SE PONE MÁS OSCURO EL ESPIONAJE YANKY
La sorpresiva nominación el pasado jueves del siniestro John Dimitri Negroponte como candidato al puesto de Director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos ilustra cuán oscuro y agresivo será el camino de W. Bush en su intento de llevar hasta el final sus propósitos globales de dominación y sojuzgamiento.
Si lo aprueba el Congreso, como todo apunta, Negroponte será el primer titular de ese cargo, creado como resultado de las recomendaciones que hizo la Comisión Investigadora de los atentados del 11 de septiembre de 2001, la cual criticó duramente el papel de los órganos de inteligencia norteamericanos y, sobre todo, la falta de coordinación entre ellos.
Así, el hasta ahora procónsul en Irak, de 65 años de edad, se convertirá en el superzar del espionaje estadounidense, que supervisará y coordinará el trabajo de 15 agencias de inteligencia como la CIA, el FBI, la Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA) y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y dispondrá de un presupuesto de 40 000 millones de dólares para repartir entre los organismos de inteligencia y seguridad.
No está claro cómo serán las relaciones del nuevo Director de Inteligencia con el Pentágono -ya se sabe la obsesión de Rumsfeld por tener su propio aparato de inteligencia- y la Secretaría de Seguridad Interna, pero sí se sabe que, sin tener rango de miembro del gabinete, tendrá acceso directo y permanente al Presidente, a quien brindará informe diarios de inteligencia.
Hijo de un magnate griego, nacido en Londres y criado en Gran Bretaña, Suiza y Estados Unidos, donde se graduó en la Universidad de Yale, Negroponte llega al sórdido mundo del espionaje con toda la historia de masacres, napalm y política de tierra arrasada aplicada por los norteamericanos en Viet Nam, donde fue consejero político de la Embajada en la antigua Saigón entre 1964 y 1968; viene también con todo el arsenal de violencia implacable, desaparecidos, escuadrones de la muerte y ejecuciones extrajudiciales de la guerra sucia aplicada por el gobierno de Reagan en Centroamérica en la década del 80. John Dimitri Negroponte fue embajador en Honduras de 1981 a 1985, durante la época del asesinato de más de 300 opositores, de la creación del Batallón 316, fuerza paramilitar famosa por sus crímenes, de la apertura de la Base de Aguacate, centro de detención y tortura, donde la CIA y el Pentágono entrenaron a la contra nicaragüense, y del escándalo Irán-Contras, en el que fue una pieza clave al canalizar a través de Honduras fondos para las bandas antisandinistas en momentos en que ello estaba prohibido por el Congreso estadounidense.
Refiriéndose a este último hecho, Ray MacGovern, analista de la CIA entre 1963 y 1990, señaló: "Si mientes al Congreso y al pueblo estadounidense, entonces no eres el tipo de persona que debería liderear el aparato de inteligencia del país". Y añadió: "Gente como Negroponte sólo no spodría conducir a otra guerra, por ejemplo en Irán"
El futuro jefe de la IND fue también el Embajador norteamericano en la ONU cuando ese organismo bendijo la guerra en Afganistán y después, cuando fue ignorado ante el deseo norteamericano de invadir Irak. Negroponte le mintió a la ONU, como sus jefes, sobre los pretextos para la guerra y presionó a los embajadores de México y Chile para que apoyaran a la Casa Blanca en su propósito de internacionalizar la aventura iraquí. Hay que recordar los sistemas de escuchas que fueron instalados en las oficinas de los representantes de los países del Consejo de Seguridad renuentes a apoyar a Estados Unidos.
Ningún método o medio sucio le queda por aprender. Posee suficientes avales para manejar la comunidad de inteligencia a los oscuros antojos de una administración empeñada en derribar "tiranías", eliminar líderes extranjeros, torturar presos, desaparecer detenidos.
Un ejemplo de lo que el mundo pudiera ver venir de ahora en adelante lo revelaba la revista Newsweek hace poco más de un mes, cuando Negroponte era embajador en Irak: Estados Unidos se proponía aplicar en el país árabe los mismos métodos de la guerra sucia en Centroamérica, incluyendo los escuadrones de la muerte, ante el avance irrefrenable de la resistencia iraquí.
Ya las torturas de Abu Graihb, la matanza de Fallujah, el asesinato a mansalva de civiles y el secuestro sospechoso de extranjeros han hecho recordar las imágenes macabras de esta parte del mundo en la década del 80.
Negroponte se une así en duo siniestro a Porter Goss, el nuevo director de la CIA, quien por la década de los 60 fuera oficial de la Agencia para Cuba en los tiempos del terrorismo y los intentos de maginicidio del Plan Mangosta.
Goss acaba de declarar ante el Senado que Cuba, Venezuela, Colombia, Haití y México son una preocupación para Estados Unidos por su inestabilidad. El jefe de la CIA mostró su creciente preocupación por las diversas elecciones presidenciales del 2006 en Brasil, Colombia, Ecuador, México, Nicaragua, Perú y Venezuela, con pronósticos adversos para los intereses del imperio. Una nueva voz que alerta sobre el traspatio rebelde frente al que hay que actuar.
Negroponte y Goss, como Abrams (otro veterano de la guerra sucia ahora fungiendo como Viceconsejero Nacional de Seguridad Nacional) representan la vuelta al pasado más vergonzozo y nefasto del imperio. Con ellos el espionaje y la seguridad estadounidense se convierten en armas aún más peligrosas. Bush ha vuelto a las cavernas para blandir el garrote frente al mundo.


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