordon Press.

Matanza de My Lai, un crimen sin castigo. Foto: Cordon Press.
(Tomado de National Geographic)
- “Lenin en la época más feroz del imperialismo”, por Néstor Kohan
- De Moscú a La Habana: el dominio mediático y el desafío del Sur Global en el frente invisible de la ofensiva globalista
- Modelos gigantes chinos de IA logran uso global generalizado
- Crudo cubano: ¿Es posible depender menos de las importaciones con nuestros propios recursos?
- Milagro en el fuego (+ Video y Audio)
- ir aEspeciales »

Espeluznante , la historia se repite una y otra vez
Sin castigo este crimen y millones de otros cometidos por el gendarme internacional, o sea el gobierno de los EE.UU.