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Che y Fidel. Foto: Archivo.

Lo piensa, pero no se lo dice. ¡Qué va, de eso nada! Al final del encuentro, cuando ya no aguanta más, lo "desobedece" y lo elogia. "¿Qué puedo darle yo en cambio de esos dones, que si fuera creyente, llamaría «del cielo»? Nada salvo decirle lo que a nadie, nunca, me he sentido impulsada a decir: que desearía ser su madre".