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¿Cheque en blanco para Bush?

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El presidente George W. Bush inicia un segundo mandato con el aval de haber conseguido esta vez el voto popular, y la preocupación de muchos de que crea tener un cheque en blanco entre manos.
   Hay quienes aún no se recuperan del "shock" provocado por la reelección del republicano y vuelven a preguntarse por qué los estadounidenses eligieron a un presidente que tiene en su haber tantas políticas erradas.
   En su primera conferencia de prensa tras los comicios Bush dibujó el futuro en claros términos de inversión política, "que me propongo gastar", subrayó.
   No basta creer que John Kerry fue un candidato sin carisma, aunque  dejó bastante terreno a su rival y en muchos de los asuntos de contienda nunca se separó de fondo de las posiciones del mandatario.
   Más que todo estas fueron las primeras elecciones tras los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001, cuyas secuelas marcaron a todo el planeta y a la sociedad estadounidense en particular.
   Esos repudiables hechos vinieron como anillo al dedo a W. Bush, quien por aquellos días merecía uno de los más altos "raiting" de desaprobación ciudadana.
   Después del 11/9 el presidente recibió como reacción un inmenso aval de soporte ciudadano, estimulado tanto por el patriotismo natural de los estadounidenses como por el patrioterismo estimulado desde la Casa Blanca.
   Fue aquel momento decisivo el que sirvió de pretexto para implementar una serie de políticas que engloban a toda una visión unilateral del mundo, predestinado a ser dirigido por Estados Unidos.  
   Bush lanzó entonces la doctrina del ataque preventivo por la cual lleva dos guerras a su cuenta. En el plano interno, entretanto, el grupo que detenta el poder acrecentó el control ciudadano, cercenó libertades y tachó de "antipatriotas" a los opositores a la Casa Blanca.
   El presidente gastó y malgastó el apoyo popular conseguido con el derrumbe de las Torres Gemelas, pero nunca como antes el Partido Demócrata se mostró tan incapaz de capitalizar el descontento y marcar la diferencia con los republicanos.
   Así se llegó a las elecciones, en medio de una atmósfera atizada por alarmas antiterroristas, controles fronterizos, mayor xenofobia y una especie de adormecimiento esparcido bajo el paraguas de la seguridad por la probada maquinaria electoral, política e ideológica republicana.
   El mandatario sacó lascas electorales al 11 de septiembre, incluso con Osama bin Laden emitiendo esporádicos y "oportunos" videos amenazantes.   
   Esta vez el crecimiento demográfico en Estados Unidos contribuyó a que Bush fuera el candidato presidencial más votado en la historia de ese país, con poco más de 59 millones de sufragios.
  Pero también esa coyuntura, más las preocupaciones de buena parte del electorado, le confieren el "honor" de recibir la mayor votación en contra, con casi 56 millones de papeletas otorgadas a John Kerry.
   A sólo unos días de la reelección grupos religiosos de Los Ángeles se unieron para rechazar la guerra impulsada por el presidente y abogar por la justicia social.
   El encuentro también expresó preocupaciones por la orientación religiosa inducida desde la Casa Blanca, a despecho de los diversos pueblos y creencias religiosas que conforman el mosaico cultural estadounidense.
   Según diveras fuentes, en el triunfo electoral del mandatario fue clave la movilización de sectores religiosos de creciente orientación a la derecha, en particular evangélicos y "renacidos espirituales", entre los que se cuenta el propio Bush.
   En la reunión de Los Ángeles participó Comunidades Interreligiosas Unidas por la Justicia y la Paz (ICUJP), coalición que se opone al uso del lenguaje religioso en el gobierno y considera anticristiana la guerra contra Iraq.
   Bush gusta de hacer referencias bíblicas para justificar actos de gobierno y públicamente hace declaraciones acerca de su fe, mientras en el plano exterior su cruzada antiterrorista es vista como una guerra de culturas y religiones.
   La ICUJP se constituyó tras los atentados terroristas del 11/9 y se opone a la alegada guerra contra el terrorismo, que afirma erosiona los derechos civiles de los estadounidenses.
   La coalición propuso en su momento un diálogo de entendimiento entre grupos religiosos, pero los que apoyan a Bush condicionaron cualquíer vínculo al apoyo sin cortapisas al mandatario.
   No es raro que la Casa Blanca haya destinado fondos de los contribuyentes para financiar a organizaciones religiosas afines, bajo el supuesto de contribuir a financiar actividades de caridad.
   El jefe de la Casa Blanca se autodefine como un "conservador compasivo", aunque quizás sea visto con tintes satánicos por las madres, hijos y familiares de los miles de civiles muertos en Iraq, o las más de mil 100 bajas fatales del Pentágono en el país árabe.
   Ahora fue enfático en que mantendrá el rumbo de sus políticas, lo cual, además de previsible, es una mala noticia para quienes votaron contra la guerra y la intolerancia anunciada para los próximos cuatro años.
   Bush se dispone a gastar caudal político, pero creer que tiene un cheque en blanco será como olvidar que el 48 por ciento de los electores votó en su contra, todo un capital a tomar en cuenta.

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Orlando Oramas León

Orlando Oramas León

Periodista cubano, subdirector del diario Granma.