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¿Geografía o geofagia?

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  Orlando Oramas, Periodista de Prensa Latina  

Que el presidente de los Estados Unidos no sea un intelectual, no es ningún delito. La condición de político no lleva implícito ese grado.
Pero si resulta imprescindible mucho más que un título universitario para gobernar la más poderosa potencia mundial, sobre todo cuando la Casa Blanca se adjudica la condición de juez y gendarme planetario.
Tampoco es condición "sine qua non" tener un rancho en Texas o ponerse un pantalón vaquero para ser un cowboy, aunque ello aluda al mandatario de un país que se anexó esas tierras por la vía de la violencia y el despojo.
Claro que eso es historia pasada y no es la intención de este texto revisar la línea limítrofe que divide a México de su vecino norteño, donde el pasado año murieron más de 400 mexicanos en el intento de alcanzar El Dorado supuesto.
Pero ello no quita responsabilidad al actual presidente George W. Bush, quien será recordado por encarnar las ambiciones territoriales y geopolíticas de la más poderosa potencia del orbe, así como por sus gazapos que, en tal empeño, han hecho historia.
Algunos son de carácter semántico, como cuando apeló al vocablo cruzada para justificar la política "preventiva" de atacar primero en nombre de, repito sus palabras, la "cruzada antiterrorista".
La poca ilustración le costó roces aún por reparar con el mundo árabe, incluidos varios países aliados de Washington, que aún recuerdan en su memoria histórica las invasiones, con la cruz por divisa, contra los llamados pueblos paganos.
Ya entonces, como ahora, la Tierra Santa era una zona en disputa. Y quizás nunca como hoy Israel ha tenido las manos libres para aplicar políticas de genocidio contra la población palestina en los territorios nunca desocupados.
Por aquella metedura de pata el entonces vocero de la Casa Blanca, Ari Fleischer, pidió disculpas y argumentó que la palabra inglesa tiene una connotación más amplia, quizás, digo, en el sentido globalizador con que Estados Unidos pretende acaparar el planeta.
Quizás la anécdota no fue la más "folclórica", sobre todo cuando recordamos a Bush llamar "grecios" a los griegos, "kosovarianos" a kosovares y confundir a Eslovenia con Eslovaquia.
Era la época en que el conflicto indio-paquistaní tenía a Washington en ascuas y solo atinó a decir que en "Islamabad gobernaba un general", sin sospechar que Pervez Mushararraf tendría un rol protagónico en su "cruzada" contra el Talibán y la red Al Qaeda.
El hijo de Bush padre reconoció que un año antes de los atentados terroristas contra Nueva York y Washington, es decir, cuando gobernaba en Texas, creía que los talibanes eran apenas una banda de rock.
"Lo quiero vivo o muerto" fue su frase lapidaria para ordenar la captura de Osama bin Laden, al más puro estilo hollywoodense de las películas del Oeste. Claro que en todas estas fallas hay una connotación geofágica, aunque no acompañada por un acervo cultural.
Si esto ocurre en el salón oval de la Casa Blanca, qué se puede pedir en otros niveles de la cadena de mando, a despecho de una nación cuyos aportes a la cultura, la ciencia, el arte y otras ramas del saber están a la vanguardia del desarrollo humano.
Es por ello la indignación de una amiga boliviana que en un correo me pone al tanto de otro "error" garrafal, cuyas intenciones no pueden ser atribuidas al presidente Bush, aunque sean consustanciales con su manifiesta forma de pensar y decidir.
David Norman debe vivir cómodamente gracias al "sueño americano" por el cual es capaz de firmar un libro para alumnos de sexto grado donde la geografía se convierte en mero pretexto para las apetencias usurpadoras de Estados Unidos.
Ese texto escolar, bajo el título didáctico de Introducción a la Geografía, contiene un mapa sobre la Amazonia acompañado de un pie de nota, página 76, donde se puede leer:
"Desde mediados de los años 80 la más importante floresta del mundo pasó a ser responsabilidad de los Estados Unidos y de las Naciones Unidas".
"Es llamado plan PRINFA (Primera Reserva Internacional de la Floresta Amazónica), y su formación se dio por el hecho de que la Amazonia está localizada en América del Sur, una de las regiones más pobres del mundo y cercada por países irresponsables, crueles y autoritarios".
Y la "burrada" no para ahí. El texto de Norman añade:
"Es parte de ocho países, diferentes y extraños, los cuales, en su mayoría, son reinos de la violencia, el tráfico de drogas, de la ignorancia, y de un pueblo sin inteligencia y primitivo".
Sus aseveraciones, por supuesto, desconocen la diversidad cultural, para no hablar de omisiones sobre políticas sociales en países concernidos como Venezuela y Brasil, cuyas orientaciones gubernamentales, incluso medioamientales, resultan alternativas al enfoque del autor.
Según David Norman, PRINFA es "una misión especial para nuestro país (Estados Unidos) y un presente para todo el mundo, visto que la posesión de estas tierras tan valiosas en las manos de pueblos y países tan primitivos condenarían los pulmones del mundo con la desaparición y total destrucción en pocos años".
Es difícil de pensar que no fue intencional por parte del especialista silenciar el papel de las transnacionales estadounidenses, voraces en cuanto a controlar la biodiversidad, convertida en mercancía.
Puede que sea apenas otro gazapo, en la misma línea de Bush, pero por el cual Estados Unidos se hace "responsable" de administrar las valiosas riquezas naturales de esa región latinoamericana.
A fin de cuentas, la geografía puede ser manipulada, cuando quien manda es el geófago.

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Orlando Oramas León

Orlando Oramas León

Periodista cubano, subdirector del diario Granma.