El relato del lector: Seguimos en marcha y diálogo con Fidel

Fidel durante su histórico discurso ante los jóvenes de la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre de 2005.
De Martí se ha dicho que es un misterio que nos acompaña. De Fidel se puede decir que es humana presencia y dialogo. Hay un Fidel en la memoria y un Fidel surgente. Lo conocí primero través de los mayores. Comentaban con admiración sobre su valor, su facilidad para hablar y convencer, don de gentes que le llaman, y su inteligencia y el desafío rebelde al imperio. Aprendí los mil y un apodos que lo nombraban, aquellos benévolos y también los ofensivos de los que no lo querían. Nunca conversé con él en ninguna circunstancia. Mi diálogo era con sus ideas, sus acciones. Tratar de entender, sobre todo aquello que en su momento y aún hoy no me parecía bien o al menos cuestionable. ¿Cuáles serían sus razones? ¿Cuáles las circunstancias, cuál la información que no tengo? ¿Cómo actuaría en circunstancia similares?
Lo ví por primera vez en la inauguración del Politécnico de la Salud Octavio de Concepción y de la Pedraja en Camagüey. Luego en eventos de la ANEC en el Palacio de Convenciones, en encuentro breve con la delegación de Canagüey; en el Parque 13 de Marzo, en el 50 aniversario de los CDR; en la Universidad de la Habana, la última ocasión que compartió en la escalinata. Estuve el día que le dijo a Bush "Ave César los que van a morir te saludan" con un AK al hombro. En primeros de mayo y en aquel memorable 26 de julio en que vaticinó el derrumbe del campo socialista y la URSS, y señaló el destino de Cuba "y aún en esas terribles circunstancias Cuba y la Revolución cubana seguirían resistiendo". Lo volví a sentir muy vivo al otro día de su fallecimiento en la escalinata de la universidad cuando el grito espontáneo de "Yo soy Fidel" comenzó a retumbar y las lágrimas de muchos no se disimulaban, y en la monumental concentración en la Plaza. Y lo vi pasar camino a Santiago en un soleado Malecón.
Ese Fidel en la memoria y en el que brota es Don Quijote. Sean molinos o gigantes, la caballerosidad, el levantarse de cuanto revés lo azota, el ánimo, el sentido de justicia, la simpatía, el coraje, la dignidad como bandera, el mundo espiritual y de las ideas como armas; el ganar primero la batalla moral con el pueblo, la delicadeza, cierta ingenuidad y timidez, confiar en la gente, soñar el mundo y hacerlo posible, persistir y desafiar, hablar y marchar, agradecer, bromear. Así llega de mil maneras el caballero, en la memoria y en el hacer cotidiano. Seguimos en marcha y diálogo con Fidel.
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