Fidel Castro: “Cuba, en su Revolución, es invencible” (+Fotos y Audio)

Fidel Castro en la concentración celebrada en Santiago de Cuba, el 11 de marzo de 1959. Foto: Sitio Fidel Soldado de las Ideas
El 11 de marzo de 1959, Fidel Castro se dirige al pueblo de Santiago de Cuba en un discurso único, sincero y desde el corazón, donde comparte sus emociones y revela lo que significaba para él ocupar el cargo de Primer Ministro.
En sus palabras, enfatiza que su objetivo no era buscar reconocimientos ni beneficios personales, sino cumplir con su responsabilidad de servir al pueblo: “Mi deber era servir al pueblo. Me tocó a mí como le pudo tocar a otro, y yo lo que hago es cumplir con mi deber, cumplir con un sentimiento. No quiero premio ni en esta vida ni después de muerto”.
Iniciando su discurso, enfatizó que el pueblo es la fuerza de la Revolución, reuniéndose para demostrar a los enemigos el sólido respaldo que posee. Además, denunció enérgicamente actos contrarrevolucionarios, argumentando que no se puede tolerar la agresión al pueblo y que los responsables de tales crímenes no deben quedar impunes.
Expresa su amor incondicional por las provincias de Oriente y su convicción en la invencibilidad de la Revolución cuando todos trabajan.
En ocasión de cumplirse 65 años de sus palabras Cubadebate y el sitio Fidel Soldado de las Ideas comparten fragmentos de aquella emotiva alocución.
¿Por qué, sin embargo, fue necesario reunir al pueblo?
Yo les explicaba que hoy cuando me preguntaban por qué no me reunía con el pueblo, les explicaba que estaba trabajando; que yo no tenía por qué estar dando un acto en todas partes; que yo no tenía por qué estar agitando dondequiera que llegase; que yo reuniría a los santiagueros y al pueblo de Oriente cada vez que fuese necesario, pero que si yo venía a Oriente para visitar la Sierra Maestra, para inspeccionar una cooperativa, para atender cualquier problema, no tenía que estarme exhibiendo, porque mi trabajo no es estarme exhibiendo, mi trabajo no es estar agitando.
Sin embargo, esta vez fue necesario reunir a los orientales. ¿Para hablarles solamente? ¡No! Yo le puedo hablar al pueblo a través de la radio, a través de la televisión... (EXCLAMACIONES DE: “¡No se oye!”). Les decía que yo podía hablarle al pueblo de distintos modos: por la radio, por la televisión, por la prensa.
¿Por qué, sin embargo, fue necesario reunir al pueblo? Fue necesario reunirlo porque el pueblo es la fuerza de la Revolución; fue necesario reunirlo para demostrar la fuerza de la Revolución.
Los sacrificios que ustedes han hecho acudiendo aquí desde todos los rincones de Oriente, no son sacrificios inútiles. Han venido aquí a respaldar con su presencia al Gobierno Revolucionario; han venido aquí a demostrar con el número de compatriotas que se ha reunido, la fuerza de la Revolución; han venido aquí para demostrar que la Revolución tiene respaldo, que la Revolución es fuerte, que la Revolución está alerta, que la Revolución es invencible.
Reunir aquí al pueblo es un paso de avance revolucionario. No hemos reunido al pueblo por gusto, lo hemos reunido cuando la Revolución comenzó a encontrar los primeros enemigos, cuando la Revolución comenzó a encontrar la primera oposición. No es que la Revolución haya carecido de enemigos desde el primer momento, hay ciudadanos que son enemigos natos de la Revolución, que son enemigos de todas las revoluciones, pero no surgieron desde el primer día. Los enemigos de la Revolución estaban silenciosos, no se atrevían a hablar en los primeros días. Pero todos sabíamos que cuando las aguas fuesen poco a poco volviendo a su nivel, los enemigos de la Revolución comenzarían a asomar sus orejas.
Y ha sido aquí, precisamente, en la provincia de Oriente, la provincia que llevó todo el peso, o mejor dicho, el peso principal de la lucha contra la tiranía, la provincia heroica, la provincia revolucionaria donde, junto a ese espíritu heroico y patriótico de la inmensa mayoría del pueblo oriental, comenzaron a surgir las primeras manifestaciones contrarrevolucionarias.
Un incidente sirvió como pretexto: el incidente de los pilotos. ¿Qué se quería? ¿Qué se pretendía? ¿Que los pilotos fuesen absueltos? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Qué se pretendía, que el pueblo de Oriente, que sabe lo que son bombardeos y ametrallamientos; que el pueblo de Oriente, que sabe lo que son los ataques aéreos porque los sufrió durante dos años y los sufrió en toda la provincia, porque no hubo lugar de Oriente donde no hiciesen acto de presencia los aviones de ametrallamiento y bombardeo piloteados por criminales de guerra...?
¿Quién no sabe aquí lo que es un B-26 cargado de bombas? ¿Quién no sabe aquí lo que son los aviones de caza ametrallando con ocho ametralladoras calibre 50? ¿Quién no sabe aquí lo que son los cohetes? ¿Quién no sabe aquí lo que son las bombas de napalm? ¿Quién no sabe aquí el terror que sembraron durante dos años? ¿Y qué se pretendía? Inferir al pueblo de Oriente la humillación de que los criminales de guerra, los más cobardes criminales de guerra, que fueron los pilotos, porque volaban bajito, porque sabían que no teníamos antiaéreas, porque sabían que el pueblo estaba indefenso… ¿Qué se pretendía, que los pusiésemos en libertad? (EXCLAMACIONES.) ¿Qué se pretendía? ¿Inferir al pueblo de Oriente esa humillación?
El incidente de los pilotos sirvió para demostrar lo que es la irresponsabilidad, lo que es la falta de patriotismo, lo que es la conducta de aquellos elementos de la sociedad que viven desvinculados por completo del dolor y de los sentimientos del pueblo.
¿Qué ocurrió a raíz de la sentencia que absolvía a los pilotos criminales? ¿Qué ocurrió? Pues recibo la noticia por los periódicos: “Absueltos los pilotos.”
¿Qué hice? ¿Cómo reaccioné? Es cierto que se trataba del Primer Ministro, es cierto que tengo una responsabilidad oficial. Pero también es cierto que antes que Primer Ministro y primero que Primer Ministro y siempre antes que Primer Ministro, seré revolucionario (APLAUSOS).
Yo no hice revolución para ser ministro; yo no hice revolución para ostentar cargos. Yo hice la revolución, yo inicié esta lucha revolucionaria, convoqué al pueblo a la lucha, logré el respaldo del pueblo y junto con el pueblo se hizo esta Revolución, primero, para derrocar la tiranía y, después, para hacer justicia (APLAUSOS). Los cargos no me importan.
Antes que nada, yo sabía que algunos me iban a criticar, yo sabía que algunos iban a sacar a relucir que yo no debía hacer declaraciones sobre una cuestión como esa, puesto que por ser Primer Ministro podía interpretarse como una interferencia en las actividades de los Tribunales Revolucionarios. Yo lo sabía y eso no me importó. Lo que no me hubiera perdonado nunca, lo que hubiera constituido un abandono de mis deberes como revolucionario, lo que hubiera constituido una falta a mis obligaciones para con la nación, hubiera sido permitir que esos pilotos hubiesen sido puestos en libertad. Que después que los libertásemos, se marchasen de nuevo a Santo Domingo, se uniesen allí con el resto de los pilotos criminales que lograron escapar y algún día volviesen a Cuba a bombardear los bohíos de los campesinos, a bombardear las casas de las familias cubanas, a bombardear nuestras ciudades; a asesinar mujeres, niños y ancianos, sencillamente, porque en Cuba se habría declarado que asesinar, que bombardear, que ametrallar ciudades indefensas, que ametrallar y bombardear bohíos indefensos, no era delito y que, por lo tanto, podían volver aquí cuantas veces les viniese en gana.
Como se trataba de una cuestión que afectaba la seguridad del pueblo, sin vacilaciones —¡sin vacilaciones de ninguna índole!— hice unas declaraciones diciendo que el fallo era un fallo erróneo, y que el Ministerio Fiscal debía apelar la sanción. Si cuando el criminal de guerra es sancionado, tiene derecho a apelar o a pedir una revisión del juicio, ¿por qué el pueblo —el pueblo que son ustedes, el pueblo que sufrió los bombardeos, el pueblo que sufrió la tiranía— no va a tener derecho también a pedir que una sentencia errónea se rectifique, a pedir que un juicio erróneo se rectifique? ¿Por qué el pueblo no va a tener los mismos derechos que tiene el criminal de guerra? Si el criminal de guerra tiene derecho a recurrir, ¡el pueblo también tiene derecho a recurrir! (APLAUSOS.)
Peor estaba el pueblo bajo la tiranía, porque cuando los aviones venían, cuando los bombarderos venían y ponían en peligro a las mujeres y a los hijos de los campesinos, no tenían a quién recurrir, no tenían a quién llamar, no tenían a quién apelar. Tenían que resignarse a soportar el bombardeo, y no un día, sino todos los días; no un mes, sino dos años. ¡Dos años soportando bombardeos, sin tener a quién acudir, sin tener a quién recurrir!
Así que cuando llegó la hora —porque a cada santo se le llega su día, como dice el refrán—, cuando les llegó la hora y cuando se hace una sentencia errónea, ¿por qué el pueblo no iba a tener derecho a recurrir? ¿Qué querían, que los pilotos se fueran? ¿Qué querían, que nos volvieran a bombardear? Porque si estos eran inocentes, los que se escaparon también eran inocentes. Y si no es crimen bombardear, entonces cualquier día Trujillo puede armar a esos pilotos, venir, tirar, y entonces no es delito. Eso era lo que querían: tener al pueblo indefenso, exponer al pueblo a nuevos peligros.
Y lo bonito es que, si vuelven aquí los criminales de guerra a bombardear, “no son esos abogados los que van a salir a defender al pueblo, no son esos abogados los que van a salir a pelear, no; es el pueblo. Porque si hay libertad en Cuba, si ellos pueden hablar hoy en los tribunales, si pueden sacar declaraciones insultantes en los periódicos, declaraciones mentirosas —porque pedían garantías para el ejercicio de su profesión y, ¿quién los molestó? ¿Quién los entorpecía? Hablaron allí hasta por los codos, dijeron todo lo que quisieron, fueron a los periódicos, publicaron cuadros; nadie se metió con ellos. Dijeron que eso era injusto, dijeron que eso era violar las leyes, dijeron cuanto se les ocurrió en favor de los criminales de guerra, y nadie los molestó—, si ellos tienen hoy esa libertad, no es porque estaban peleando para conquistarla; si ellos tienen esa libertad, a quien se la tienen que agradecer es al pueblo, a quien se la tienen que agradecer es a esos mismos campesinos que soportaron los bombardeos. Es al mismo pueblo que, en el campo y en las ciudades, luchó junto al Ejército Rebelde, colaboró con todos los medios a su alcance, hizo todos los sacrificios necesarios y obtuvo la victoria.
Pues, claro, ¿qué otra cosa iba a hacer el señor D'Acosta que lo que hizo en el juicio de Santiago de Cuba? ¿Qué otra cosa iba a hacer, si cuando el pueblo estaba sufriendo los bombardeos, él era abogado del ejército de la tiranía? (EXCLAMACIONES.) Si cuando el pueblo estaba sufriendo los bombardeos y el pueblo estaba peleando, él estaba en Columbia, con un uniforme amarillo, cobrando un sueldo y viviendo allí encantado de la vida.

Fidel Castro en la concentración celebrada en Santiago de Cuba, el 11 de marzo de 1959. Foto: Sitio Fidel Soldado de las Ideas
Viene la Revolución, triunfa la Revolución. El Ejército Rebelde es generoso: busca solo a los criminales de guerra, somete a juicio solamente a los criminales de guerra, e incluso —por lo generoso que fue, porque no quería ensañarse contra el vencido, porque no albergaba odio—, permitió que algunos de esos señores siguieran en su profesión, siguieran de auditores, siguieran, incluso, en los institutos armados. Digo algunos, porque a la inmensa mayoría hubo que sacarla; la inmensa mayoría se rindió. Era un ejército derrotado; pero nosotros no quisimos ensañarnos con ese ejército, y muchos oficiales permanecieron en sus cargos. A aquellos que no habían robado, que no habían asesinado a nadie, pues se lo quisimos tener en cuenta. Porque yo recuerdo bien que cuando nosotros estábamos en la Sierra Maestra, lo mismo que odiábamos a un Sosa Blanco, a un Sánchez Mosquera, a un Morejón, cuando un oficial iba con su tropa y no quemaba casas, y no golpeaba campesinos, y no asesinaba campesinos, nosotros reconocíamos que era un oficial que, aunque defendiendo una causa mala, por lo menos se portaba caballerosamente con el pueblo (APLAUSOS).
Pero este señor ni peleó en el frente. No tuvo oportunidad de probar lo que era. Posiblemente si hubiera estado al frente de la tropa, hubiera sido tan asesino como Sánchez Mosquera o hubiera sido tan asesino como Sosa Blanco; si no, basta con ver el entusiasmo, el fervor y el interés con que ha defendido a los criminales de guerra. Si fuera un hombre con sentimientos humanos, no hubiera demostrado tanto calor al defender a esos asesinos.
Aquí el problema no estaba en que defendiera o en que no defendiera, el problema no estaba en eso, porque nosotros mismos hemos sido los primeros en establecer que el criminal de guerra tiene derecho a un abogado. Y cuando nadie quiere defenderlo, nosotros mismos le hemos puesto un abogado para que no quede indefenso. Lo malo fue que los defensores de los criminales de guerra no hicieron alegatos jurídicos sino alegatos políticos. Se valieron de la oportunidad para empezar a combatir a la Revolución, para empezar a calumniar a la Revolución.
Y en los momentos en que nuestra patria, nuestro pueblo está siendo calumniado y está siendo atacado por los enemigos de la Revolución Cubana, por los periodistas mercenarios de algunos periódicos extranjeros que se venden al dinero y al oro del tirano; cuando los representantes de los intereses creados, de los intereses monopolistas extranjeros, atacan a la Revolución —que quiere decir atacar al pueblo, lo que quiere decir atacar a la patria—, salen estos elementos contrarrevolucionarios, salen estos elementos reaccionarios a hacer causa común con los enemigos de Cuba, con los enemigos de la Revolución, a darle pretexto a la campaña de difamación internacional, a darles pretexto a los enemigos de Cuba para que nos ataquen, e inmediatamente que el Colegio de Abogados de aquí tomó un acuerdo, sus colegas de la capital se sumaron también y apoyaron este acuerdo, y sus colegas del Colegio Nacional se sumaron también y apoyaron este acuerdo. ¿Qué impresión y qué sensación estaban dando fuera de Cuba? Pues estaban dando la impresión de que aquí no había justicia.
Y cuando los muy ilustres y los muy distinguidos señores ejecutivos del Colegio de Abogados y del foro —como se les llama— hacían unas declaraciones de que aquello no era justo, de que se violaban las leyes, estaban queriendo dar a entender al extranjero que en Cuba no había justicia, que en Cuba estábamos viviendo igual que antes, que en Cuba no se respetaban los derechos. Estaban dándoles argumentos a los enemigos de Cuba en el extranjero; estaban dándoles aliento para que siguieran en su campaña criminal. Luego no era una cosa insignificante el peligro que significaba el problema de los aviadores en Santiago de Cuba.
Fueron tres peligros que nosotros estábamos en la obligación de conjurar:
El peligro de que los soltaran y vinieran después a bombardear otra vez. Todo el mundo sabe que al lado de Cuba está Santo Domingo, más cerca de Oriente precisamente que de ninguna otra provincia. Todo el mundo sabe que en Santo Domingo está Fulgencio Batista. Todo el mundo sabe que en Santo Domingo hay muchos criminales de guerra. Todo el mundo sabe que allí está Trujillo, que lleva cerca de 30 años oprimiendo aquel país. Todo el mundo sabe que Trujillo es un enemigo de Cuba. Todo el mundo sabe que Trujillo es el que les ha dado asilo, el que les ha dado albergue a los prófugos; no solamente se lo dio ahora, se lo dio también cuando el machadato. Todo el mundo sabe que Trujillo es un asesino internacional. Todo el mundo sabe que Trujillo es un dictador internacional. Todo el mundo sabe que los agentes de Trujillo asesinan a sus enemigos, asesinan a los exilados políticos fuera del país, lo mismo en Cuba, que en México, que en Estados Unidos, que en cualquier parte. Todo el mundo sabe que Trujillo tiene una especie de terror internacional implantado. Todo el mundo sabe que Trujillo, por hacerle daño a Cuba, es capaz de cualquier cosa.
Y lo que se pretendía es que, además de los 27 aviadores que se escaparon, les mandáramos a Trujillo y a Batista completico el resto de los aviadores. Unos aviadores que se pasaron dos años bombardeando; unos aviadores que practicaron durante dos años contra el pueblo; unos aviadores que aprendieron a tirar bombas y a ametrallar; unos aviadores entrenados, que conocen el terreno, que conocen cada pueblo, que conocen cada aldea, que conocen cada río, que conocen cada montaña.
Y, ¿qué es lo que querían, qué es lo que pretendían los que aquí enarbolaron la defensa política, los que aquí comenzaron a atacar a la Revolución porque no poníamos en libertad a los pilotos criminales? ¿Qué es lo que pretendían? ¿Qué les enviásemos a Batista y a Trujillo sus pilotos, sus técnicos para que volviesen a atacarnos? Y cuando así se actúa, ¿se puede ser patriota? Cuando así se actúa, ¿se puede ser honesto? Cuando así se actúa, ¿se puede ser honrado? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Y cuál era mi deber, permitir que soltaran a esos pilotos? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Permitir que quedasen impunes sus crímenes? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Permitir que Batista y Trujillo se armasen de nuevo a costa del pueblo? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) Cuando incluso hay en Santo Domingo cinco aviones, cinco aviones cubanos, cinco aviones de los que se fueron, cinco aviones que se llevaron los criminales de guerra en su fuga, cinco aviones que pertenecen a Cuba, cinco aviones que pertenecen al pueblo; cuando están allí, cuando no los han querido devolver todavía, ¿quieren que encima les mandemos los pilotos? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)
Y no han devuelto los aviones porque, según dice Trujillo, esos aviones volaban sobre el cielo dominicano y, por lo tanto, fueron confiscados; eran naves extranjeras volando sobre el cielo dominicano. ¡No podía ser más descarado! Porque, precisamente, fueron allí porque era el único lugar donde los iban a recibir al seguro, sin problemas. Además, enseguida los recibió como lo que son: sus aliados. Y sin embargo, los aviones no los devuelve porque eran naves extranjeras. El avión donde se fue Batista, el socio de Trujillo, el avión que le robaron a Cuba, dice que son naves extranjeras volando sobre el cielo dominicano y que, por lo tanto, se queda con él.
Su actitud no puede ser más provocativa; la actitud de nosotros no ha podido ser más serena, más ecuánime. Incluso por primera vez, después de 70 días, es que hablo de este tema. No ha podido ser más serena la actitud nuestra frente a la provocación del criminal Trujillo. Hace ya mucho rato que Trujillo está interviniendo en los problemas de Cuba; hace ya mucho rato que Trujillo está perturbando los pueblos del Caribe. No solamente fue la matanza de 10 000 haitianos. Han sido sus crímenes cometidos en distintos países contra exilados dominicanos; han sido las intervenciones en Cuba, cuando el machadato y, con posterioridad, en reiteradas ocasiones. Y ahora se queda con los aviones de Cuba y no le da la gana de devolverlos, tranquilamente. ¿Qué es eso si no una provocación? ¿Qué es eso si no una ofensa a nuestro pueblo?
Desde luego, les voy a decir una cosa, les voy a explicar una de las razones: este caso de Trujillo demuestra que nosotros sabemos actuar con serenidad, porque todo el mundo sabe la mala voluntad que el pueblo de Cuba le tiene a Trujillo. ¿Por qué ni me he molestado? Pues sencillamente, por una razón, por una convicción moral. Si en Santo Domingo hubiera un gobierno de tipo democrático o semidemocrático, pues valdría la pena entonces reclamar los aviones y que los devolvieran. Desde luego, los aviones se han reclamado por vía diplomática, pero ustedes han visto que yo no había hablado siquiera de ese tema, y es que, sencillamente, a mí me repugna dirigirme a un dictador como Trujillo, a mí me repugna dirigirme a un sujeto como Trujillo, a mí me repugna establecer ninguna clase de negociación con un gángster como Trujillo. Y esa es una de las razones por las cuales yo ni me he molestado.
Esos aviones, o los restos de esos aviones, algún día tendrá que devolvérnoslo Trujillo. Yo no voy a decir que sea el pueblo de Santo Domingo quien tenga esos aviones. Quien tiene esos aviones no es el pueblo de Santo Domingo, es Trujillo. Y algún día tendrá que devolverlos, porque el propio pueblo de Santo Domingo, el propio pueblo de Santo Domingo nos devolverá los aviones que hay allí. Nosotros no queremos que nos lo devuelva Trujillo. Lo que deseamos es que nos lo devuelva el pueblo dominicano, cuando Trujillo haya tenido que coger otros aviones para huir también como huyen todos esos dictadorzuelos.
Todo el mundo sabe que cuando se tiene una responsabilidad oficial, tiene uno que ser cuidadoso. Todo el mundo sabe que cuando se tiene una responsabilidad en el gobierno de un pueblo, tiene uno que contener los impulsos. Quizás me sentiría yo mucho mejor combatiendo a Trujillo de otra forma que no fuese con palabras. Quizás los rebeldes cubanos prefiramos la vida del combate y la vida del sacrificio mucho más que los cargos oficiales y las actividades que hoy estamos realizando. Sin embargo, nuestro deber como gobernante nos obliga a ser cuidadosos, nos obliga a no dejarnos llevar por el impulso, y tenemos que resignarnos a tener que condenar desde una tribuna a un dictador al que estaríamos combatiendo gustosamente en las montañas de Santo Domingo (APLAUSOS). Mas no es necesario que nosotros vayamos, en todos los pueblos hay luchadores, en todos los pueblos hay patriotas, y los dominicanos tienen sobrados patriotas y sobrados valientes para realizar allí la misma obra que nosotros realizamos en Cuba.
Algo les hemos dado ya. Les hemos dado el ejemplo, les hemos demostrado lo que puede un pueblo, les hemos demostrado que lo único que tienen que hacer es comenzar, que lo único que tienen que hacer es decir lo que dijimos nosotros: si salimos, llegamos; si llegamos, entramos; si entramos, triunfamos.
Así que a los dominicanos les hemos dado nuestro ejemplo, les hemos dado nuestra escuela, les hemos dado nuestra magnífica experiencia, y tengo la seguridad de que tarde o temprano los dominicanos iniciarán la lucha sin que nosotros tengamos que meternos, sencillamente, porque no hace falta. Desde luego que desde que la Revolución triunfó en Cuba, Trujillo no ha hecho más que comprar aviones, Trujillo no ha hecho más que comprar armas, Trujillo no ha hecho más que organizar batallones y regimientos. Es el miedo, el miedo que le produce el triunfo de la Revolución Cubana.
(DEL PUBLICO: “¿Cuándo nos vamos para allá, Fidel?”)
Yo sé que si se dice aquí: “Vamos para Santo Domingo”, no queda nadie (APLAUSOS). Pero es que no hace falta, aunque, eso sí, debemos estar siempre alertas y debemos advertirle al dictador, debemos advertirle que, desde luego, tenga mucho cuidado en llegar bien lejos en sus provocaciones contra Cuba. Ya se cogieron los aviones; está bien, ya se robaron los aviones; está bien. No quieren devolver los aviones; está bien. Han cometido un acto de gangsterismo internacional; está bien. Está bien, nosotros no perdemos por eso la calma, nosotros no perdemos la ecuanimidad.
Hace unos días me llamó el Presidente de la República para mostrarme un escrito remitido desde Santo Domingo, donde el Ministro de Estado de Santo Domingo lanzaba una serie de ataques contra mí. Y me decía el Presidente: “Hay que hacer una protesta enérgica, hay que elevar una protesta oficial, porque usted es un funcionario del Gobierno de Cuba, usted es el Primer Ministro y lo están atacando.” Y yo realmente me sonreí, y le dije: “Mire, Presidente, no se preocupe por eso. ¿Cómo yo me voy a preocupar de los ataques que me dirija ese señor? Ni se moleste, Presidente; el Gobierno de Cuba no debe molestarse. Yo de esos ataques me tengo que reír. Lo terrible sería que me estuviera defendiendo, lo terrible sería que me estuviera elogiando. Pero, ¿cómo yo me voy a molestar por eso? ¿Como vamos a tomar en serio esos ataques —le dije—, si yo también cuando voy a una tribuna hago mis juicios sobre el dictador dominicano?”
Entonces el Presidente me decía que Trujillo no era el presidente oficial de Santo Domingo, que por lo tanto los ataques que yo hacía no eran ataques oficiales, me explicaba. En realidad viene a ser lo mismo: Trujillo es el amo de Santo Domingo, Trujillo es el amo omnímodo de Santo Domingo, y yo no ando creyendo en esas sutilezas.
Los ataques no los podía tomar en serio. Así que se quedan con los aviones y encima nos insultan. Está bien, eso no importa, porque Trujillo a nosotros nos tiene sin cuidado. En cambio, Trujillo está muy asustado.
Por ejemplo, ¿qué sabemos nosotros? Nosotros decimos: ¿Qué es lo que pueden hacer todos los criminales de guerra juntos, ayudados por Trujillo, contra Cuba? Nada. ¿Qué es lo que pueden hacer? Díganme (EXCLAMACIONES DE: “¡Nada!”). ¿Conspirar? Nada. ¿En dónde? ¿Van a venir a conspirar con los rebeldes, van a venir a conspirar con los barbudos? Si los guardias ya no están ahí, ¿con quién van a conspirar? Bueno, ¿qué es lo que van a hacer? ¿Desembarcar? Desembarcar, ¿para qué? Si cuando estaban aquí con todos los aviones, todos los tanques y todos los cañones salieron huyendo, ¿para qué van a desembarcar ahora?
(...) Cuando llegamos, ¿qué nos encontramos? Nos encontramos, sí, con que había mucho miedo, nos encontramos con que había unos cuantos “chivatos” por una zona, nos encontramos con que de cada 100 ó 200 personas había alguno de esos que tenía alguna “botella”, o que era el que le cobraba la “bolita” al sargento, o que era el que le cobraba la tumba de monte al sargento, o el que servía de espía y de confidente al sargento. Esos eran los “chivatos”. Y mientras nosotros solo le pagábamos al campesino, respetábamos al campesino, ellos asesinaban, quemaban casas, se llevaban los cochinos, las gallinas, los gallos finos, y hasta el radio, cuando tenían un radio; le llevaban la ropa y se lo llevaban todo.
Y así, ahora, después que la Revolución ha triunfado, después que se acabaron los desalojos, después que se acabaron los mayorales, después que se acabaron los sargentos, después que se acabaron los jueces vendidos; ahora, cuando ya todos los campesinos que estaban en esa zona están sobre su tierra, esperando nada más los papeles, que es lo único que les falta; cuando ya todo el campesinado sabe que la reforma agraria es una realidad; cuando ya todo el campesinado sabe que se están dando los últimos toques a la Ley de Reforma Agraria; cuando ya todo el campesinado sabe que estamos reuniendo millones de pesos para comprar tractores, para comprar arados; cuando todo el campesinado sabe que va a ser redimido, que va a alcanzar los sueños de tantos años; cuando ya el campesinado sabe que tiene un gobierno suyo; cuando ya el campesinado sabe que tiene un gobierno para defenderlo (APLAUSOS); cuando ya el campesinado sabe que los hombres que lucharon junto a él durante dos años están allá en los cuarteles, están allá en el poder, están allá dictando leyes revolucionarias para la república (APLAUSOS); cuando todo eso es una realidad; cuando estamos sembrando ya las primeras semillas de la gran cosecha que en los meses y en los años venideros recibirá la nación cubana, ¿quién se alza, quién se mete en las montañas? ¿Quién escapa? ¿Quién escapa, señores, quién escapa por esos firmes, por esas montañas, por esos ríos, por esos arroyos, por esos trillos que conocemos como las palmas de nuestras manos? ¿Quién les servirá de guía? ¿Quién les llevará comida? ¿Quién les prestará apoyo? (EXCLAMACIONES DE: “¡Nadie!”) Y si cuando tenían ejércitos enteros, cuando tenían batallones enteros, cuando tenían las mejores armas, cuando tenían todas las armas, cuando tenían 30 000, 40 000, 50 000 hombres, y nosotros no éramos más que 300, no pudieron, ¿cómo van a poder ahora?
¿Quién cree, quién les puede hacer caso? Mas esas no son las únicas razones. ¿Quién de ellos tiene el espíritu de sacrificio de nuestros combatientes? ¿Quién? ¿Acaso esos soldados que cuando caminaban 100 varas por una loma estaban ya ahogados? ¿Acaso esos soldados que apenas llevaban tres días en las montañas querían volver para su casa?
¡Hombre!, ¿a quiénes les van a venir a hacer el cuento? ¿A ustedes los campesinos? ¿A nosotros nos van a venir a hacer el cuento?
Miren, más vale que ni se tomen ellos esas molestias. Por eso, cuando uno ve un cable internacional diciendo que si hay alzados, que si están haciendo..., señores, nos reímos, y decimos: ¡Qué ingenuos son, qué equivocados están, qué ignorantes son de lo que es una revolución y de lo que es una lucha revolucionaria! Como si no hicieran más que cambiar las cosas, y poner esos tipos ahí, y ya. Como si cuando se metieran allí, hasta el último campesino no se movilizara enseguida para buscarlos y capturarlos, señores. No hay ni que tirarles. Nosotros sí que el día que haya uno o dos, no decimos que no hay nadie. ¡Eso es ridículo, señores! Al contrario: ¡Ojalá los criminales de guerra vengan, ojalá se metan en las lomas! Porque si escaparon de Columbia, de la Sierra Maestra o del Escambray o de Cristal, o donde se metan, no escapan más nunca, señores.
Así que el negocio de nosotros sería que vinieran los criminales de guerra. Ese sería el negocio de nosotros. Y si sabemos que eso es así, ¿quién se preocupa aquí? Nadie. Así que, por eso, mientras Trujillo está asustado, corriendo, comprando aviones, porque sabe que si se les meten allí unos cuantos dominicanos y se les alzan, lo derrocan, nosotros estamos tranquilos, absolutamente tranquilos. ¿Qué es lo único que puede hacer Trujillo? Provocaciones, venir un día con sus aviones a tratar de hacer daño, a tratar de provocar, a tratar de atacar.
Vean si no lo que está pasando en Haití: un presidente títere ahí, un infeliz asustado, que mantiene allí la opresión sobre el pueblo de Haití. ¿Qué hace? Estar llamando a los americanos, diciendo que hay amenazas; estar llamando a los americanos, y diciendo que tienen que intervenir; estar llamando a los americanos para decirles que tiene que haber orden aquí en el Caribe y que hay provocación.
Así que mientras provocan a Cuba, mientras se quedan con nuestros aviones, mientras les dan albergue a los criminales de guerra, se confabulan Trujillo y el dictador de Haití para estar escandalizando.
Yo he leído los cintillos, y ni me he molestado en contestarles, señores, ni me he molestado en contestarle a ese infeliz (APLAUSOS), porque tanto él como Trujillo están asustados. ¿Y qué hacen? Hablarles a los americanos. Para que intervengan ¿dónde?, para que intervengan ¿dónde?, porque aquí, en Cuba, aquí no interviene nadie (APLAUSOS).
Y es bueno advertirlo para que no se pongan con provocaciones; es bueno advertirlo para que no se pongan con provocaciones y después estén llamando a potencias extranjeras para que se inmiscuyan en los asuntos nuestros. Porque si ellos son tan inciviles, porque si ellos son tan traidores, porque si ellos son tan indignos que llaman a potencias extranjeras para que les saquen las castañas del fuego, aquí nosotros somos lo suficientemente patriotas y lo suficientemente dignos para decir que aquí no interviene nadie (APLAUSOS). Y que nosotros sabemos cómo se defiende el honor, la dignidad y la soberanía de nuestra patria.
Y lo advierto a tiempo, lo advierto a tiempo para que no se valgan de esos pequeños pretextos, no se valgan de esa intriga y no se valgan de esas provocaciones para decir que hay problemas en el Caribe. Porque, además, el Caribe es nuestro, ¿saben?, y nadie tiene que intervenir aquí en Cuba, por lo menos en nuestra patria nadie tiene derecho a intervenir ni permitiremos que nadie intervenga (APLAUSOS).
Bueno es advertir esto, porque estos pueblos —el haitiano y el dominicano— están padeciendo ahora lo que padeció el pueblo cubano. Son pueblos oprimidos, son pueblos sometidos al hambre, son pueblos sometidos a la miseria. Y como esos dictadores tienen miedo al pueblo, porque vieron lo que pasó en Cuba, están tratando de buscar el apoyo de potencias extranjeras. Eso es lo que les pasa. ¿Para qué? Para mantener la opresión y la esclavización de sus respectivos pueblos, para mantener allí las tiranías, para mantener allí el poder sanguinario y dictatorial. Y con ese propósito están provocando a Cuba.
Pero Cuba está en calma, Cuba está ecuánime, Cuba se sonríe, porque Cuba está firme, Cuba está segura; Cuba, en su Revolución, es invencible.
Así, mientras ellos se asustan, nosotros estamos tranquilos. Nosotros sabemos que tenemos una fuerza más poderosa que los tanques, más poderosa que los cañones y que los aviones, y es la fuerza moral, es el ejemplo. El ejemplo que ha dado Cuba es más poderoso que todos los cañones y todos los aviones y todas las armas que tienen esos señores. Y ese ejemplo será lo que guíe el espíritu rebelde y el espíritu revolucionario de los dominicanos y de los haitianos. .
La Revolución predica la justicia

Fidel Castro en la concentración celebrada en Santiago de Cuba, el 11 de marzo de 1959. Foto: Sitio Fidel Soldado de las Ideas
La Revolución Cubana empieza por respetar las libertades humanas; empieza por respetar la dignidad humana, empieza por respetar la libertad de pensamiento, la libertad de cultos, la libertad de ideas políticas, la libertad en todos los órdenes, la dignidad del hombre en todos los órdenes. Esa es una de las cosas que más caracteriza a nuestra Revolución.
La Revolución no golpea a nadie, la Revolución no asesina a nadie, la Revolución no suprime ninguna libertad. Ahora bien: que no me vengan invocando derechos anacrónicos, que no me vengan hablando del Derecho Romano, porque el Derecho Romano lo hicieron los romanos para los romanos, ¡y el Derecho Cubano lo hace la Revolución Cubana para los cubanos! (APLAUSOS.)
Cuando hablo de Derecho Romano no me estoy refiriendo a la Iglesia, me estoy refiriendo al Imperio Romano, al Imperio Romano donde se hicieron las primeras leyes sobre la propiedad de la tierra. Y todavía aquellas leyes de hace 2 000 años están siendo aplicadas aquí. Y al estudiante de derecho, al abogado, lo primero que lo ponen a estudiar es Derecho Romano, porque el Derecho Romano es el que se está aplicando todavía en Cuba. Así es que todo está atrasado 3 000 años aquí. El derecho está atrasado 3 000 años; la agricultura está atrasada 3 000 años. Y así, por el estilo, todo está atrasado 1 000 años. ¡La única que no está atrasada mil años es la Revolución, que está adelantada unos cuantos años! (APLAUSOS.)
Así, nosotros estamos haciendo los cambios paulatinamente, sin arruinar a nadie. Porque yo quiero aclarar aquí que nosotros no predicamos el odio contra nadie, nosotros no odiamos a los ricos, nosotros no predicamos el odio contra los ricos, no señor; nosotros no predicamos el odio contra los latifundistas; nosotros predicamos el odio contra el latifundio, nosotros decimos que el latifundio es antieconómico, que el latifundio es injusto.
Yo sé, por ejemplo, que muchos ricos ayudaron a la Revolución. Yo sé que a la Revolución durante la insurrección la ayudó todo el mundo, todas las clases, pobres y ricos. ¿Pero eso quiere decir que ahora la Revolución tenga que dejar todo eso como está? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¡No señor! El hecho de que todo el mundo haya ayudado a la Revolución no quiere decir que todo tenga que quedarse como está, porque las cosas estaban mal. Los ricos demostraron su patriotismo ayudando a la Revolución, ¡muy bien! ¡Que ayuden ahora también, demuestren su patriotismo ayudando a la Revolución también! (APLAUSOS.)
¿Que van a ganar menos? Pues que ganen menos. ¿Que algunos no van a ganar nada? Bueno, está bien. ¿Y cuántos cientos de familias, y miles de familias han vivido montones de años sin ganar nada? No se ocupen, que al que no gane nada nosotros lo ayudamos a que gane: le damos trabajo, lo ayudamos en lo que sea necesario también.
Nuestra política no es arruinar a nadie. Nuestra política es reajustar la economía del país, no es arruinar a nadie. Yo no me paro aquí a decir que son unos vampiros, que son unos malvados. No señor. Aquí todo el mundo fue de acuerdo con las leyes que había, de acuerdo con los gobiernos que había; se crearon infinidad de intereses. Nosotros venimos y decimos: esto hay que organizarlo de otra manera, esto hay que enderezarlo, esto no puede seguir así, porque esto es el caos, esta es la miseria, esta es la injusticia, esta es la ruina.
Tienen que hacer sacrificios, y el patriotismo tienen que demostrarlo no combatiendo a la Revolución, no combatiendo a la Revolución porque haga leyes justas, porque entonces yo podría decirles: “¡Ah!, entonces ustedes no ayudaron a la Revolución porque eran patriotas, ustedes ayudaron a la Revolución para que nosotros no hiciéramos leyes revolucionarias, ustedes ayudaron a la Revolución para comprarnos a nosotros.”
Por eso, como yo vi que en aquella etapa todo el mundo ayudó a la Revolución, a las clases económicas no les digo que se pongan contra la Revolución, les pido que se sacrifiquen también, les pido que se sigan sacrificando por la patria no solo en la insurrección sino en esta tarea creadora; que la Revolución no predica el odio, que la Revolución predica la justicia; para que haya paz en nuestro pueblo, para que haya felicidad en nuestro pueblo, para que haya progreso en nuestro pueblo, es necesario que no haya un solo hombre sin trabajo, es necesario que no haya un solo campesino sin tierra (APLAUSOS), es necesario que no haya una sola familia sin casa, es necesario que no haya un solo niño analfabeto; es necesario que no haya un solo enfermo sin medicina, es necesario que todo el pueblo disfrute de los beneficios de tener una patria. Y por eso vale la pena sacrificarse.
Combatir a la Revolución porque la Revolución lesiona algunos intereses no es patriótico. Combatir a la Revolución porque la Revolución lesiona algunos intereses es un egoísmo. Combatir a la Revolución porque la Revolución lesiona intereses es no tener noción de la justicia.
Y nosotros —lo repito— no predicamos el odio contra nadie; pero predicamos la justicia. Sé que todos ayudaron, sí, pero la Revolución no se hizo para mantener privilegios: la Revolución se hizo para implantar la justicia; la Revolución se hizo no para enriquecer al que estaba más rico sino para darle lo que necesita al que no tenía nada, para darle de comer al que estaba pobre (APLAUSOS).
¿Por qué el pueblo tiene fe? ¿Por qué está tranquilo?

Fidel Castro en la concentración celebrada en Santiago de Cuba, el 11 de marzo de 1959. Foto: Sitio Fidel Soldado de las Ideas
Porque sabe que nosotros siempre hemos cumplido nuestra palabra, porque sabe que yo no los engaño, porque sabe que yo no vengo con politiquerías ni a hablar con demagogia. Sabe que lo que les prometo se lo cumplo, porque siempre he cumplido mi palabra (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).
Por eso los campesinos no se impacientan. Ellos saben que yo estoy reuniendo tractores allá; ellos saben que yo estoy reuniendo millones de pesos para comprar tractores; ellos saben que la ley se está confeccionando, y que si en estos días no se ha adelantado más es porque hemos estado haciendo otras leyes revolucionarias, como es la rebaja de las tarifas eléctricas en todo el interior, las rebajas de las tarifas telefónicas, la ley de alquileres, el aumento de sueldo a todos los empleados públicos, el sueldo mínimo de 85 pesos, la ley de confiscación a los colaboradores de la tiranía, y una serie de leyes revolucionarias más que se van haciendo.
Ustedes saben que vamos sin prisa pero sin tregua. Todavía no he podido hacer nada por los obreros azucareros; sin embargo, yo sé que los obreros azucareros tienen confianza en mí. Lo único que les he podido hacer hasta ahora es rebajar las tarifas eléctricas a muchos pueblos del interior. Pero tienen confianza en mí y saben que todo cuanto esté al alcance de mis manos lo haré en todos los aspectos por mejorar el estándar de vida, por mejorar el estado económico, por mejorar en todos los órdenes al obrero azucarero.
Ellos lo saben, y saben que al igual que otros sectores han ido recibiendo los beneficios ellos los recibirán también. No se los he podido dar ahora, no se los he podido dar, porque antes que nada dije: “Aquí hay que salvar la zafra, porque si no salvamos la zafra se nos cae la moneda; y si se nos cae la moneda, nos arruinamos.” Porque calculen ustedes el retirado, el pensionista que gana 30 pesos, que no le alcanza casi ni para empezar el mes, que baje el valor de la moneda y cada peso le valga 20 centavos. Entonces en vez de 30 pesos lo que gana son 6 ó 7 pesos.
Si nosotros no recibimos las divisas que nos manda el azúcar, se nos cae la moneda. Por eso, salvar la zafra era cuestión esencial, porque si no nos arruinábamos —y la república ya más arruinada no podía estar, apenas lo único que le faltaba era que se cayera la moneda— y yo les pedí a los azucareros... Yo no les iba a pedir los sacrificios a los hacendados, porque no me iban a hacer ningún caso. Yo les tenía que pedir los sacrificios, ¿a quiénes? A los obreros. Porque sabía que me iban a hacer caso, porque sabían que yo era su amigo, porque sabían que la Revolución no se hizo para defender al poderoso sino para defender al pobre (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).
Y yo fui al obrero azucarero y le dije: “Aunque no accedan a la demanda, no se dejen llevar por las provocaciones. Hay tiempo. Lo que tenemos que hacer es salvar la zafra. ¡A trabajar todo el mundo!” y los obreros azucareros fueron a trabajar, y gracias a ellos no se ha arruinado la república (APLAUSOS). Gracias a ellos, gracias a los obreros azucareros, nosotros hemos podido ir haciendo todas estas medidas en favor del pueblo; que si no hubiera habido zafra, no hubiéramos podido hacer nada. ¿Y a quién le tenemos que agradecer eso? A los obreros azucareros (APLAUSOS).
Así que no les he podido dar nada, pero no los olvido. Y ellos recibirán, como los demás, en su oportunidad, los grandes beneficios de la Revolución. Les dije que esperaran, les pedí que esperaran, y no se arrepentirán nunca de haber esperado (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).
Ellos ven que nosotros no estamos perdiendo el tiempo, ellos ven que nosotros estamos haciendo leyes revolucionarias. Ellos verán este año la reforma agraria, que ya empezará por constituir grandes beneficios para el campesinado en general y también mucho para los campesinos agrícolas que trabajan en el azúcar, y para los obreros azucareros en general.
Les tocó a ellos primero que a nadie hacer los sacrificios, y no les ha tocado todavía recibir los beneficios. En su oportunidad los recibirán. Ellos lo saben: tienen confianza en la Revolución, y eso es lo que nos importa a nosotros.
(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO.)
Yo sé que han hecho muchas peticiones o me han presentado muchos carteles explicándome las cosas que les interesan. Yo solo puedo decirles que nosotros no descansamos y que día a día, uno por uno, vamos resolviendo todos los problemas; que si esas mejoras no llegan antes es porque son muchos los problemas. Y ustedes lo saben, que son muchos los problemas porque son muchos los años que lleva el país sufriendo malos gobiernos, muchos los años que lleva el país siendo víctima de la explotación y del robo. Y nosotros, por mucho que luchemos, por muy buena voluntad que tengamos, no podemos hacer más —más, más pronto—, pero sí haremos mucho más poco a poco; poco a poco, pero sin descansar. Nosotros vamos sin prisa, mejor dicho, yo vaya decir que vamos un poco de prisa, pero sin tregua. Y día a día ustedes verán cómo se va a notar la obra de la Revolución, a pesar de todos los obstáculos, a pesar de los enemigos de adentro y de afuera, a pesar de las preocupaciones.
El pueblo cubano sigue su marcha
El pueblo cubano sigue su obra, sin miedo, sin vacilaciones, sin descanso. El pueblo cubano sigue su marcha.
(…) Esto hará esta Revolución; esta Revolución que, surgida del pueblo, destrozó un ejército que estaba armado hasta los dientes; esta Revolución que está convirtiendo en escuelas las fortalezas, esta Revolución que se ha convertido en ejemplo de América y admiración del mundo. ¡Esta Revolución seguirá adelante! No podrá impedirlo nadie. ¿Quién se lo puede impedir? ¿Quién puede oponerse a la voluntad del pueblo? ¿Quién puede hoy frustrar el destino de nuestra patria? (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS.)
Antes, ¿qué era? El gobierno era un enemigo del pueblo, los gobiernos no se ocupaban más que de sus privilegios, de sus intereses personales. Gobierno y pueblo eran dos cosas distintas. Gobierno y pueblo son hoy una sola cosa. Ustedes y nosotros somos una sola cosa: ustedes defienden a su Gobierno Revolucionario (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS), nosotros defendemos a nuestro pueblo revolucionario (APLAUSOS). Ustedes defienden a su gobierno honrado y nosotros defendemos a nuestro pueblo honrado (APLAUSOS). Ustedes defienden a su gobierno decente y nosotros defendemos a nuestro pueblo decente, a nuestro pueblo patriota, a nuestro pueblo heroico y a nuestro pueblo sufrido (APLAUSOS).
Nosotros estamos aquí representando hoy no los intereses personales, sino los intereses del pueblo; no el orgullo y la dignidad personal, sino el orgullo y la dignidad de nuestro pueblo. Tienen que respetarnos todos los pueblos del mundo. Tienen que respetarlos a ustedes y a nosotros, porque representamos a nuestro pueblo, y como representante de nuestro pueblo tienen que respetarnos, porque cuando vienen a hablar con nosotros no vienen a hablar con un ladrón, no vienen a hablar con un traidor, no vienen a hablar con un mercenario: vienen a hablar con los representantes de la voluntad de su pueblo, que saben cumplir con su deber con dignidad y con honradez. Tienen que respetarlos a ustedes y tienen que respetarnos a nosotros (APLAUSOS).
No diré que todo marcha perfecto. Desgraciadamente, hay muchas cosas que tenemos que superar. Yo sé, por ejemplo, que en veinte pueblos hay veinte problemitas, por problemas de alcaldes y de municipios, y por problemas de puestos y boberías de esas; yo lo sé. Desgraciadamente, sé que alguna gente todavía se cree que aquí no ha habido una revolución y se ha olvidado de que ya todas las cosas del pasado desaparecieron o tienen que desaparecer. Hay gente que se monta en una perseguidora todavía y anda sonando la sirena, y llevándose la luz roja; se olvidan de que esos tiempos se acabaron ya.
Esta es una hora revolucionaria
Esta es una hora muy grande de Cuba, esta es una hora muy generosa de Cuba. No hay sindicato de trabajadores que no esté dando parte de su salario, que no haya dado un salario para la reforma agraria. No hay sector de Cuba que no esté pensando en grande. Esta es una hora revolucionaria, de grandes ilusiones, de grandes sacrificios, de grandes realizaciones. Quien no esté hablando de reforma agraria hoy, quien no esté hablando de leyes revolucionarias para estar hablando de puestecitos, ese lo que es un descarado (APLAUSOS), porque la Revolución no se hizo para repartirse el Estado como un botín, la Revolución no se hizo para resolverle los problemitas personales a nadie: ¡La Revolución se hizo para resolverle el problema a todo el mundo, a todo el pueblo, a toda Cuba y no a un grupito de señores! (APLAUSOS.)
Pero hay gente que cree que no. Y duele mucho recordar a todos los que han caído, duele mucho recordar a todos los compañeros que están enterrados en los arroyos, en los ríos y en los firmes de las montañas. ¡Duele mucho recordar aquellas cruces de hombres que murieron puros como la luz del sol, de hombres que murieron llenos de desinterés y llenos de ideal, de hombres que cayeron en el camino y no tuvieron siquiera el placer mínimo de ver la victoria inicial de nuestro pueblo, la caída de la tiranía!
¡Duele mucho recordar aquellos hombres! Y que nadie se crea con suficientes méritos o con suficientes derechos para venir aquí a poner sus intereses personales por encima de los intereses de la patria.
(…) El que tiene mérito, el que tiene verdadero mérito, aunque de momento no lo hayan puesto a hacer nada, si es un hombre de ideales se calla y sabe esperar. Pero el hombre que tiene mérito tarde o temprano irá sobresaliendo, tarde o temprano el pueblo verá que existe, tarde o temprano tendrá su oportunidad, ¡si esta lucha es larga, larga, larga! Hay para que todo el mundo trabaje y para que todo el mundo luche. El que tiene carácter, el que tiene mérito, se calla y espera. ¿Cuál es el que no se calla? ¡Ah!, el que se cree un genio y no es nada, el que no tiene méritos y quiere estar empujando a ver cómo se encarama. El verdadero hombre de mérito espera; el mediocre es el que se impacienta.
Ya sabemos que hay algunos funcionarios que no son muy buenos. ¿Y qué culpa tenemos nosotros de eso? ¿Es que acaso aquí todo el mundo estudió para comisionado, para juez, para magistrado? ¿O es que hemos sacado a los hombres precisamente de las montañas, los hemos sacado del pueblo, para que empiecen a realizar esta tarea? Ya sabemos que todo no es lo más perfecto.
¿Cómo van a venir a pelearme con Oriente?
Lo único que quiero decirles es lo siguiente: Quiero repetir que este mitin se convocó, se reunió el pueblo para demostrar la fuerza de la Revolución.
Nosotros no queremos emplear la fuerza, nosotros no vamos a emplear la fuerza, nosotros nunca emplearemos la fuerza contra nadie, a menos que se emplee la fuerza contra nosotros. Pero como vimos que estaban surgiendo las primeras manifestaciones contrarrevolucionarias, que estaban surgiendo las primeras campañas contrarrevolucionarias, que estaban surgiendo las primeras conjuras y las primeras intrigas contrarrevolucionarias, fue necesario reunir al pueblo; reunir al pueblo por si acaso nada más, para que no se fueran a equivocar, para que no se fueran a engañar.
Hemos reunido aquí a los campesinos, a los obreros, a los estudiantes, a la clase media, al pueblo en general. Lo hemos reunido para que nadie se llame a engaño, para que nadie se vaya a equivocar; que no se vayan a creer que la procesión esa que llevan por dentro algunos la lleva todo el pueblo; para que no se vayan a creer que el disgusto que llevan por dentro algunos lo lleva todo el pueblo.
Hay gente tan alejada de la realidad que cuando está bravo él, cree que todo el mundo está bravo; que cuando está disgustado él, cree que todo el mundo está disgustado; que cuando está desencantado él, cree que todo el mundo está desencantado, y cree que cuando él dice una cosa, eso es lo que va a decir todo el mundo. Es que el tiempo ese de los bobos se acabó ya hace mucho rato, es que el pueblo está muy despabilado, es que al pueblo no le pueden andar con cuentos, y menos al pueblo de Santiago, y menos al pueblo de Oriente, señores (APLAUSOS).
¿Qué? ¿Van a venir a pelearme a mí con los orientales? ¡Qué equivocados están! (EXCLAMACIONES DE: “¡No, nunca!”)
En primer lugar, porque soy oriental; en segundo lugar, porque aquí se inició la lucha revolucionaria en el cuartel Moncada; en tercer lugar, porque de niño caminé por estas calles y estudié aquí en Santiago y viví aquí en Santiago; porque cuando el machadato yo tenía 5 ó 6 años y vivía en una casita muy humilde de una maestra a donde me habían mandado, y ahí viví dos o tres años y sentí las bombas y viví todo eso. Y he vivido el dolor y he vivido el sentimiento y he vivido la tradición y he vivido la historia de Santiago. Porque la campaña revolucionaria, la gesta libertadora, se inició en la Sierra Maestra; porque todo me une a Oriente. ¿Cómo van a venir a pelearme con Oriente?
Y claro, hubo gente que empezó a hablar de federalismo: Oriente federal. ¿Quién entendía eso? Si hubieran dicho: “Cuba federal”, pero decían “Oriente federal”. Yo dije: esto no lo inventó ningún campesino, ningún obrero; esto tiene que haberlo inventado algún estudiante. ¿Por qué estar queriendo separar a Oriente del resto de la isla? ¿Por qué querer una patria más chiquita en vez de querer una patria más grande? ¿Por qué? Porque necesitamos de todos juntos, ¡necesitamos de todos!
Yo dije: Estos deben ser algunos intrigantes y algunos reaccionarios que, no pudiendo irles a decir nada a los campesinos de ningún problema, han empezado a agitar pasiones regionalistas. Como no podían hablar de otra cosa, trataban de crear una división regionalista; todo para dividir al pueblo, todo para debilitar la Revolución. Y entonces venían y decían: “No, porque Oriente abandonado, no se han hecho nada más que obras en La Habana. Nos robaron la Revolución.”
¿El que escribía eso hizo la Revolución? Porque si se la robaron sería porque él la hizo. Posiblemente ese no salió nunca de su casa. Pero escribió en el periódico: “Nos robaron la Revolución.” ¿Robaron qué? Si yo he estado seis veces en Santiago de Cuba desde el mismo primero de enero, seis veces en menos de dos meses he estado en Santiago de Cuba; si he tenido mi atención constante puesta en la provincia de Oriente. ¿Por ser oriental? ¡No!, sino porque es la provincia que más lo necesita.
(…) ¿Me van a venir a pelear con los orientales? Pero si sería pelearme yo conmigo mismo, porque yo soy tan oriental aquí como el que más y tan patriota como puede serlo el que más (APLAUSOS).
Ahora todos tienen que ayudar a Oriente, y todos tienen que ayudar a Oriente porque Oriente necesita de todos.
¿Qué pueblo en el mundo podrá compararse con el cubano?
Pero el pueblo cubano tendrá lo que espera de nosotros, esa fe y esa confianza tendrá su premio. No voy a decir que no será defraudada, porque la palabra defraudación ha desaparecido de nuestro diccionario, la palabra traición ha desaparecido de nuestro diccionario. La palabra que está de moda es la palabra lealtad, la palabra que esté de moda es la palabra honradez, la palabra que está de moda es la palabra deber, la palabra que está de moda es la palabra patriotismo, entusiasmo, moral, fe, espíritu revolucionario, decisión de lucha, valor, entereza; esas son las palabras que están de moda. Porque eso es hoy nuestro pueblo: nuestro pueblo es hoy virtud, nuestro pueblo es hoy fe, es un pueblo entero.
¿Qué pueblo en el mundo podía compararse con este? ¿Qué pueblo en el mundo podrá compararse con el cubano? (APLAUSOS.) ¿Qué pueblo es capaz de reunirse como se reúne este? ¿Qué pueblo es capaz de responder como responde este? ¿Por qué? Porque sabe que lo estamos sirviendo lealmente, porque sabe que no venimos aquí por política, porque nadie nos obligó a luchar, nadie nos obligó a ir a la Sierra Maestra, nadie nos obligó a pasarnos años en la cárcel, o en el exilio, o en la lucha, nadie nos obliga a este trabajo; porque lo hacemos por emoción, porque lo hacemos por devoción, porque lo hacemos sin aspirar a recompensa.
(…) Luego, no lucho por demagogia, ¡no lucho por demagogia! Sé que me gano enemigos, sé que gano enemigos. No lo hago por ganarme el cariño del pueblo, porque el cariño del pueblo lo tenía desde el primer día (APLAUSOS). Luego lo que hago lo hago por servir.
Se preguntarán esos intereses por qué está el pueblo con nosotros, por qué se reúne. Sencillamente porque el pueblo sabe, porque el pueblo tiene instinto, sabe que lo estamos defendiendo, sabe que esta es su Revolución y tiene que defenderla, sabe que esta es su oportunidad y tiene que defenderla, sabe que este es su futuro y tiene que defenderlo, sabe que puede confiar en nosotros, sabe que nosotros no lo traicionaremos jamás, sabe que tiene en nosotros hombres que sabrán morir cumpliendo con su deber, hombres que sabrán caer defendiendo la Revolución, defendiendo la patria; hombres que no lo abandonarán jamás, porque nuestro pueblo, que ha sufrido tanto, tenía derecho algún día a tener hombres que lo sirvieran, tenía derecho algún día a tener gobernantes que lo sirvieran.
Si otros le hicieron daño, si otros lo olvidaron, si otros lo explotaron, si otros se pusieron al servicio de unos pocos intereses, ¿por qué no habría de llegar el día en que los gobernantes se pusieran del lado del pueblo? ¿Por qué no habría de tener un día nuestro pueblo hombres capaces de servirlo? (APLAUSOS.) ¿Por qué a nuestro pueblo que dio tantos hombres magníficos, a nuestro pueblo que ha luchado tanto, a nuestro pueblo que ha tenido tantos reveses y tanta adversidad en el camino, por qué no habría de llegarle su hora? ¿Por qué no habría de llegarle su hora de suerte?
¿Se quejan los que hoy se perjudican? Pues bien, es justo, es lógico, si se estuvieron beneficiando durante décadas enteras, es justo que los beneficios lleguen ahora al pueblo; si los únicos beneficiados fueron ellos, es lógico que el pueblo comience a ser el beneficiado de hoy.
No importa que la Revolución la hayamos hecho entre todos. La Revolución no se hizo para ayudar al que lo tenía todo, la Revolución se hizo para ayudar al que no tenía nada.
Queremos ayudar al que no tenía nada sin levantar campañas de odio contra nadie. Si se ganan el odio del pueblo la culpa no será mía; si se ganan el odio del pueblo será por su egoísmo, será porque sean egoístas, será porque no quieran la felicidad del pueblo, será porque lo quieran todo para ellos y nada para el pueblo (APLAUSOS). Por mí no se ganarán ese odio. Yo no predicaré el odio. Cumpliré simplemente con mi deber.
Haremos leyes revolucionarias que entrañen bienestar y entrañen justicia para los desamparados, para los que nunca tuvieron nada, para los que nunca tuvieron amigos, para los que nunca tuvieron protección.
Haré justicia. Si por hacer justicia me gano el odio de unos cuantos, ¡bienvenido el odio!; si por hacer justicia me gano la crítica de unos cuantos, ¡bienvenida la crítica!; si por hacer justicia me gano la antipatía de unos cuantos, ¡bienvenida la antipatía!; si por hacer justicia me gano la muerte, ¡bienvenida la muerte! (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡No!”); si por hacer justicia me combaten, ¡que me combatan!
Respetaré el derecho a escribir y a hablar contra nosotros; respetaré la dignidad personal, la libertad personal y todos los derechos individuales de nuestros adversarios. Si me combaten y combaten al pueblo algún día por la fuerza, lo sentiríamos muchísimo. Ojalá que eso nunca ocurra, tengo esperanzas de que eso nunca ocurra; porque si algún día nos combaten por la fuerza, ¿de qué manera van a poder resistir la fuerza del pueblo y del Ejército Rebelde unidas? (APLAUSOS.)
Espero que no, espero que todo el mundo se adapte a las leyes revolucionarias. Es una cuestión de adaptación; no de hacerles resistencia a las leyes revolucionarias, sino adaptarse a las leyes revolucionarias.
Yo tengo esperanzas de que nadie se atreva a desafiar la fuerza de la Revolución; porque su fuerza es muy grande, señores. ¿Cuándo se vieron estas multitudes? ¿Cuándo se vieron estas concentraciones? (EXCLAMACIONES DE: “¡Nunca!”) ¿Quién puede contra este pueblo? (EXCLAMACIONES DE: “¡Nadie!”)
¿Y van a venir aquí con ilusiones? No comprenden que el pueblo estará con nosotros siempre, sencillamente porque seremos honrados, porque nunca nos verán robar, porque nunca nos verán con debilidades ni vacilaciones; porque siempre me verán firme, porque siempre me verán trabajando y me verán al servicio del pueblo. Y me verán no como un señor poderoso, encumbrado, sino como un hombre del pueblo, como un hombre que llega al pueblo, que está con el pueblo, que le habla al pueblo en lenguaje claro (APLAUSOS), que habla de manera que el pueblo lo entiende —porque no ando aquí con discursitos, ni con retórica, ni con palabrería—; lo que yo digo aquí al pueblo, lo entienden hasta los muchachos, porque hablo para el pueblo y le hablo con franqueza, le hablo con sinceridad. Esa es una cosa que no se puede inventar, ni se puede simular, ni se puede disimular.
Yo soy uno más del pueblo

Fidel Castro en la concentración celebrada en Santiago de Cuba, el 11 de marzo de 1959. Foto: Sitio Fidel Soldado de las Ideas
Miren, el problema es bien sencillo: yo soy uno más del pueblo y a mí no me importan los cargos absolutamente nada, y el pueblo lo sabe. Estoy aquí sacrificándome por cumplir un deber. No lo haré perfecto, pero trato de hacerlo bien; no lo haré perfecto, pero trato de hacerlo, de buena fe, lo mejor; no le quiero hacer daño a nadie y le quiero hacer bien a todo el mundo; respeto los derechos de todo el mundo y defiendo los derechos del pueblo (APLAUSOS).
Lo que he prometido lo he cumplido siempre; no prometo lo que no pueda cumplir. Trato de hacer más de lo que ofrezco. No ando nunca con engaños ni ando con halagos. Digo lo que pienso aquí. Si tengo que pensar distinto de lo que están pensando los que me están oyendo, lo digo aquí con sinceridad, sin demagogia, sin hipocresía. ¿Eso lo han hecho los políticos? Pues no lo han hecho los políticos.
Ese es el secreto de que cuente la Revolución y cuente hoy el gobierno con el respaldo enorme del pueblo.
(…) Eso sí, nos mantenemos firmes en nuestra línea. De nosotros se dirá siempre que nos mantenemos firmes en nuestra línea, que no nos alejaremos jamás del pueblo, que siempre seremos una sola cosa con el pueblo.
Así que yo tengo una fe enorme. Vengo a Oriente hoy y me voy con más ánimo; siempre que vengo a Oriente me voy con más ánimo.
La gente no se explica por qué puedo estar sin dormir, y yo me lo explico: porque tengo ánimo, porque tengo entusiasmo, porque el pueblo me da ánimo (APLAUSOS), porque vengo a Oriente y al ver tanto pueblo, tantos campesinos, tantos sombreros, tanta gente buena aquí y, sobre todo, tanta gente humilde, tengo la conciencia de que les estoy haciendo un bien a millones de compatriotas, y tengo la conciencia de que les estoy llevando la esperanza y la felicidad a millones de cubanos que nunca habían recibido esa esperanza; pues me voy satisfecho de haber cumplido con mi deber de cubano (APLAUSOS).
No estoy luchando por la gloria. Hay quien dice que lucha por la gloria. ¿Por la gloria para qué? ¿Por vanidad? ¿Para qué me hagan una estatua? Yo no estoy luchando por estatuas, lucho porque lo siento, lucho porque cada hombre tiene que cumplir un deber en esta vida. Mi deber era servir al pueblo. Me tocó a mí como le pudo tocar a otro, y yo lo que hago es cumplir con mi deber, cumplir con un sentimiento. No quiero premio ni en esta vida ni después de muerto. No quiero nada de eso (APLAUSOS).
No lucho ni por interés material, ni por interés moral, ni porque me aplaudan, ni por nada de eso; lucho porque estimo que ese es mi deber. Mi premio es, cada vez que le hago un bien a alguien, sentirme satisfecho; mi premio, cada vez que veo una familia más feliz, es sentirme satisfecho; cada vez que veo una escuela nueva que se levanta, sentirme satisfecho; cada vez que veo un hospital nuevo que se levanta y cientos de enfermos que van a recibir medicinas, sentirme satisfecho; cada vez que veo un campesino alegre, sentirme satisfecho (APLAUSOS).
Mi premio no será ahora, mi premio será más adelante, será mañana, si estoy vivo, cuando pase por las cooperativas de campesinos produciendo; cuando pase por las casas de los campesinos y vea casas nuevas y distintas a las que son hoy, y vea a todo el mundo con zapatos, y vea que todo el mundo sabe leer y escribir, y vea que todos los niños tienen maestros, y vea que todo el mundo tiene medicinas, y vea que todo el mundo tiene radio, y vea que todo el mundo tenga higiene, y vea que todo el mundo tiene salud (APLAUSOS).
Cuando vea que no hay mendigos, cuando vea que no hay hambrientos, cuando vea que no hay injusticias, me sentiré feliz, y ese será mi premio. Mi premio no puede ser jamás en dinero, mi premio no puede ser jamás en honores, mi premio no puede ser jamás en otra cosa que en la satisfacción infinita que el hombre sano, que el hombre limpio, que el hombre noble, que el hombre honesto siente cuando le lleva un bien a alguien (APLAUSOS).
(...) Me siento cómodo lo mismo al ir a una fondita cualquiera, por ahí, que al llegar a una casa humilde; que andar sucio como andar limpio; que andar en un automóvil como andar en guagua, como andar a pie. A mí esos cargos no me importan. Todo esto les digo que para mi carece de valor; eso no me interesa, ni la política, ni los cargos, ni los votos, ni los honores.
Más honores de los que he recibido del pueblo de Cuba no los puedo recibir (APLAUSOS); más multitudes de las que se han reunido, más cientos de miles de personas de las que se han reunido no se pueden reunir. Luego, a mí no me interesa más que una cosa: me interesa cumplir con mi deber.
Mi deseo es hacerlo bien. Sé que como humano que soy no lo puedo hacer perfecto, sé que como humano que soy puedo cometer errores. Errores cometeré, pero nunca actuaré de mala fe. Me podrán decir: “Se equivocó”, pero no me podrán decir: “Es un sinvergüenza”; me podrán decir: “Se equivocó”, pero no me podrán decir: “Es un ladrón” (APLAUSOS); me podrán decir que no lo haya hecho todo, pero no me podrán decir que no he hecho todo lo que he podido, porque haré todo lo que pueda, haré todo lo mejor que pueda. Y cuando no haga más y no lo haga mejor, será porque no pueda. Y entonces vendrán otros y lo harán mejor. Yo haré mi tarea; otros vendrán después.
Hablo así aquí como no he hablado nunca en ningún otro lugar. He hablado de estos sentimientos y es justo que lo haga, porque mi corazón, mi vida, está unida a esta tierra, está unida a esta provincia, está unida a esta ciudad (APLAUSOS).
Vine aquí, vine otras veces. Mucho antes del 10 de marzo hice una promesa y le dije al pueblo que si algún día manos mercenarias, fusiles mercenarios volvían a oprimir nuestra patria, cambiaríamos las escobas por fusiles e iríamos a combatir, iríamos a hacer la Revolución.
Vine aquí a Oriente con Eduardo Chibás —ustedes recuerdan—, vine después de la muerte de Chibás (APLAUSOS). He venido siempre a Oriente. Un especial sentimiento me invade cuando estoy aquí; una especial emoción me invade cuando estoy aquí entre los santiagueros. Y aquí tengo que decir estas cosas que me salen del alma; aquí tengo que hacer estas confesiones que no hago en ninguna otra parte; aquí tengo que decir todo lo que siento por el pueblo; aquí tengo que decir todo lo que soy, o sea, toda la tristeza que siento al no poder hacer más, toda la pena que siento al no poder hacerlo mejor, toda la convicción que tengo de que es imposible que todo me salga bien y me salga perfecto.
Pero decir aquí ante los orientales —¡ante los bravos orientales, ante los limpios orientales, ante los cívicos orientales! (APLAUSOS.)— que este oriental que nació en Oriente, que luchó en Oriente, que inició la Revolución en Oriente y que hoy tiene en sus manos grandes responsabilidades, sabrá ser un hombre digno aquí y allá, sabrá ser un hombre digno hoy y siempre. ¡Que los campesinos de la Sierra Maestra, los guajiros que hicieron la Revolución, los guajiros del Segundo Frente, los guajiros que hoy tienen las armas y el poder en la mano, sabrán hacer un gobierno justo, sabrán hacer un gobierno bueno, sabrán hacer el gobierno de los campesinos, el gobierno de los humildes, el gobierno de los obreros, el gobierno del pueblo! ¡Este es el gobierno del pueblo!
Combatirán este gobierno no los hombres del pueblo, sino los hombres que nunca pueden sentir con el pueblo; combatirán este gobierno no los amigos del pueblo, sino los enemigos del pueblo. Inventarán todas las cosas posibles, pero lo mejor es que vayan comprendiendo que la Revolución es invencible, que la Revolución es indestructible. Cuando hay la fe que existe hoy, cuando hay la honradez que existe hoy en los hombres que están dirigiendo esta Revolución, cuando hay el entusiasmo y la fe que hay en el pueblo, la Revolución no la podrá vencer ningún poder del mundo, ninguna fuerza del mundo. Para vencer esta Revolución habrá que destruir el pueblo entero, porque cada vez será mayor el entusiasmo, cada vez será mayor la fe, cada vez será mayor la firmeza y la decisión de nuestro pueblo.
Me voy de Oriente como siempre me he marchado de Oriente: ¡con más fe, con más entusiasmo! Me voy de Oriente llevándome todo lo que me he llevado siempre de Oriente: ¡el espíritu de lucha, la rebeldía, la energía, la fuerza! (APLAUSOS.) Me voy de Oriente llevándome lo que siempre vendré a buscar a Oriente, cuando esté triste, cuando esté desanimado —si es que algún día pueda estarlo—, cuando quiera buscar fuerza, vendré a Oriente a buscarla (APLAUSOS).
Nací en esta provincia, en esta provincia luché, en esta provincia fui derrotado, en esta provincia volví a la lucha, en esta provincia vencí, en esta provincia vendré a luchar cuantas veces sea necesario. Y si es preciso venir a morir, ¡en esta provincia vendré a morir! (APLAUSOS.)
Soy oriental y con ello soy más cubano. Quiero a Oriente y con ello quiero más a Cuba. Quiero a los orientales y con ello quiero más a todos los cubanos (APLAUSOS).
Y cuando les digan que les han robado la Revolución, digan: ¡Mentira! ¡La Revolución está en el corazón de los que la hicieron y de los que han sabido mantenerla en alto y dirigirla hacia la victoria!
En audio, las palabras de Fidel
Listen to "Discurso de Fidel Castro en Santiago de Cuba, el 11 de marzo de 1959" on Spreaker.



Tenía mucha razón (como siempre) Fidel cuando exclamó que Cuba en Revolución es invencible. Sí, con la Revolución que él inició y triunfó, Cuba es invencible, pero con la Revolución de hoy, con errores y disparates económicos, con corruptos traidores ocupando los principales cargos, Cuba deja de ser invencible. Repito las palabras de Fidel aquel día: La palabra que está de moda es la palabra lealtad, la palabra que esté de moda es la palabra honradez, la palabra que está de moda es la palabra deber, la palabra que está de moda es la palabra patriotismo, entusiasmo, moral, fe, espíritu revolucionario, decisión de lucha, valor, entereza; esas son las palabras que están de moda. Porque eso es hoy nuestro pueblo: nuestro pueblo es hoy virtud, nuestro pueblo es hoy fe, es un pueblo entero", fin de la cita. Por muchos corruptos perestroikos traidores que existan no podrán dominar al pueblo, al heroico pueblo cubano, el mejor del mundo, porque la fuerza de un pueblo unido por las ideas de Fidel, siempre será invencible y retornaremos a la ruta que nos trazó nuestro inmortal líder.
Rectificado
Yo con Fidel.
Caiga quien caiga muera quien muera la Revolucion cubana no desaparecera.
Gracias Cubadebate por traernos a Fidel. Él forjó una Revolución de acero y por nada en este mundo podemos perderla
BT: MAGNIFICO DISCURSO DE NUESTRO COMANDANTE EN EL INICIO DEL TRIUNFO DE LA REVOLUCION Y SIEMPRE CUMPLIO CON SU PALABRA, LA MODESTIA, SENCILLES Y HUMILDAD QUE LO CARACTERIZO, REALMENTE NO HABIA LEIDO ESTAS PALABRAS DE FIDEL EN SANTIAGO DE CUBA DE UNA GRAN VIGENCIA ACTUAL, LE RECOMIENDO A LOS REVOLUCIONARIOS Y CUBANOS EN GENERAL LEERLAS, SOLO LA UNIDAD DE TODOS LOS VERDADEROS CUBANOS ES LA QUE HACE INVENCIBLE A LA REVOLUCION, AQUELLOS QUE SE APROBECHAN DE LA SITUACION PARA PONER SUS BENEFICIOS PERSONALES POR DELANTE DE LOS DEL PUEBLO EN LA ACTUALIDAD QUE SE APARTEN DEL CAMINO Y DEJEN QUE ESTE PAIS SE DESARROLLE...... GRACIAS
Nuestro Fidel, el Comandante de las mil batallas siempre victoriosas junto a su pueblo. Se te extraña, creo que como nunca antes, en la Cuba del 2024
Gracias por todo fidel
Cómo se extraña!!!!!!!, en estos tiempos de crisis mundial, de barbarismo, de redes sociales, guerra de asesinatos sin respeto, más que nunca en la vida!!!!