¿Sindrome Bush de la derrota?
Prensa Latina
George Bush había sido vicepresidente durante ambos períodos de Ronald Reagan y luego le sucedió al frente de la Casa Blanca. Pero no pudo reeditarse en el cargo, a pesar del desfile de victoria de las tropas que envió a la llamada Guerra del Golfo.
El éxito en aquella intervención bélica, ganada con la supremacía tecnológica y el poder mortífero de las armas allí estrenadas, no fue suficiente para ganar el voto de los estadounidenses.
Los problemas económicos, el déficit fiscal y un desempleo que rondaba el 10 por ciento, dieron al traste con la ambición de repetir su mandato.
Aquel descalabro queda en la mente de los republicanos. Sobre todo ahora que el heredero, el actual presidente George W. Bush, intenta otros cuatro años en la Casa Blanca y las encuestas de estos días lo declaran perdedor ante el aspirante demócrata John Kerry.
La preocupación es evidente en el Congreso. La mayoría republicana comienza a dar señales de nerviosismo por las dificultades del gobierno en Afganistán e Iraq, donde suman cerca de 700 los norteamericanos muertos, mientras la inseguridad sigue prevaleciendo en esos países.
El gobierno ha logrado mediante la censura, intimidación y un falso patrioterismo que cada vez pierde más pegada, silenciar el efecto del regreso de los estadounidenses muertos en el seno de sus familias y comunidades.
Pero como quiera que la Administración pretende mantenerse en Iraq más allá del formal traspaso del poder, ello implica que en el momento más álgido de la campaña electoral norteamericana las tropas del Pentágono continuarían en el colimador de la resistencia iraquí.
Hasta el periodista conservador Robert Novak, quien se ha beneficiado en su columna del diario The Washington Post de sus estrechos nexos con el partido de gobierno, advierte del "malestar" prevaleciente entre los aliados y soportes de Bush en el Capitolio.
"El deterioro de la credibilidad de los republicanos entre sus propias bases respecto al déficit de las finanzas públicas, sumado a los malos resultados en las encuestas sobre intención de voto por el presidente Bush, generan una gran ansiedad entre nuestros electores", explicó por su parte Tom Feeney, legislador republicano por Florida.
Tal situación fue corroborada por un reciente sondeo de la televisotra CNN y el diario USA Today, según el cual John Kerry derrotaría a Bush por 52 por ciento de los votos contra 44, si las elecciones de noviembre próximo tuvieran lugar hoy.
Tales resultados coinciden con la baja de la popularidad del presidente, que por primera vez si situó por debajo del 50 por ciento, luego de tener alrededor del 82 por ciento de apoyo tras los atentados del 11 de septiembre del 2001.
Feeney subraya el descontento e inquietud de los sectores conservadores frente a la explosión del déficit presupuestal y a la incapacidad de Bush de controlar los gastos estatales.
Luego de recibir una situación de superávit del gobierno de William Clinton, la actual Administración impuso record con un desbalance fiscal de 375 mil millones de dólares en el 2003.
Pero en este año electoral el déficit propuesto por la Casa Blanca será difícil de romper, con una cota de 521 mil millones de dólares, mientras las reducciones impositivas que Bush consiguió del Congreso tampoco cumplieron las promesas de mover la economía y generar empleos.
Resulta llamativo que estados industriales como Ohio, Pensilvania y Misouri mantienen una baja tasa de creación de puestos laborales. Por el contrario, la tendencia es a reducir la empleomanía, en parte por la reorientación de la producción a terceros países, donde se pagan salarios más bajos.
Los legisladores republicanos temen que esos estados terminen decidiendo los resultados de la elección presidencial del 2 de noviembre.
"Para mis votantes, sufrimos una depresión y el presidente debe darles garantías...", según el senador republicano por Ohio, George Voinovich.
A ello se suman escándalos corporativos como el de los gigantes Enron, WorldCom y Halliburton, esta última vinculada al vicepresidente Ricard Cheney, también señalado por sus presiones a la CIA respecto a sostener la presencia de armas prohibidas en Iraq.
Otros asuntos también están en el tapete, incluido el de la seguridad, cuando las políticas de Washington han provocado, como nunca antes, el temor e inseguridad de los estadounidenses.
Cuando apenas quedan ocho meses para los comicios presidenciales, el horizonte no parece nada fácil para el Partido Republicano, por más que haya cerrado filas en torno al mandatario. El síndrome de la derrota ronda en algunas cabezas republicanas y el nerviosismo toca las puertas de la Casa Blanca.


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