Cola.CU (II): De la utopía a la práctica y el papel de los LCC (+ Fotos)

Aplicación de escaneo del carnet de identidad para el control de las compras en las redes de tiendas estatales. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate

Vea aquí: Cola.CU (I): Una apuesta contra acaparadores y revendedores

Mercado de Cuatro Caminos. 3.37 pm. Casi es mi turno de pagar los productos. Una tendera se acerca a la señora rubia que tengo delante y entablan una conversación:

—“Dice (no logro entender el nombre) que pases por aquella caja. Coge dos paquetes de pollo más”.

—“Pero ya pase y solo dan dos por persona”, replica.

—“No importa…vuelves a pasar”.

Y, por supuesto, la señora hizo lo que le indicó la trabajadora del centro comercial.

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En muchas provincias del país, desde el inicio de la covid-19 y el posterior desabastecimiento, provocado también por el recrudecimiento del bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba, optaron por el registro en la libreta de las ventas como una forma de control.

Desde el 1 de septiembre de 2020 funciona en la capital la aplicación Cola.CU, dirigida a fortalecer el orden en las tiendas de las cadenas Caribe y Cimex. El sistema automatizado registra el historial de compras y permite identificar la frecuencia con las que las personas acuden a estas instalaciones, así como los productos que adquieren.

Teóricamente, la aplicación está pensada para eliminar los coleros y revendedores que han buscado formas de lucrar con el desabastecimiento, pero, de nada sirve el esfuerzo de sus desarrolladores si la cadena de distribución no es transparente en todas sus ramas.

Según el mecanismo establecido, el administrador de la tienda debe informar al inicio del día los productos en existencia y a cuántas personas les corresponde comprar. Al final de la jornada se hace el cierre de caja y se saca un reporte impreso de todas las compras. Los LCC (grupos de Lucha contra Coleros) comparan ese informe con los registros del escaneo, y así controlan y saben cuántos clientes fueron atendidos y si hubo desvío de recursos.

En la práctica no funciona así porque no siempre los directivos de las entidades comerciales son claros con los datos de los productos en existencia. Además, respecto a Cola.CU, cuando interviene una persona, su correcto funcionamiento depende de la conciencia de esta.

En el municipio Plaza de la Revolución han logrado que los gerentes de las tiendas muestren diariamente las facturas, pero “costó mucho trabajo”.

“Al inicio no querían, pero fuimos batallando de reunión en reunión, para garantizar esa trasparencia y entendernos mejor. Lo hemos logrado, aunque no en el 100 porciento de los casos. Se han sancionado a muchas administraciones y quizás eso ayuda a que sean más claros con la cifras de la mercancía que se entrega en el día”, explica Ileana Díaz Martínez, coordinadora de los grupos de Lucha contra Coleros en Plaza.

Asimismo, trabajan con un torpedo (sistema de control) que los jefes de grupo de cada tienda llevan al registro de consumidores (Oficoda) para que los firme y le pongan el cuño.

La experiencia de Plaza no está generalizada a todos los municipios de La Habana. Si el LCC no conoce con exactitud la cantidad de productos que arribaron a la unidad comercial, ni se les enseña la factura o comprobante de entrada, es imposible controlar que el 100 % de esas mercancías lleguen al pueblo.

Coleros, población y el pollo del arroz con pollo

Cola en la tienda Primera del Cerro. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

“Yo sé en esta tienda quien es un colero y quien no, porque están todos los días aquí, delante de los dirigentes y nadie dice nada. Entonces, ¿qué puedo hacer yo como población?”, reflexiona Rolando Acebedo que le corresponde comprar en la tienda La primera del Cerro.

Este capitalino asegura que “todo es un complot y los inspectores no chequean porque les tienen miedo a las tiendas”. “Mi mujer compra en el Cotorro y pasa exactamente igual. Lleva días levantándose de madrugada en la caza del pollo”.

Si bien cada municipio tiene sus particularidades, los LCC junto al escaneo controlaron el problema inicial que era la venta de lugares en una cola. Desgraciadamente, de ese sistema se aprovecharon los acaparadores, más aún en los lugares donde no se utiliza la plataforma Cola.CU.

En este sentido, el profesor universitario Julio Carballo, organizador de los LCC en Plaza, considera que no hay vulnerabilidades en el funcionamiento de la aplicación. “Es una herramienta informática que trabaja con el número de identidad de las personas. El correcto funcionamiento de la apk responde a la responsabilidad personal de los escaneadores, sin dudas piezas claves en esta tarea”.

Otra de las debilidades en la distribución es la divulgación de la información, ya que solo en pocos lugares se comunica con tiempo la llegada de los productos. En la localidad de Toledo, por ejemplo, se creó un grupo de Whatsapp de más de 100 personas que viven en diferentes áreas de la comunidad y avisan a los vecinos cuando les toca comprar.

“Los productos básicos se distribuyen por ciclos. Cuando compran el 90% de los núcleos se cierra e inicia otro. Se comienza a llamar por el número de la libreta”, explica Martha Carbonell, delegada de Toledo en Marianao.

Si preguntas por las acciones que se acometen con las personas que se identifican como coleros y revendedores, la delegada refiere que aunque les dicen que no pueden comprar si no son miembros de núcleo, se ha hecho difícil por “el poco apoyo del gobierno y los agentes del orden”.   

Muchos lugares del país han buscado sus propios mecanismos de control adicional: torpedo, libreta, tickets, brazo pintado con bolígrafo, y detrás, una serie de malentendidos.

Según Fermín Rivas, parte del equipo desarrollador de Cola.CU, se han perdido libretas de abastecimiento y algunas hojas han sido reemplazadas para poder comprar de nuevo. “En el caso de nuestra aplicación, se corrió el rumor que si congelabas el carnet la plataforma fallaba”.

LCC y la atención a la vulnerabilidad

Cola en el municipio Cerro. Foto: Thalía Fuentes/ Cubadebate

Julio Carballo asegura que al inicio fue un reto organizar los grupos de Lucha contra Coleros. “Trajo consigo cambios en la rutina diaria de todos. Había que estar desde muy temprano hasta el horario de cierre de los centros. Nuestra labor consistía en asegurar que las personas adquirieran los productos indispensables por igual”.

Tenían identificadas a los inescrupulosos que lucraban con esos productos, y para erradicarlos el trabajo con el Ministerio del Interior fue clave.

“También contamos con el apoyo del Consejo de Defensa Provincial”, comenta el profesor.

Al respecto, el papel de todas las universidades, especialmente de la Universidad Tecnológica de La Habana José Antonio Echeverría, Cujae, La Universidad de La Habana y el Instituto de Relaciones Internacionales fue esencial. Cientos de universitarios y docentes se unieron a la tarea.

Yoan Miguel Reyes estaba en tercer año de ingeniería industrial. “En octubre del 2020 estuve en un centro de aislamiento y el 2021, a partir de una petición de su universidad, me uní a los LCC como escaneador en el Consejo Popular Rampa”.

José Armando Naranjo, es el jefe del grupo LCC en la tienda El maravilla, en el Cerro. “Cuando termina la jornada se coordina todo lo que se vende con el gerente y él nos dice la disponibilidad de productos para el otro día y se citan a los núcleos que les corresponden”.

Sobre la atención a la vulnerabilidad, quedan también deudas pendientes, desde una cola solo para ellos hasta trabajadores sociales que compren y les lleven los productos hacia sus casas. Funciona en algunos consejos populares y en otros, no.

En la localidad de Toledo no existe cola de vulnerables porque se compra por libreta. “En el caso de las personas encamadas, enfermos graves o madres con tres hijos o más se les da una ayuda antes de que cierre el ciclo y en el caso de los enfermos graves se les garantiza que compren mensual”, explica la delegada de la circunscripción.

Yoan Miguel Reyes refiere que en el Consejo Popular Rampa se apartan cinco turnos diarios para los impedidos físicos que muestren el carnet que los identifica como tal. “Las demás personas vulnerables que vivan solas o que tengan bastón deben hacer la cola para el ticket del producto, pero cuando abre la tienda son los primeros en pasar”.

De la teoría a la práctica

Cola en Cuatro Caminos. Foto: Thalía Fuentes/ Cubadebate.

Desde que se acrecentó el desabastecimiento ha sido una petición casi generalizada que se utilicen las bodegas y carnicerías para lograr una distribución más equitativa.

“Hay que controlar, pero eso no elimina ni la cola ni la inseguridad de no alcanzar los productos. A veces ni nos enteramos. Conozco personas que pasan el día en una cola, que salen de sus centros de trabajo para alcanzar un paquete de detergente. Después de un día se marchan a las 3 de la tarde y en media hora llega el producto”, comenta Ernesto Cruz, vecino de Marianao.

En este sentido, Lissette Ftes asegura en un comentario: “Por muy equitativo que sea el sistema de bodegas, no hay suficientes productos para que lleguen a todos los consumidores del país. Pueden existir miles de apk pero ninguna será suficiente para acabar con la corrupción que existe en la red de comercio de tiendas donde, desde los LCC hasta los trabajadores, salen como mulas de carga, venden por detrás del tapete y cuelan a cuanta persona conozcan y les paga”.

“Todo es un problema de falta de organización y control”, comenta un usuario en la primera parte de este reportaje.

“Es doloroso comprar en la tienda XX Aniversario en Alamar. En el grupo de Facebook del municipio son disímiles los que se quejan de la falta de respeto de las personas que controlan los turnos en las mesitas. Compran impunemente y el trabajador común y corriente no alcanza el producto que por ley le debe tocar”.

Revendedores venden impunemente los productos que se comercializan en la red de tiendas de Caribe y Cimex. Foto: Thalía Fuentes/ Cubadebate.

Otro lector de Cubadebate, también de Alamar que compra en “La Curva” ubicada en la zona 25 del mismo reparto, a finales de septiembre no había podido comprar el pollo correspondiente al mes de julio. “En esa tienda existen personas dedicadas a la confección de listados. Compran siempre y a nadie le interesa esa situación”, denuncia el usuario

Precisamente, Habana del Este, Guanabacoa y Cotorro prácticamente no escanean con Cola.CU y envían pocos reportes a la semana.  

“No solo es la cola, porque te venden el turno y no sale en ningún sistema. Sugiero visitas, control o supervisiones a las tiendas y vean que el robo empieza desde el almacén hasta la distribución. Pregunto, ¿por qué no se hacen estas visitas? ¿Por qué no les enseñan a los ciudadanos el vale de transportación de la mercancía? Muchas más inquietudes y desavenencias y poco control”, refiere otro de los criterios.

Maribel Labrador, quien compra en la tienda de Oquendo, en Centro Habana, se queja de que los productos los venden de uno en uno y tiene que pasarse prácticamente todo el mes en la cola para poder adquirirlos.

“En San Isidro, Habana Vieja, el sistema de escaneo no funciona”, denuncia otro lector de Cubadebate. “Los que deben velar por cumplir lo establecido, organizar y solucionar el problema son los que los crean. Los LCC son revendedores, no escanean el carnet de identidad ni anotan en las libretas. Los ves sacando mercancía por cajones para la casa de los revendedores”.

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La aplicación Cola.CU limita de manera preventiva, in situ y sin necesidad de conexión a la red de datos móviles a coleros, acaparadores, revendedores y comercializaciones ilícitas. Pero, como todo sistema que se realice por personas, depende de la integridad de los LCC.

La distribución de mercancías de primera necesidad no está organizada de la misma manera en todos los municipios, por eso urge que las buenas experiencias—como la del Mercado de Cuatro Caminos, donde cada núcleo sabe qué día y hora aproximada le toca comprar—se extiendan al resto de los territorios.

Deudas pendientes hay muchas y la principal es con los que tienen horarios de trabajo cerrados y no pueden adquirir los productos que le corresponden, y después tienen que ser víctimas de los precios especulativos de coleros y revendedores. Hoy, un pomo de aceite que se comercializa en la red de tiendas de Cimex y Caribe, cuesta en el “mercado informal” 600 pesos, y un paquete de pollo, del mismo lugar, 1 200. Más de cinco veces su costo real.

Cuba no puede darse el lujo de institucionalizar la reventa. En un sistema que no abandona a nadie, la distribución equitativa debe ser prioridad. Así lo ha manifestado el gobierno en varias ocasiones, pero los mecanismos establecidos en algunos territorios como la venta de cigarros y juguetes aparte, solo potencia el descontrol y le da armas a los que lucran de las necesidades de los demás.

Los entrevistados para este reportaje refieren que mientras se siga atacando la consecuencia y no la causa que la provoca —el desabastecimiento—el problema seguirá creciendo. La escasez, por las razones que sean, es la única causa de las colas y coleros y de muchísimos problemas más relacionados con la pérdida de valores en la sociedad cubana. Ese es otro lujo que no nos podemos permitir.

Cola en la tienda El maravilla. Foto: Thalía Fuentes/ Cubadebate

Venta de productos en el mercado informal. Foto: Thalía Fuentes/ Cubadebate.

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