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Sobre la cancha: La ola tiñó el balón de azul

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Aficionados curazoleños festejan la clasificación mundialista. Foto: FIFA

Me mantengo firme. Una Copa Mundial de Fútbol con 48 selecciones resulta excesiva si los aficionados pretenden encontrar partidos donde lo cualitativo mande. De hecho, ya con 32 elencos nos hemos guardado en las retinas varios choques con poca historia, pero dicha cantidad de equipos daba en el clavo.

No obstante, por razones lógicas al aumentar las plazas, el acceso a clasificaciones con épica era cuestión de tiempo. También avances mundialistas vestidos de récord, nada mal para la narrativa de la FIFA. Es ahí cuando aparecen esas naciones emergentes con ansias de cumplir sueños.

Pareció quedarse en ese ecosistema en el no tan lejano 2018, una Islandia con la menor cantidad de población para un país desde el surgimiento de estos torneos en 1930. La leyenda se construyó 88 años después del título uruguayo, siendo el empate ante Argentina a un gol el premio a la presencia en Rusia.

Poco tardaron Cabo Verde o Uzbekistán en romper el molde de los debutantes. En el caso de los africanos apoyándose en una dinámica extendida para selecciones menores. Reclutar a los nacidos fuera del territorio, descendientes de segunda o tercera generación. Hasta Cuba ha abierto tales puertas.

Ahora, los focos se los lleva Curazao. Desde 2011 la conocida como Familia Azul se afilió a la FIFA tras convertirse en Estado Autónomo dentro del Reino de Países Bajos y disolverse las Antillas Holandesas. En 14 años ha pasado del puesto 150 del ranking hasta el actual 82.

Quizás este dato refleja de alguna manera la evolución de los caribeños, pero queda en segundo plano cuando la mirada se hace más profunda. En 2016 ganan la Copa del Caribe. Para 2017 llega la primera clasificación a la Copa Oro, torneo en el cual dejaron grata impresión dos años después.

Curazao quedó en la segunda posición del Grupo C, solo por detrás de Jamaica. Honduras y El Salvador sucumbieron ante el poderío caribeño. Estados Unidos debió sufrir más de lo pensado en los cuartos de final para apartar del certamen a la Ola Azul. La pizarra apenas reflejó un 1-0.

Recorrido mundialista

Entremos en lo importante. Antes de la hazaña de 2025, Curazao intentó visitar Brasil en 2014, Rusia en 2018 o Qatar en 2022. Sus avances fueron limitados para cada una de esas citas, aunque se mostraron algunas pinceladas de crecimiento con el paso del tiempo.

CONCACAF ha variado su sistema de clasificación de forma constante, aunque la pequeña nación de solo 155 mil habitantes ha sabido como validar la inversión en infraestructura encima del verde. Y sí, el poder contar con futbolistas nacidos en Países Bajos y desarrollados allí, resulta vital.

Claro, la cuestión no es encontrarse con una materia prima disponible y de cierta calidad, sino también saber qué hacer con ella. Sobre todo las fórmulas para conducir a esa masa de jugadores con notables condiciones para dar un paso evolutivo sobre la cancha.

La apuesta en enero de Dick Advocaat resultaba en teoría decisiva. De todos modos volvamos al punto de partida una década atrás. Camino a tierras brasileña las opciones se desvanecieron rápido. Antigua y Barbuda junto a Haití les adelantaron en el Grupo F de la Segunda Ronda.

Con dos victorias, un empate y tres derrotas, Curazao quedó solo por delante de Islas Vírgenes Estadounidenses y, para casa a pensar en el siguiente ciclo mundialista. Fue el turno de Patrick Kluivert en el banquillo de la selección representante del país en el cual nació su madre.

Destino Rusia, un recuerdo aún me atormenta como cubano. Tarde muy lluviosa del 14 de junio de 2015. Partido detenido hasta el fin del temporal. En el Estadio Pedro Marrero las condiciones para mover la esférica eran de película. Con el empate a uno tras el pitazo final, la sorpresa.

Un año antes los nuestros les vencieron 3-2 durante la fase de grupos de la Copa de Caribe. Luego de consumarse la fiesta curazoleña en las gradas del recinto capitalino, el único detalle rescatable antes de partir fue haber visto a un ídolo de cerca. Por lo demás, todo se convirtió en preocupaciones.

Durante la tercera fase El Salvador frenó el ímpetu de la Familia Azul con par de triunfos 1-0. A pesar de quedar en el camino antes de la ronda final de CONCACAF, las claves de saber si los pasos eran correctos estaban definidas. Qatar ya no pasaba por quimera.

Para entonces otro país centroamericano impidió a Curazao plantarse en la etapa final de la confederación norte y centrocaribeña. Panamá fue esta la victimaria con global de 2-1. Antes, los situados al norte de Venezuela quedaron por encima de Guatemala, Cuba, San Vicente y las Granadinas, así como de Islas Vírgenes Británicas.

Sueño cumplido

De vuelta al presente, el caminante Advocaat encontraba un panorama favorable al no estar las tres grandes selecciones de la región por ser sedes de la Copa Mundial. El paso durante la Ronda 2 fue implacable. Pleno de victorias contra Barbados, Santa Lucía, Aruba y Haití. El balance de 15 goles a favor y 2 en contra lo dice todo.

Rota la barrera de la fase final, Jamaica se presentaba como el mayor peligro en una llave completada por Bermudas y Trinidad & Tobago. Tres victorias y misma cantidad de derrotas impulsaron a Curazao hasta la cima del grupo y mejor, hasta el Campeonato Mundial de 2026.

Clave resultó el éxito en Willemstad frente a Jamaica con pizarra definitiva de 2-0. El momento épico se consumó en la noche silenciosa de Kingston. Los vestidos de azul, sin su DT por problemas personales, hicieron desbordar la alegría en los 444km cuadrados de una Curazao ya en las páginas inesperadas de la FIFA.

 

 

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Arian Alejandro Rodríguez Agrelo

Arian Alejandro Rodríguez Agrelo

Narrador y comentarista deportivo de la radio y televisión cubanas. Graduado de licenciatura en Historia en Universidad de La Habana en 2023. Radialista apasionado

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