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Voces de ciudad

Por: Ismael Brito Abreu
Publicado en: Espacios de ciudad
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Órgano Daublaine-Ducroquet, iglesia de San Francisco de Paula. Foto autor

La música es una de las artes que más estimula los sentidos y sentimientos humanos. En Cuba, es una de las manifestaciones que destaca por excelencia en el panorama cultural y patrimonial, con ritmos y estilos que van desde lo más popular hasta lo más académico.

Esta herencia ha sido transmitida a través de tradiciones, autores, intérpretes e instrumentos musicales. Podríamos hablar de encumbrados compositores como Ernesto Lecuona hasta contemporáneos como Leo Brouwer; o de ritmos populares como el son y la rumba o de lo sacro y barroco que nos legó Esteban Salas. Y qué decir de los instrumentos musicales: nuestros ritmos usan algunos tan sencillos como la clave y otros tan complejos como los de cuerda o viento.

Si pensamos en "voces de ciudad", inmediatamente pensamos en el ruido de autos, las sirenas, el estruendo de las fábricas, las campanas. Pero no todo fue —ni es— caos.

Bastaría con oír los testimonios de los abuelos, que cuentan que la voz del monumental órgano de la iglesia de Jesús de Miramar podía escucharse a cuadras de distancia, al igual que en otros tantos templos habaneros que se colmaban del sonido de miles de tubos. Pues hubo un hombre que, en los años 50 del siglo pasado, aportó música a la voz de La Habana. Con anterioridad, los templos habaneros habían albergado instrumentos que acompañaban la liturgia, aunque el clima y el paso del tiempo fueron implacables con ellos: quedaban pocos ejemplares cuando, en 1950, llegó a La Habana el organero Guillermo Aizpuru.

De la época colonial disfrutamos actualmente el más antiguo de la ciudad: el órgano Daublaine-Ducroquet, que data de 1845-55, ubicado en la antigua iglesia —hoy sala de conciertos— de San Francisco de Paula. Hasta el año 2004 se encontraba en la nueva locación de la iglesia y hospital de San Francisco de Paula, en el barrio de La Víbora; entonces, por diálogo entre el Dr. Eusebio Leal Spengler y Mons. Alfredo Petit Vergel, la Arquidiócesis lo donó a la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, que lo restauró en 2008 junto al organero español Joaquín Lois.

Consola del órgano Daublaine-Ducroquet, iglesia de San Francisco de Paula. Foto autor.

Otro ejemplar de la época es el Merklin-Schütze, proveniente de París y Bruselas. Fue construido en 1860 por la casa Merklin; originalmente perteneció a la iglesia de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, en Manrique y Salud, y actualmente está ubicado en la de San Francisco de Asís, en Cuba y Amargura. Fue restaurado en 2017 por el organero suizo Ferdinand Stemmer, con la colaboración del Gobierno alemán.

Detalle de la tubería en la fachada del órgano Merklin-Schütze en la iglesia de San Francisco de Asís. Foto autor.

Detalle del teclado manual del órgano Merklin-Schütze en la iglesia de San Francisco de Asís. Foto autor.

Guillermo Aizpuru Egiguren nació en el país Vasco, en Azpeitia, el 2 de octubre de 1917, en la casa número 17 de la avenida de Harzubia. Fue hijo único de Félix Aizpuru Lapeira y Tomasa Egiguren Eizaguirre, ambos naturales de la localidad. Su vínculo con el mundo del órgano venía de familia: tanto su abuelo materno, Remigio Egiguren Ucín, como su padre figuraron entre los principales accionistas de la fábrica de órganos levantada en 1915 en la avenida de Harzubia, frente a la plaza de toros. A ello se sumaba su cuñado, Ignacio Fernández Eleizgaray, gerente y socio de Eleizgaray y Cía., y organista de la parroquia de Azpeitia. No es exagerado decir que Guillermo Aizpuru Egiguren se crio entre órganos.

Creció entre música, teclados, fuelles, tubos y secretos —caja de viento— dispersos por el taller, y fue testigo directo de las visitas de músicos afamados y autoridades que acudían a la fábrica. Cursó sus primeros estudios en el colegio de los Hermanos Maristas de Azpeitia. Después se formó en electrónica en la Escuela de Armería de Eibar, con Joaquín Sánchez, y en la Casa Marconi Ingenieros de San Sebastián.

Comenzó trabajando como ayudante de sus tíos Ignacio, Antolín y Eusebio, hijos de Remigio Egiguren Ucín y María Cruz Eizaguirre Embil. Los tres hermanos, tras varios años en Eleizgaray y Cía., fundaron en 1930 la razón social "Sobrinos de Eleizgaray", cuyos trabajos recibieron numerosas felicitaciones por su carácter artesanal. Con esa experiencia acumulada, en 1949 debutó por cuenta propia en la parroquia de San Juan de Luz, donde trabajó seis meses modificando registros. Le siguieron trabajos en Hendaia y, poco después, en la iglesia de San Luis de París. Pasó por Inglaterra, donde realizó un pequeño trabajo en Birmingham, y viajó a Alemania e Italia con el afán de conocer órganos de renombre.

En 1950 se trasladó a Roma a realizar trabajos. Mientras arreglaba el órgano de la Iglesia Española de Montserrat, recibió la visita inesperada del cardenal Manuel Arteaga, arzobispo de La Habana, que le pidió encargarse de la reconstrucción del órgano de la catedral habanera. No le faltaron las propuestas de trabajo; pero afortunadamente, le otorgan con rapidez los permisos para viajar a Cuba y embarca en Nápoles en el Urania rumbo a La Habana, tras pasar unos días en Caracas.

En la capital cubana encuentra que el órgano de la catedral estaba tan destrozado que no era posible restaurarlo ni reconstruirlo. Tuvo la suerte de que los padres Pasionistas de la barriada de La Víbora le encargaran la construcción de un órgano para la flamante recién inaugurada iglesia, el primero que construiría desde cero en su vida el joven emprendedor. Se asentó junto a su esposa, con la que tuvo tres hijos, dos varones y una niña; el mayor de los tres nació en Cuba. La familia se estableció en un edificio ubicado en la calzada de Jesús del Monte (10 de Octubre), junto a la misma plazuela de los Pasionistas, Guillermo incluso obtendrá la nacionalidad cubana.

Guillermo Aizpuru y su primer hijo nacido en Cuba. Archivo familiar, cortesía Ander Aicrag Urupzia (nieto).

El órgano que Aizpuru construye para los Pasionistas se localiza en el coro de la iglesia; se compone de un solo cuerpo cuya hermosa fachada de tres castillos de tubos tiene al centro el escudo de la orden, se puede admirar su belleza desde casi cualquier rincón del templo. Al igual que todos los otros que construye en La Habana, su sistema de trasmisión es electro-neumático, de tal manera que las válvulas que abren o interrumpen el flujo de aire hacia los tubos son accionadas por electroimanes. En la organería tradicional esta función es totalmente mecánica; pero se eligió este sistema a base de electricidad, recordemos que Guillermo había estudiado electrónica. Aunque la corriente quitaba el encanto artesanal del órgano mecánico, se mantenía el concepto esencial de tubos sonados por viento.

Detalle de la fachada del órgano de los Pasionistas. Foto autor.

Órgano de los Pasionistas. Foto autor.

Guillermo Aizpuru y la consola del órgano de los Pasionistas. Archivo familiar, cortesía Ander Aicrag

Guillermo Aizpuru y sus compañeros de trabajo frente al órgano de los Pasionistas. Archivo familiar, cortesía Ander Aicrag Urupzia

De la empresa Organería Española, S.A., de su pueblo natal de Azpeitia, obtenía los tubos y otras partes y piezas. Cabe destacar que cada instrumento es único: según las necesidades espaciales, la proyección tímbrica, el estilo o el repertorio que se vaya a ejecutar, adquiere características peculiares. Los trabajos de carpintería y montaje se realizaban en La Habana, donde contaba con un taller, cercano también a la iglesia de los Pasionistas.

Organería Españpla S.A. en Azpetia.Archivo familiar, cortesía Ander Aicrag Urupzia (nieto).

La consagración de toda su obra fue el órgano monumental para la iglesia de Jesús de Miramar, considerado en su época uno de los más grandes de América: se compone de dos consolas, la principal de cuatro teclados manuales y uno de pedales, y una consola secundaria; en total 73 registros musicales, 4500 válvulas, 6 mil tubos que van desde pocos centímetros hasta 7 metros de largo; tiene cinco cuerpos de madera ubicados por toda la iglesia y se utilizaron más de 80 km de cables delgados para su electrificación. Fue inaugurado en 1956 con un concierto del padre Esteban de Cegoñal, organista de la iglesia de Jesús de Medinaceli de Madrid, músico consagrado, de profunda sabiduría en la interpretación y famoso por su depurada técnica, limpieza y exquisita sensibilidad. Desgraciadamente esta magna obra del patrimonio musical cubano se encuentra actualmente en estado de ruina.

Órgano de la iglesia de Jesús de Miramar recién terminado. Archivo familiar, cortesía Ander Aicrag Urupzia (nieto).

Órgano de la iglesia de Jesús de Miramar. Foto autor.

Consola del órgano de la iglesia de Jesús de Miramar. Archivo familiar, cortesía Ander Aicrag Urupzia (nieto).

Guillermo Aizpuru y padre Esteban de Cegoñal en la consola del órgano de la iglesia de Jesús de Miramar. Archivo familiar, cortesía Ander Aicrag Urupzia (nieto).

Consola del órgano de la iglesia de Jesús de Miramar en la actualidad. Foto autor.

Otros órganos que construyó son los de las iglesias de Nuestra Señora del Carmen, en Infanta y Neptuno; Santa Rita de Casia, en Quinta Avenida; y el Monasterio de Santa Teresa de Jesús, en el Vedado. También trabajó en el órgano de la iglesia de Reina, adaptándolo al sistema electroneumático. Asimismo, construyó un órgano en Venezuela, y varios en el País Vasco llevan su sello. Falleció en 2014, a los 97 años de edad. Su esposa tiene actualmente 90 años; ella y sus descendientes recuerdan con mucho amor sus años en Cuba y los lazos que los conectan a este maravilloso archipiélago.

Órgano de la iglesia de Nuestra Señora del Carmen recién terminado. Archivo familiar, cortesía Ander Aicrag Urupzia (nieto).

Órgano de la iglesia de Nuestra Señora del Carmen en la actualidad. Foto autor.

Órgano de la iglesia de Santa Rita de Casia. Foto autor.

Órgano del monasterio de Santa Teresa de Jesús. Foto autor.

Órgano de la iglesia de Reina. Foto autor.

Aspecto interior del órgano de Santa Rita de Casia. Foto autor.

Aspecto interior del órgano del monasterio de Santa Teresa de Jesús. Foto autor.

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