Imprimir
Inicio »Especiales, Salud  »

Qué tan preocupante es el brote de ébola que ya causó 139 muertes y se está propagando más rápido de lo que se pensaba, según la OMS

| 1 |

Antes de entrar al hospital Kyeshero, en Goma, a los pacientes y visitantes se les pide lavarse las manos y se les toma la temperatura

El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, dijo este miércoles que el riesgo del actual brote de ébola en la República Democrática del Congo es alto a nivel regional, pero que todavía sigue siendo de baja preocupación a nivel mundial.

El funcionario indicó que se estima que el brote ha dejado 139 muertos y 600 posibles infectados.

También señaló que hay un riesgo mayor de transmisión debido a un significativo movimiento de la población en la zona donde se detectó el brote, una región en la que miles de personas han sido desplazadas por el conflicto armado.

El comité de emergencia de la OMS advirtió que tomaría varios meses desarrollar una potencial vacuna para el virus ébola Bundibugyo.

Aunque el gobierno del país centroafricano asegura que sus equipos sanitarios trabajan para contener la enfermedad, en las últimas horas se han encendido las alarmas debido a la confirmación de nuevos casos en la provincia de Kivu del Norte y en la ciudad de Goma, fuera de la provincia de Ituri, donde el pasado 24 de abril se reportó el primer contagio.

La propagación de la enfermedad también ha sido verificada por organismos independientes, como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), que informaron sobre dos casos y una muerte en la vecina Uganda.

Ghebreyesus había expresado el martes su preocupación por “la magnitud y la velocidad” del brote, al que calificó como una emergencia internacional.
Al mismo tiempo, fuentes de la OMS dijeron que los casos podrían estar propagándose más rápido de lo que se pensaba originalmente.

En cualquier caso, la declaración de una emergencia de salud pública de importancia internacional por parte de la OMS no significa que nos encontremos en las etapas iniciales de una pandemia al estilo del covid.

El riesgo que el ébola representa para el mundo entero sigue siendo ínfimo. Incluso durante el brote de 2014-2016 solo se registraron un puñado de casos fuera de África y la mayoría correspondían a trabajadores sanitarios que se habían ofrecido como voluntarios para prestar ayuda.

“No obstante, esto refleja que la situación es lo suficientemente compleja como para requerir coordinación internacional", afirmó la doctora Amanda Rojek, del Instituto de Ciencias de las Pandemias de la Universidad de Oxford.

La República Democrática del Congo cuenta con una amplia experiencia en el manejo de brotes de ébola, y la respuesta es "significativamente más sólida hoy que hace una década", afirmó por su parte la doctora Daniela Manno, de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres.

Si este brote logra contenerse rápidamente o si, por el contrario, se descontrola hasta convertirse en una repetición de lo ocurrido hace poco más de una década, dependerá de la respuesta que se dé ahora.

La situación actual

Las autoridades de la República Democrática del Congo afirman estar trabajando para controlar el brote, pero el mismo se ha extendido a otras zonas del país.

Aunque el actual brote todavía no se considera una epidemia, son varias las razones que preocupan a las autoridades y a los expertos sanitarios.
El primero es que los casos se han producido en una zona del mundo donde se registra una guerra civil, lo cual complica su detección y combate.

“El brote de ébola representa una nueva crisis masiva que se suma a una situación ya de por sí difícil (...) Se produce en una zona de conflicto, una zona de crisis humanitaria, con cientos de miles de personas desplazadas y sistemas de salud ya gravemente comprometidos”, advirtió Greg Ranm, director de la organización Save the Children.

Cinco millones de personas, entre ellas unos 2,5 millones de niños, se encuentran desplazadas internamente, mientras que 15 millones más necesitan asistencia humanitaria, de acuerdo con la organización.

El director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, se ha mostrado alarmado por la velocidad con la que se está propagando la enfermedad.

La segunda razón es que la cepa causante, la Bundibugyo, es de la que menos información se tiene.

“El virus Bundibugyo es el descubierto más recientemente. Fue hallado en 2007 y causa la muerte en aproximadamente el 30% de las personas que lo contraen”, apuntaron los CDC.

Por su parte, la OMS, en un comunicado publicado el sábado, advirtió que las tasas de letalidad en los dos últimos brotes notificados en Uganda y la República Democrática del Congo en 2007 y 2012 “oscilaron entre aproximadamente el 30% y el 50%”.

Entre 2014 y 2016 se registró el mayor brote de ébola hasta el momento, el cual dejó 28.600 personas contagiadas en África Occidental y 11.308 fallecidos, según datos de los CDC.

La cuestión ahora es que “no existe una vacuna aprobada ni un tratamiento específico para el virus Bundibugyo”, alertó Alimuddin Zumla, profesor de enfermedad infecciosas de la University College London, en un artículo publicado en The Conversation.

Además, las pruebas para determinar si alguien está infectado no parecen ser muy eficaces. Los resultados iniciales del brote dieron negativo para el virus del ébola y se necesitaron otras más sofisticadas.

“Lidiar con Bundibugyo es una de las preocupaciones más importantes” en este brote, afirmó a la BBC Trudie Lang, profesora de la Universidad de Oxford y jefa de la Red Global de Salud.

Para reducir los riesgos de que el brote se convierta en una epidemia, la OMS ha pedido a las autoridades de la República Democrática del Congo y Uganda, así como las de la vecina Ruanda, reforzar la vigilancia sanitaria fronteriza.

Por su parte, países como EE.UU. han pedido a sus ciudadanos evitar viajar a la zona y también han prohibido la entrada de su territorio a personas que hayan estado en la República Democrática del Congo y Uganda en las últimas semanas.

Cinco décadas de dudas

El ébola es una enfermedad “grave, a menudo mortal, que afecta a los seres humanos y a otros primates”, se lee en la página web de la OMS.

El virus se transmite a las personas a partir de animales salvajes —como murciélagos frugívoros, puercoespines, chimpancés y otros primates— y “luego se propaga en la población humana a través del contacto directo con la sangre, las secreciones, los órganos u otros fluidos corporales de las personas infectadas, y con superficies y materiales (por ejemplo, ropa de cama, ropa) contaminados con estos fluidos”, agrega el organismo dependiente de Naciones Unidas.

La afección fue descubierta en 1976 en la República Democrática del Congo, entonces conocida como Zaire, en la cuenca del río Ébola, de allí su nombre.

Desde su detección, los científicos han identificado al menos seis cepas distintas, de las cuales cuatro afectan a las personas, entre ellas la Bundibugyo, según los CDC.

Sin embargo, cinco décadas y alrededor de 40 brotes después todavía hoy hay más dudas que certezas sobre él.

Así, por ejemplo, los científicos sospechan que los murciélagos frugívoros (murciélagos de la fruta) son huéspedes naturales del virus, pero no están 100% seguros.

Síntomas y grupos de riesgo

En los últimos años se han desarrollado vacunas contra algunas cepas del ébola, pero no en contra de la que actualmente se está propagando.

Una persona que ha estado en contacto con algunas de las variantes del virus puede comenzar a presentar síntomas entre 2 y 21 días después.

Fiebre, fatiga, dolor muscular, dolores de cabeza y de garganta son los primeros síntomas. A estos suelen seguir vómitos, diarrea, dolor abdominal, erupción cutánea y signos de insuficiencia renal y hepática, lo que facilita que se confunda con otras enfermedades como la gripe, la malaria, la fiebre tifoidea o la meningitis.

Debido a la similitud de los síntomas, las pruebas no solo son necesarias para identificar con precisión la enfermedad, sino que “son esenciales para brindar el tratamiento adecuado”, explica la OMS.

En casos menos frecuentes, los contagiados pueden presentar hemorragias internas y externas, como supuración de las encías y sangre en las heces, apuntan los CDC.

De acuerdo con la OMS, los profesionales de la salud, los cuidadores y los familiares de los enfermos son quienes tienen más probabilidades de resultar contagiados.

“En brotes anteriores de ébola, los niños pequeños infectados a través del contacto con cuidadores y familiares enfermos a menudo han sufrido una alta mortalidad”, recordó Save the Children.

“Debido a la alta tasa de mortalidad del virus del ébola, muchos niños pueden perder a uno o ambos padres durante un brote y enfrentarse a la estigmatización, el aislamiento o el abandono”, añadió la organización.

La prevención, la mejor arma

El personal sanitario encabeza la lista de grupos con mayor riesgo de contraer el ébola, según la OMS.

Aunque ya se han desarrollado vacunas y tratamientos contra otras variantes del ébola, las autoridades y expertos consideran que el mejor remedio es la prevención. Por ello recomiendan medidas como:

-Evitar el contacto físico con personas sospechosas o confirmadas de padecer la enfermedad.

-No manipular cuerpos de fallecidos sin protección adecuada.

-Lavarse las manos con regularidad.

-En el caso particular de la cepa Bundibugyo, al no haber medicamentos aprobados, el tratamiento se basa en cuidados paliativos optimizados: control del dolor, manejo de infecciones, hidratación y nutrición.

La atención temprana aumenta las probabilidades de supervivencia, afirman desde la OMS y el CDC.

(Con información de BBC News Mundo)

Se han publicado 1 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Prof. Dr. C. José Luis Aparicio Suárez dijo:

    Ébola. Una enfermedad altamente transmisible y letal.

    La Dirección Nacional de Posgrado del MINSAP considera que la enfermedad por virus del Ébola es una zoonosis viral grave, a menudo letal, causada por virus del género Ebolavirus, perteneciente a la familia Filoviridae.

    Se caracteriza por un síndrome febril agudo que puede evolucionar hacia compromiso multisistémico, alteraciones de la coagulación y fallo orgánico.

    Desde su identificación en 1976 en África central, ha ocasionado brotes esporádicos, con una letalidad variable que puede superar la mitad de los casos en ausencia de atención adecuada.

    El agente etiológico comprende varias especies, entre ellas Zaire ebolavirus, responsable de la mayoría de los brotes y de las formas más graves en humanos.

    El reservorio natural más aceptado son los murciélagos frugívoros, aunque la evidencia continúa en evolución. Otros animales, como primates no humanos, pueden actuar como huéspedes intermediarios y fuente de infección para las personas.

    La transmisión ocurre por contacto directo con sangre, secreciones, órganos u otros fluidos corporales de personas infectadas, vivas o fallecidas.

    También puede producirse por exposición a superficies y materiales contaminados.

    El virus ingresa a través de mucosas o soluciones de continuidad en la piel.

    No se transmite por vía aérea en condiciones habituales.

    Las prácticas funerarias sin medidas de protección han sido un factor determinante en la amplificación de brotes.

    El personal de salud constituye un grupo de alto riesgo cuando no dispone de equipos de protección adecuados.

    Desde el punto de vista fisiopatológico, el virus muestra tropismo por células del sistema inmunitario, especialmente monocitos, macrófagos y células dendríticas. Esto desencadena una respuesta inflamatoria desregulada con liberación masiva de mediadores proinflamatorios.

    Se produce daño endotelial difuso, aumento de la permeabilidad vascular, coagulopatía y necrosis tisular en múltiples órganos, incluyendo hígado, riñones y glándulas suprarrenales.

    La alteración de la respuesta inmune innata y adaptativa contribuye a la progresión de la enfermedad.

    El cuadro clínico inicia tras un periodo de incubación que suele oscilar entre dos y veintiún días.

    Los síntomas iniciales son inespecíficos e incluyen fiebre, debilidad intensa, cefalea, mialgias y odinofagia.

    Posteriormente pueden aparecer vómitos, diarrea profusa, dolor abdominal y exantema.

    En fases avanzadas se observan manifestaciones hemorrágicas en una proporción variable de pacientes, así como signos de shock, disfunción multiorgánica y alteraciones neurológicas.

    La evolución puede ser rápida, especialmente en ausencia de soporte intensivo.

    El diagnóstico se basa en la sospecha clínica asociada a antecedentes epidemiológicos de riesgo, confirmada mediante técnicas de laboratorio.

    La reacción en cadena de la polimerasa (PCR) con transcriptasa inversa permite la detección del material genético viral en sangre u otros fluidos.

    También se emplean pruebas de detección de antígenos y, en fases posteriores, serología para anticuerpos.

    El manejo de muestras requiere estrictas condiciones de bioseguridad.

    El diagnóstico diferencial incluye otras enfermedades febriles agudas frecuentes en regiones endémicas, como malaria (paludismo), fiebre tifoidea, leptospirosis y otras fiebres hemorrágicas virales, así como infecciones bacterianas sistémicas.

    La superposición clínica obliga a un enfoque diagnóstico amplio en etapas iniciales.

    El tratamiento actual combina medidas de soporte intensivo con terapias específicas.

    La reposición adecuada de líquidos y electrolitos, el mantenimiento de la oxigenación, el manejo del shock y el tratamiento de infecciones concomitantes son fundamentales.

    En los últimos años se han desarrollado anticuerpos monoclonales con eficacia demostrada en ensayos clínicos, que han mejorado la supervivencia cuando se administran de forma temprana.

    La atención en centros especializados con protocolos estrictos ha reducido significativamente la letalidad en brotes recientes.

    Las complicaciones incluyen shock hipovolémico, insuficiencia renal aguda, daño hepático severo, trastornos de la coagulación y fallo multiorgánico.

    En los supervivientes pueden presentarse secuelas a largo plazo, como fatiga persistente, alteraciones oculares, dolor articular y trastornos neuropsicológicos.

    La persistencia del virus en ciertos reservorios corporales, como el semen, tiene implicaciones para la transmisión posterior.

    El pronóstico depende de múltiples factores, entre ellos la carga viral inicial, la rapidez en el acceso a atención médica adecuada y la respuesta inmunitaria del paciente.

    La introducción de tratamientos específicos y mejoras en el soporte clínico han contribuido a disminuir la mortalidad, aunque la enfermedad sigue siendo de alta gravedad.

    La prevención se basa en la interrupción de la cadena de transmisión. Esto incluye la identificación temprana de casos, el aislamiento seguro, el rastreo y seguimiento de contactos y el uso riguroso de equipos de protección personal por parte del personal sanitario.

    La educación comunitaria es esencial para modificar prácticas de riesgo, especialmente en el cuidado de enfermos y en rituales funerarios.

    Existen vacunas efectivas, como la basada en vector recombinante, que han demostrado alta eficacia en la prevención de la infección por la especie Zaire ebolavirus, y se utilizan en estrategias de vacunación en anillo durante brotes.

    La cooperación internacional, la vigilancia epidemiológica continua y el fortalecimiento de los sistemas de salud son elementos clave para el control sostenido de esta enfermedad.

Se han publicado 1 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Vea también