Ultrajante
Así catalogó Barack Obama el actuar de los usureros del imperio. A cada día se destapan nuevas fechorías de los banqueros, que construyeron fortunas de ilusiones para tirar después a muchos desde los rascacielos de las pérdidas.
Primas bochornosas
En medio de la profundización de la crisis que ha acabado con más de 4 millones de empleos, se ha revelado que las empresas de Wall Street pagaron en el 2008 más de 18 mil millones de dólares en primas.
A los banqueros poco le importa que el Estado haya tenido que sacarle a los contribuyentes más de 700 mil millones de dólares para intentar rescatar las instituciones financieras y la economía o que el nuevo gobierno haya obtenido del Congreso otros 700 mil millones con el mismo fin.
Escandalizado, el presidente Obama declaró recientemente: "Cuando ví un artículo en el que se señalaba que los banqueros de Wall Street se otorgaron a só mismos 20 mil millones de dólares ebn primas, la misma cifra de 2004, en momentos en que la mayoría de estas instituciones estaban al borde del colapso y pedían a los contribuyentes que los ayudaran, y cuando estos se encontraron en la difícil situación de que si no daban su ayda, la totalidad del sistema se desmonoronaría sobre sus cabezas, ese es el colmo de la ireesponsabilidad, Es vergonzazo "
Una mirada a las finanzas de los ejecutivos que condujeron al descalabro de las grandes entidades financieras dan fe del desparpajo: Richard Fuld, director ejecutivo del colapsado banco de inversiones Lehman Brothers, cobró desde el 2000 unos 500 millones de dólares en salarios y bonos. Fuld posee una casa de 14 millones de dólares en La Florida y otra repleta de obras de arte en Idaho.
John Tain, el último presidente del absorbido Merrill Lynch, se embolsó unas regalías de 15 millones de dólares en apenas nueve meses de trabajo, pues había sido nombrado en su puesto a principios del 2008. Su antecesor, Stan O´Neal se retiró con una dádiva de 161 millones de dólares, después que la entidad que dirigía admitiera pérdidas por 8 mil millones de dólares.
Vikram S. Pandit, el jefe ejecutivo de Citigroup, el mayor ente bancario norteamericano hasta 2008 y que fue beneficiado con fondos públicos del paquete de salvamento tras un año de multimillonarias pérdidas, recibió una compensación de 38.2 millones de dólares; Kerry Killinger y Alan Fisherman, del quebrado Washington Mutual, recibieron 44 y 19 millones respectivamente; Ken Thompson, del desaparecido Wachovia, se embolsó un despido de 42 millones y James Cayne, del quebrado Bearn Stearns, 13 millones. "Paracaidas dorados", le llamó la prensa y los ciudadanos a estos espléndidos retiros para quienes condujeron a la bancarrota al sistema financiero.
Un caso escandaloso
Lo de la aseguradora American International Group (AIG) es el colmo de la desvergüenza.
La gigante del seguro se vio obligada en el 2008 a pedir el rescate urgente del gobierno. Sus pérdidas vinculadas al negocio hipotecario fueron enormes. Sólo en el último trimestre del pasado año, la compañía reportó una pérdida de 61 700 millones de dólares, la mayor pérdida corporativa en la historia.
La Casa Blanca buscó evitar un desplome que hubiera afectado a millones de personas en todo el mundo y le concedió cuatro sucesivos préstamo a AIG, por un monto total de 173 mil millones de dólares, quedándose con el 80 por ciento de la aseguradora.
Pero ni las brazas que consumían la compañía, ni el malestar de los contribuyentes que ven ir su dinero a manos de irresponsables, frenaron el descaro y la codicia de estos bankgster (gánster bancarios).
En medio del vendaval, y recién recibido el primer paquete de salvamento, los principales ejecutivos de AIG se fueron con sus esposas a un hotel de lujo en las playas de California a rumiar sus penas. El gasto que pagó la compañía por la aventura de fin de semana ascendió a más de 400 mil dólares.
Ahora, AIG acaba de pagarle a sus ejecutivos y el personal del área financiera 218 millones de dólares en bonos y otras prebendas por sus servicios en el 2008, pese a las enormes pérdidas de la aseguradora. El tema se ha convertido en un escándalo nacional que ha puesto contra la pared al gobierno y ha movilizado a los medios y la opinión pública. La cólera popular es creciente en una nación donde millones de personas han quedado desempleadas y donde la brecha de los ingresos se acrecienta; un estudio de 2007 demostró que la remuneración media de un alto cargo empresarial era 411 veces más alta que la de un asalariado medio.
El Consejero Económico Nacional de la Casa Blanca, Larry Summer, calificó los pagos como escandalosos, durante una entrevista para el programa "This Week", de la cadena televisiva ABC, y clamó por regulaciones futuras sobre el pago de primas. "Hay una buene cantidad de cosas terribles que han sucedido en los últimos 18 meses, pero lo ocurrido en AIG es lo más escandaloso", señaló.
El argumento de AIG y otras firmas para defenderse de las numerosas críticas es que esos altos incentivos son la única forma de "retener el talento". La respuesta de Barney Frank, el demócrata que encabeza el Comité de Finanzas de la Cámara, fue ríspida: "¿Talento que se va? ¡Buena idea! Yo no lo quiero después de lo que han hecho".
El Presidente Obama ha reclamado que los ejecutivos beneficiados devuelvan el dinero. El Congreso no ha tenido más remedio que actuar ante el escándalo y ha aprobado en la Cámara de Representantes un proyecto de ley que grava en un 90 por ciento las primas que reciban los asalariados cuya remuneración supere los 250 000 dólares anuales, en las empresas que reciban fondos del Estado. El Senado también considera un proyecto de sanción fiscal, pero que sólo llegaría al 35 por ciento.
La medida ha causado estupor en el mundo de los negocios y gigantes como el Citigroup, beneficiarios de fondos públicos, anuncian que discutirán con el Congreso. Mientras tanto AIG, de manera sigilosa, presentó hace un mes una demanda en los tribunales contra el Gobierno estadounidense para obtener la devolución de más de 300 millones de dólares en impuestos. Los costos legales de la demanda se paga con dinero de los contribuyentes, según informó el diario 'The New York Times ¡Qué clase de cara!
Sí pero No
Tales fechorías no son prácticas únicamente en Estados Unidos. Varios gobiernos europeos se han quejado del mismo fenómeno, presionados por su opinión pública. La cruzada contra los bonos comienza a coger fuerza por doquier.
Lo que es ingenuo creer, como señalan en su discurso los políticos, que la crisis es resultado únicamente de los manejos corruptos de los banqueros y la falta de regulación. Las causas son más profundas y apuntan a sus sistema carente de moral, de límites al individualismo feroz y a la codicia, injusto por esencia y excluyente. "Socialismo o barbarie", sigue siendo la disyuntiva para la especie humana.


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