Evaluando a Cuba (I)
Manuel David Orrio
Parece más o menos sorprendente que en medio de tanta escritura mundial sobre el llamado "caso Cuba" como presunta violadora de derechos humanos, apenas se haya escrito una palabra sobre el hecho de que la tierra de José Martí apareció reportada en el Informe de Desarrollo Humano del 2003 en el lugar 52, para retornar así a la condición de país de alto desarrollo humano que exhibía en 1990, cuando clasificaba como la nación 39 del mundo en cuanto a su capacidad de dotar a sus habitantes de una existencia digna.
El conocido informe, elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD),es considerado tradicionalmente como una de las investigaciones más serias y completas sobre el verdadero estado de las naciones en cuanto a sus avances y retrocesos por un efectivo ejercicio de los derechos humanos, que a diez de últimas sólo son tales si se expresan como desarrollo integral de los ciudadanos de un país .
Se puede, desde tal o más cual ideología, criticar las respectivas organizaciones político-sociales de cualquier nación del mundo. Pero la pregunta que siempre ha de responderse es si, desde sus valores propios, son esos países capaces de garantizar a sus ciudadanos aquellos derechos básicos que para comenzar les permiten ser exactamente eso: ciudadanos.
Responder a esa pregunta en estos momentos invita a pensar en el hecho de que el mencionado informe ,entre otras terribles verdades, apunta que en el transcurso del pasado decenio más de 50 naciones vieron aumentar sus niveles de pobreza . Asimismo, el reporte del PNUD afirma que todo cuanto pueda hacerse para mejorar la situación dependerá de los compromisos "que han de contraer los países ricos para ayudar a los pobres ,que están emprendiendo de buena fe reformas económicas, políticas y sociales..un apoyo externo sostenido de nivel muy superior al actual es fundamental para avanzar en su desarrollo".
Entre las medidas en tal dirección mencionadas por el PNUD no sólo se encuentra el aumento del flujo de Ayuda Oficial al Desarrollo-bien disminuido, por cierto-sino que además se llama a suprimir las subvenciones a los agricultores de países desarrollados, rebajar aranceles a los países pobres y en general propender a la creación de iguales condiciones de ejercicio económico para todos.
Durante el pasado decenio y los inicios del presente, Cuba, además de sufrir como país del llamado Tercer Mundo lo anteriormente señalado , ha vivido el arreciamiento de una política de sanciones económicas unilaterales por parte de los Estados Unidos de América, calificada por Juan Pablo II de éticamente inaceptable, además de perder, tras la caída del campo socialista y la desaparición de la Unión Soviética, un mercado que si bien no podía ser calificado de eficiente por lo menos era estable y preferencial.
El impacto de esos procesos en Cuba se observa con claridad si se sigue la pista de su Índice de Desarrollo Humano (IDH). En 1990, antes del llamado crack socialista, ocupaba el lugar mundial 39; en 1997, el 86. Pero a partir de ese último año, cuando comenzó a consolidarse un proceso estable de crecimiento económico donde no se dejó de velar por la equidad, pese a la existencia de contradicciones sociales marcadas por la presencia de una dolarización en la economía, la tierra de José Martí mejoró paulatinamente sus indicadores hasta llegar a recuperar un sitio 52 en el informe del 2003.
Cuba, ante todo, debe ser comparada con sus similares, los cuales son los países de América Latina.Pues bien, sólo la superan en cuanto a Desarrollo Humano Panamá, Trinidad-Tobago, Argentina, Uruguay, Costa Rica y Chile, si se parte de aceptar los datos en su frialdad y sin tomar en consideración, por ejemplo, la crisis por la que atravesó Argentina a la hora de confeccionarse el informe.
Tal aventajamiento, no obstante, debe verse bajo un análisis más detallado, por cuanto la metodología con que se calcula el IDH no beneficia a Cuba, incluso después de que un meticuloso estudio del ministerio de Economía cubano permitió determinar un Producto Interno Bruto por Habitante más ajustado a la realidad, en un país donde la ciudadanía recibe un importante conjunto de servicios gratuitos o subsidiados, cuyo valor agregado no se sumaba a los logros económicos de Cuba.
Sin embargo, la clave del éxito cubano no se encuentra en el crecimiento de su Producto Interno Bruto (PIB) general o por habitante, sino en una distribución más equitativa de éste . Si se mira a las cifras por su frialdad, el PIB de Cuba reflejado en el reporte del PNUD hace de ella la nación 87 de 175 estudiadas .Pero acudiendo a otros indicadores tan importantes como el PIB para calcular el IDH, Cuba se presenta con resultados verdaderamente impactantes, si se toma en cuenta la difícil coyuntura económica por la que atraviesa.
Cálculos más, cálculos menos, el IDH no es mas que el resultado de promediar 3 algoritmos referidos a los siguientes índices de calidad de vida: esperanza de vida al nacer, tasa de alfabetización de adultos, tasa de matriculación combinada en educaciones primaria, secundaria y terciaria, y paridad de poder adquisitivo (PIB por habitante expresado en dólares ). De este modo, si por un lado Cuba "se cae" a causa de su baja capacidad económica, por el otro sus "otros" excelentes indicadores la conducen a ese lugar 52 y la colocan entre los primeros del mundo, ya no sólo entre sus iguales. Por ejemplo, la esperanza de vida al nacer cubana es igual a la de los Estados Unidos de América y su nivel de escolarización equivale a los de Canadá, Noruega y Suecia, sólo superada en América Latina por Argentina.
Si, por otra parte, se observan los cambios ocurridos en Cuba entre el Informe de Desarrollo Humano del 2000 y el del 2003, rápidamente aparece la huella de importantes programas sociales puestos en marcha durante ese período, tendientes a hacer del estudio una forma de empleo. Por ello, Cuba se presenta como el país con mayor ritmo de avance de la escolarización en América Latina .Todo un dato, en momentos en que se coincide en considerar a la formación de capital humano como el principal recurso para el desarrollo de los países pobres.
No agotará este periodista el análisis del tema en este ejercicio. Cuba dista de ser una sociedad perfecta .Pero en la observación de sus imperfecciones ha de primar el acercamiento desprejuiciado. Y, desde el estudio de su Desarrollo Humano, muchas verdades incontrastables saldrán a la luz. Primera de ellas, la del valor del crecimiento con equidad.


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