Ansu Fati. Foto: Marca
Tengo un amigo ultra futbolero, ultra madridista y, por si fuera poco, ultra defensor de Vinicius. Sospecho, además, que no es el único aficionado poseedor de este auténtico hat trick de cualidades. En algunas de nuestras habituales discusiones sobre deportes, intento “echar un poco de tierra” encima del brasileño y su más que evidente dificultad de cara al arco; o en otras palabras, si bien le suelo reconocer la osadía del chaval, su persistencia y la capacidad de desequilibrio, le machaco, literalmente y en tono de broma, que no le anota un gol ni al arcoíris.
Mi buen colega merengue, sin embargo, se mantiene en sus trece y entregaría mañana mismo al extremo del Madrid el Balón de Oro si fuese necesario. Así es el fútbol. Si todos compartiéramos el mismo criterio, resultaría demasiado aburrido. Y ahora que la legendaria rivalidad entre Messi y Cristiano Ronaldo ha ido disminuyendo progresivamente, tanto por la marcha del luso a Turín como por la edad —que no perdona— de ambos astros, la aparición de nuevos rostros en la élite comienza a echar leña en los debates más acalorados.
El propio Vinicius Jr es uno de los protagonistas desde su llegada a Chamartín procedente de la inagotable cantera brasileña: su capacidad de desborde, la persistencia para fallar y volver a intentarlo, el empuje y la facilidad para preocupar a los defensores, fueron herramientas que enamoraron a un buen sector de la grada del Bernabéu en tiempos grises para el Madrid. Y cuando Lopetegui decidió contar menos con él, vio el actual técnico sevillista arder la opinión pública en su contra. Sin embargo, puede que Julen haya tenido la razón, dadas las lagunas del joven carioca a la hora de definir y la ingente necesidad de solidificar sus herramientas en el césped.
No obstante, esta temporada ha conseguido un puesto de jerarquía en la plantilla blanca, y aunque Zidane no le ve titular cuando todos están disponibles, el número de minutos recibidos y las buenas actuaciones concretadas hablan mucho en su favor. Además, el técnico confesó en una de sus últimas conferencias de prensa que ambos —jugador y entrenador— acuerdan quedarse a practicar el pateo tras los entrenamientos. Con semejante maestro…
Otra perla llegada desde el gigante sudamericano y que entró con el pie derecho al Bernabéu es Rodrygo, igualmente jugador de banda, pero más sobrio. A Rodrygo a veces le falta el vértigo de su compatriota, el descaro para corretear por el carril y provocar jugadas de gol con su velocidad. Sin embargo, tiene algo especial. Balón que toca, peligro para la valla rival. Y las redes no se le resisten demasiado.
Venerado en suelo rival, Ansu Fati desprende elegancia e inflige miedo. Sus botas son un manantial de empuje y lucidez. Siendo todavía un imberbe, ha dejado su huella en templos como el Meazza; quizás por ello el Barcelona es un equipo mucho más alegre cuando él está sobre la cancha. Muchos intentan compararle con algunos de su generación, mas el futuro de Ansu apunta a cotas demasiado elevadas para otros jóvenes talentosos de turno. Habrá que ver si encuentra la continuidad y la dosificación necesaria en el Camp Nou, como su amigo Riqui Puig, un pequeño con pinta de grande que ha sufrido en determinados momentos las injusticias de algunos entrenadores.
Sin embargo, lejos del foco mediático de tierras blancas y azulgranas, aparecen nombres que pronto asistirán a las galas donde premian a los mejores. Formado en Paterna y ya ídolo de la grada valencianista, Ferrán Torres es uno de ellos. Aseguran los entendidos que tiene tantas cualidades como los antes mencionados. En Mestalla los exigentes hinchas che, que no suelen reverenciar demasiado a los jugadores, han quedado rendidos a los pies de su nuevo ídolo. Y qué decir de Oyarzabal, capitán del barco txuri-urdin, capitán a sus 22 años del interesante proyecto de la Real Sociedad.
No sabría decidir cuál de todos es mejor. Pero dicho queda: si les mantienen y les tratan bien, España seguirá siendo reconocida como la Liga de las Estrellas.
La frase:
“Aunque parezca que trabajamos solo por dinero, el fútbol es una búsqueda de emociones fuertes, que es finalmente lo que recordamos. Aunque, obviamente, esto tiene como condición tener dinero” (Marcelo Bielsa)