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Pedro de Córdoba y la Carta Latina

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Fresco de Fray Pedro de Córdoba en el convento de Santa María Magdalena de Cuitzeo, Michoacán, México.

La conquista y colonización de las tierras de América desde finales del siglo XV fue un proceso completo y controversial y que hasta nuestros días tiene múltiples miradas.

La llegada de los europeos a América se produjo en un contexto de redescubrimiento científico, cultural y económico en el "viejo continente" conocido como Renacimiento. En el caso particular de España, se encontraba en pujanza con otras potencias regionales y a las puertas de un periodo de esplendor -gracias en gran medida a la conquista de América- conocido como el Siglo de oro.

El encuentro entre ambos continentes permitió el intercambio de conocimientos, tecnologías y mercancías, pero dejó un legado nefasto y éticamente injustificable donde las principales víctimas fueron las poblaciones indígenas.

El origen de un crimen.

En el afán de lograr una ventaja ante sus rivales continentales, la monarquía española se lanzó a buscar nuevas rutas comerciales con el Oriente. El deseo de lograr una relación pacífica y comerciar con las poblaciones encontradas cambió inmediatamente.

A pesar del tono esperanzador que mostró Cristóbal Colón en sus documentos y en el encuentro con los reyes a su regreso, tuvo que ser decepcionante no encontrar oro, mercancías conocidas, ni infraestructuras para comerciar.

Las difíciles condiciones de vida de los primeros españoles en América, en especial el hambre, transformó la situación. En cuestión de pocos meses se pasó de la convivencia pacífica a la guerra represiva y a la captura de esclavos.

Desde el punto de vista legal el asunto estaba resuelto. La toma de esclavos estaba permitida siguiendo un principio jurídico medieval; y merced a la donación pontificia, aquellas tierras eran españolas, por lo que se tenía derecho a su "ocupación" y no se consideraban "conquistadas". De esta forma se justificó uno de los mayores crímenes masivos de la historia de la humanidad.

Los conquistadores europeos, en su búsqueda de riquezas y poder, llevaron a cabo acciones violentas y despiadadas que provocaron la muerte de millones de personas, la destrucción de comunidades, la imposición de culturas y la explotación de los recursos naturales. En apenas décadas las poblaciones quedaron diezmadas -un factor importante fueron las enfermedades traídas por los europeos- en varias ocasiones como resultado de matanzas masivas.

Han llegado hasta nuestros días crónicas y testimonios que nos hacen tener una idea del tamaño del crimen.

Los reyes españoles no estaban ajenos a lo ocurrido, pero poco hicieron en el sentido práctico. Para inicios del siglo XVI la conquista comenzaba a rendir frutos con la aparición de grandes yacimientos de oro en el actual México y de plata en las alturas del Perú.

La Carta Latina

No todos los europeos justificaron tales crímenes. Varios españoles, principalmente religiosos, comenzaron a describir la situación que padecían los nativos americanos y desde mediados de 1495 cuestionan el derecho legal y doctrinal sobre las nuevas tierras. En 1500 el rey español, mediante una cédula real, ordena poner en libertad a todos los aborígenes esclavizados. Pero en pocos años la situación cambia en sentido contrario.

En los primeros años del siglo se produjeron los primeros brotes de sublevación aborigen y la cristianización pacífica no estaba dando resultados. En 1503 el rey emite otra cédula donde establece que por causa de "buena guerra" se podía esclavizar a los caribes, a los cuales se tenía como "enemigos de la cristiandad y de toda la humanidad".

Esto suponía un serio problema procesal, pues además de que obviaba la principal causa de las sublevaciones aborígen, en la práctica se hacía difícil controlar su cumplimiento cuando existía un océano de por medio. También lo complejizaba el hecho de que los españoles no distinguian entre caribes o no a la hora de esclavizar y que estos no fueron los únicos que arremetieron contra sus opresores. Prácticamente se podía someter a todo el que estuviese semidesnudo.

Esto dió paso a que en los siguientes años monjes tanto benedictinos como franciscanos acabaron uniéndose en un movimiento para informar a la monarquía que las malas prácticas hacia los indígenas no solo no habían cesado sino que eran muy comunes y que esto podrían llevar a una devastación del nuevo continente.

La llegada a la isla de la Española en septiembre de 1510 del fraile Pedro de Córdoba complejizó aún más la situación para los encomenderos. La primera controversia se produjo al año siguiente cuando los miembros de la orden acordaron que el domingo 21 de diciembre fray Antonio de Montesinos diera un sermón denominado Adviento, poniendo énfasis en la defensa de los derechos de los pueblos originarios frente a los atropellos españoles. Esto lógicamente desencadenó una crisis entre el clero y las autoridades militares de la Isla.

Diego Colón reclamó ante Pedro la expulsión de Montesinos y que al domingo siguiente se diera otro sermón contrario al recién pronunciado. La negativa en ambos casos acrecentó el conflicto y al domingo siguiente desde el púlpito se realizó una denuncia más dura aún. Según testimonios de la época se argumentó que no existen diferencias raciales para Dios, que la esclavitud y la servidumbre son ilícitas, y que era necesario restablecer la libertad de los nativos y devolvérseles sus bienes para así poder cristianizarlos.

En respuesta, Diego Colón y los colonialistas enviaron a España al superior de los franciscanos, fray Alonso de Espinar, en defensa de sus intereses ante la corte. Como contrapartida también viajó Montesinos. Después de análisis, consultas y comisiones este debate dió paso a la Leyes de Burgos en diciembre de 1512.

Pedro de Córdoba, principal impulsor de este movimiento, consideró insuficiente lo abordado por la ley y se dirigió personalmente a España, allí contó con el apoyo del monarca y se le incluyeron cambios a la normativa, poniendo especial énfasis en la protección de las mujeres y niños. Esta fue aprobada en 1513 y se conoce como las Leyes de Valladolid.

Para finales de ese propio año, a Pedro de Córdoba se le encomendó una nueva misión, acompañar la expedición a Puerto de Perlas -hoy Cumaná, Venezuela-, allí puso en práctica su visión evangelizadora y con el apoyo del cacique local logró la construcción de dos iglesias, de varias casas y una escuela para niños. Pero esta armonía duró poco, pues una partida de esclavistas al mando de Gómez de Rivera, asaltó el lugar y tomó varios prisioneros, entre ellos al propio cacique y los vendió en Santo Domingo. En respuesta los aborígenes mataron a varios frailes.

Nueva batalla tuvo que iniciar Pedro de Córdoba que se dirigió a la Española, enfrentó a las autoridades y logró recuperar a los esclavos y devolverlos a Cumaná.

Hartado de la criminal y despiadada política española en América, que obstaculizaba sus misiones de evangelización se dirigió a los reyes de Castilla Juana y Carlos para imponerlos de la situación. Esta misiva fue escrita el 27 de mayo de 1517 con el nombre de Carta Latina de dominicos y franciscanos de las Indias a los Regentes de España. En la misma se realiza una defensa del derecho de los nativos a sus tierras y se denuncian los abusos y atropellos por parte de las autoridades y los soldados españoles.

Fragmento de la Carta Latina.

En una de sus partes se sugiere:

«Se debe tener a los nativos en comunas o pueblos cristianos a ellos solos y no sirvan, por ahora a nadie, ni al rey. (...) No se puede permitir hacerlos trabajar tanto, sin darles de comer e instruirlos en la fe.»

Si bien este no es el último documento en defensa de los aborígenes americanos, ni Pedro de Córdoba el único adalid de esa lucha, la Carta Latina es un documento transcendental para comprender la situación que padecían los nativos. A pesar de estos esfuerzos, poco cambió el sistema de explotación y en menos de un siglo fueron barridas hasta niveles ínfimos las poblaciones de indígenas y con ella desapareció parte de sus culturas y conocimientos milenarios.

Se han publicado 4 comentarios



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  • Rafael Emilio Cervantes Martínez dijo:

    Larga es la lista de los que aman y construyen, tal y como pensara nuestro Apóstol José Martí, ni siglos ni milenios podrán borrar la huella de una consecuente estela de humanistas concretos que lucharon por el bien de los demás. Gracias Abel.

  • César Augusto Quintana Castillo dijo:

    Excelente artículo Abelito. Gracias por sacar a la luz datos que no nos da la visión europeísta de la historia.

  • Davefer dijo:

    Este tipo de análisis históricos actuales sobre la crueldad de los conquistadores no tienen demasiado sentido, ser crueles e incluso despiadados era el normal proceder de todo aquel que conquistaba en aquella época, no solo de los europeos, sino también de mongoles, arabes e incluso de los pueblos precolombinos. Sino como creen que se llevó a cabo la expansión del imperio Inca por Suramérica? Pues fue una expansión tan o más sangrienta que la de los colonizadores europeos en estas tierras.

  • Tania Guerrero dijo:

    Mi Primo de apellido Córdoba , yo me preguntaba de dónde le salía el buen Sentimiento? Interesante Historia. Gracias porque el mundo tiene un Oringe, no sólo Biológico, sino también Social"""""

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Abel Aguilera Vega

Abel Aguilera Vega

Historiador e investigador del Centro Fidel Castro Ruz. Conduce espacios radiales relacionados con la historia en Radio Metropolitana y Radio Habana Cuba.

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