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Adopción responsable

Por: María Gloria Vidal Rivalta
Publicado en: Por el bienestar animal

Foto: Archivo.

Adoptar es prohijar, apadrinar, acoger, adquirir, aceptar. Estas acepciones son válidas tanto para las personas como para los animales.

Las adopciones de personas y de animales son formales. Solo existe una diferencia, pues la adopción de las personas se realiza mediante un proceso legal, mientras que la de animales se puede basar en un compromiso entre quien entrega al animal y quien lo recibe.

Pero es debido aclarar, que algunas organizaciones civiles afines a los animales y grupos de protectores de animales, precisan detalles, estrechan el vínculo o compromiso y a veces hacen firmar a los nuevos responsables, lo cual obliga a los mismos a ser determinadamente eso: responsables. Pienso que eso es muy beneficioso para el animal en el sentido amplio de la palabra.

Muchas personas sensibles y con predilección por los animales, adoptan principalmente perros y gatos, los llevan a sus casas y los adoptados viven hasta alcanzar la longevidad junto a esas justas personas. En la actualidad, otras especies igualmente suelen adoptarse como mascotas, tanto en Cuba como en otros lugares del mundo.

Así debe ser siempre o casi siempre, pues quizás fuerzas mayores, pueden en algún momento, hacerles carecer de las condiciones dadas en el momento mismo de la adopción y se ven obligados a darlos a otras personas, que con similar sensibilidad los asumen y los protegen durante el resto de la vida.

Sin embargo, hay quienes ejecutan procesos de adopción, sin tener conciencia plena del compromiso que deben asumir con el animal. Cuando por alguna razón personal o por no contar con los recursos materiales o financieros para responder a las necesidades del animal, festinadamente, sin pensarlo correctamente, desechan al animal, dejándolo abandonado a su suerte.

Generalmente, esa es la causa que da lugar a que tantos desvalidos estén en las calles mostrando deterioro físico, falta de limpieza, hambre, lesiones y ectoparásitos. Con frecuencia vemos a los canes afectados por la sarna demodécica (demodicosis o foliculitis por Demodex) sufriendo por las lesiones cutáneas que la enfermedad provoca.

Los perros y gatos que viven en las calles, que algunos hasta son de raza, son abandonados a su suerte y en ocasiones son recogidos por protectores que los higienizan, sanan y luego les buscan ubicación. Pero los que no tienen la suerte de que alguien los re-adopte, no logran la dicha de ser atendidos por alguien, sufren indefinidamente hasta morir en su condición de errantes.

A lo largo de estos años, hemos valorado que hay quienes -como antes mencioné- los recogen y les buscan nuevos responsables y a otros aunque no les encuentran adopción, los asisten en su condición de “callejeros” o “ambulantes”.

Un tiempo atrás, los abandonados a su suerte eran capturados por el carro llamado de “Zoonosis” y llevados a algún Centro de Observación Animal, lugar en que unos pocos eran reclamados por sus propietarios, que en su mayoría, los dejaban sueltos todo el día “callejeando” y otros eran adoptados. El resto, es decir los que no tenían uno u otro destino, eran objeto del sacrificio sanitario.

Haciendo uso del criterio de la verdad, trabajé muchos años en el ámbito de los laboratorios y del Departamento de Epidemiología en el Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología de La Habana y a partir de la experiencia adquirida, siempre en diferentes reuniones del Comité Nacional de Bienestar Animal de Cuba he expresado la necesidad de revisar los procedimientos empleados para el control de esas poblaciones de animales “callejeros” o “vagabundos”.

Hoy en día, solo están siendo recogidos aquellos que se encuentran en áreas de control de focos rábicos, porque existe rechazo poblacional a la recogida de animales abandonados en lugares públicos, por eso quizás hay más callejeros y también porque muchos que antes fueron sus responsables ante la falta de alimentos y medicamentos, por falta de espacio o por otras desconocidas razones, los echan a la calle. Algo muy lamentable, porque este acto además de irresponsable, es inhumano.

Esto ocurre, a pesar de que la Organización Mundial de Sanidad Animal en su normativa reconoce la captura como un método de control de poblaciones callejeras (ver título 7, capítulo 7.7 en el Código de Animales Terrestres).

A mi modo de ver, se puede mantener la captura de animales callejeros, respondiendo a la medida sanitaria de control de poblaciones de animales errantes o vagabundas, pero su ejecución reñida al cumpliendo de las normas recomendadas por la OMSA, porque valorando el problema científica y profesionalmente, los animales callejeros pueden padecer afecciones propias de sus especies y también zoonóticas, que resultan enfermedades de riesgo para todos.

La difícil situación económica del país incide desfavorablemente en el funcionamiento de los programas de la salud pública y la sanidad animal.

No obstante, considero loable, beneficioso, posible e importante, para lograr mejores indicadores de salud, trabajar en función de la disminución de los animales callejeros, a partir de elevar la educación pública en materia de bienestar animal y también aplicando las medidas de control de esas poblaciones de animales callejeros, es decir la captura de aquellos que puedan quedar en los espacios públicos, aplicando medidas tales como: el empleo de medios de transporte especialmente diseñados para este fin, empleando medios de recolección y no practicando la captura manual, siendo realizada por personal adiestrado para esta función, identificado y debidamente uniformado, efectuando la recolección en horarios de poco flujo peatonal, conduciendo a los animales a un centro receptor atendido por personal técnico y profesional veterinario, con las debidas condiciones para la estadía y atención de los animales.

A partir de la rehabilitación, logrando la adopción de aquellos que recuperados y saludables pudieran ser adoptados y como medida de último ratio, aplicar la eutanasia a los que por su deterioro físico, cronicidad y longevidad, así lo requieran, siempre aplicando las normativas que para estos casos establecen las normas de la OMSA y que están descritas en el Reglamento No. 38/2021 de Bienestar Animal.

Estos procederes se aplican en muchos países en desarrollo, dirigidos por las autoridades sanitarias, apoyados por grupos y asociaciones protectoras de animales, más el apoyo comunitario, en favor de la salud de los animales y de las personas, más el logro de ambientes y espacios mas saludables.

Hemos valorado que este pudiera ser el modo de minimizar el problema, claro está, como perspectiva, pues todos sabemos que el país presenta limitaciones en el plano económico y hay que ir aplicando alternativas y trabajando coordinadamente, tanto por parte de los sistemas de la salud pública y de la sanidad animal e insertándose otros entes que pudieran colaborar, hasta alcanzar óptimos resultados. Hoy más que nunca trabajamos unidos las autoridades sanitarias, bajo el enfoque de Una Sola Salud.

Convencidos de que esta es una preocupación para la gran mayoría de la población, sigue siendo un empeño en que tenemos las autoridades de competencia que trabajar en función de que las poblaciones callejeras disminuyan, claro está con la disminución del abandono y la adopción continuando, como alternativa para esas poblaciones.

 

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