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La Crespa, un taxi, Cuba y el amor de una colombiana

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Bogotá, 6 Feb (Notimex).- La colombiana Martha Cardona o "La Crespa" es una mujer cincuentona, víctima de la guerra, que maneja un taxi desde hace 10 años para ganarse la vida y costear los estudios universitarios de dos de sus hijos en Cuba.

 

 "Decidí convertirme en taxista porque vi que era una alternativa para poder sobrevivir con mis hijos, después de que murió mi marido, mejor dicho después que lo asesinaron", dijo Cardona en entrevista con Notimex en un alto de su ardua labor diaria.

 

 Al timón de su vehículo, "La Crespa", como la llaman sus amigos en honor a su ensortijado cabello, siempre fortalece su gran sueño de ver a sus hijos recibir el grado de profesionales de manos del presidente cubano Fidel Castro.

 

 "Estoy profundamente agradecida con Cuba. Sino fuera porque me ayudaron con dos becas difícilmente mis hijos estarían en la universidad", comentó esta mujer mientras elogia la solidaridad de ese pueblo caribeño.

 

 Y es que cuando pasaba por un momento crítico en la economía familiar, aparecieron las becas del gobierno cubano para dos de sus hijos, una en la escuela de medicina de Cienfuegos y la otra en telecomunicaciones en la Universidad Pinar del Río.

 

 "Recuerdo mucho que en 1998 estaba muy preocupada porque mis hijos estaban para terminar secundaria y no veía muy claro el panorama para costear sus estudios universitarios y, para mí, el estudio de mis hijos es lo fundamental en mi vida".

 

 Entre sorbos de café y agua, "La Crespa" contó que se convirtió en taxista "en 1995, después de dos fracasos con un par de negocios que intenté montar".

 

 Cardona recordó que durante sus primeras incursiones en el oficio pasaba hasta 20 horas al volante "chancleteando" (recorriendo) las calles de la capital colombiana y sólo conseguía para comer, pagar deudas y servicios.

 

 "Hacía cuentas de mis ingresos y, cuando me iba muy bien, conseguía unos 80 mil pesos (40 dólares) en una de esas jornadas, pero más de la mitad tenía que destinarlos al pago del préstamo que hice a unos usureros para comprar el carro", indicó.

 

 En esas circunstancias de estrechez económica, sostuvo "La Crespa", "yo veía que difícilmente podía darle estudios a mis tres muchachos y eso me angustiaba".

 

 En ese momento, un familiar cercano le recomendó tocar las puertas de la embajada de Cuba en Bogotá, para intentar conseguir alguna beca de las que otorga el gobierno de La Habana a estudiantes de Latinoamérica.

 

 "No lo pensé dos veces y mire, logre que Marthica viajara en 1999 a estudiar medicina y mi otro hijo, Jairo, partió con su maleta en 2000 a estudiar telecomunicaciones. A los dos los tengo de regreso en agosto después de recibir sus grados (títulos)", dijo orgullosa.

 

 En este momento de la conversación, "La Crespa" reflejó en su rostro la alegría y la satisfacción por el deber cumplido, esos que se imponen las madres con sus hijos, pero su sueño es viajar a La Habana para la ceremonia de graduación.

 

 "Estoy ahorrando todo pesito extra que me cae para comprar la ropa de mis hijos y para poder viajar. Es que ellos tienen que estar con muy buena  pinta  (presentación), no ve que Fidel siempre está presente en el acto de grado de los nuevos médicos", subrayó.

 

 Cardona aseveró con total convencimiento: "yo no quiero ver la foto, quiero estar ahí, ese es mi sueño". Destacó que ella quisiera darle las gracias de manera personal al comandante Castro, el héroe de la Revolución Cubana.

 

 "Ojalá pudiera darle las gracias a Fidel de forma personal.

 

 Ojalá se acabe ese embargo contra Cuba, no lo merece. Mis hijos me cuentan que es un pueblo muy batallador y solidario. De mis hijos, sólo espero que asimilen ese espíritu solidario", enfatizó.

 

 "La Crespa" manifestó que, después del deber cumplido con sus dos hijos mayores, "seguiré de taxista uno o dos años más, pero prestando servicios especiales a gente que ya me conoce. Esto de estar  chancleteando  es muy duro, muy duro, aguantando borrachos".

 

 Sobre su oficio, mencionó que "el taxista se entera de muchos secretos de pasajeros conocidos o desconocidos, secretos de políticos que borrachos hablan y hablan, son historias que si uno las cuenta se puede morir. Mi ley en este oficio es ver, oír y callar".

 

 Cardona contó que su desaparecido esposo "fue un aguerrido luchador y rebelde social convencido de su causa y murió en su causa.

 

 Fue asesinado en un operativo militar en 1985, una época en que estuvo en furor la guerra sucia".

 

 "No me interesa ahora sacar a relucir su nombre, ni cómo lo mataron, mis hijos estaban pequeños y ya ellos superaron esa parte de la historia. Siempre le dije  El Viejo  y aunque ya cumple 20 años de no estar con nosotros, sigue siendo mi viejo", concluyó.

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