La Guagua. Foto: Kaloian
"Cine mudo. No es que le falte el sonido/ es que tiene el silencio." Fina García Marruz.
Sucede que a veces me despierto con ganas de penetrar lánguidamente en mi ciudad -como esos haikus otoñales que hablan de apacibles hojas caídas- y esta me recibe con una desenfrenada orgía de ruidos. Nótese que digo ruidos y no sonidos; no pretendo que la cosmopolita dama sea un bucólico remanso. Es más, entiendo perfectamente que los autos, el denso rumor de la muchedumbre y la música de algún vecino se superpongan para conformar esa pieza simpar que es la sinfonía urbana. Pero mis torturados oídos se resisten a asimilar la idea de que el transporte urbano sea una extensión altoparlante de las preferencias musicales de sus choferes.
En esos días fantaseo con la idea de subir a alguna guagua en La Habana y descubrir un relajante instrumental. Sin ofender, pero no es precisamente CMBF o Radio Enciclopedia lo que se escucha a bordo de nuestros ómnibus. Vamos, que ya que me imponen la música, por qué no dejan descansar a Gente de Zona y Los 4 y ponen en su lugar un poco de jazz, los Van Van o Matamoros, qué se yo. Pero no, me acogen las mismas canciones de las discotecas, de la radio, de la televisión, de los mp3; los mismos 10 temas de siempre me machacan el cerebro con su odiosa ubicuidad.
Reconozco que tengo cierto vicio por hallar conspiraciones en todo, pero tras escuchar ese repertorio, la sospecha de un acuerdo entre reguetoneros y conductores no me parece una idea tan descabellada, algo como "te doy 5 cuc por cada viaje que des con mi disco puesto".
Más allá de mis recelos, pareciera que la Dirección Provincial de Metrobús distribuye a sus choferes una compilación con las canciones del momento. ¡Y ay del que no lo ponga! Ay del que se descubra que estaba oyendo Segunda Cita en lugar del Pa-pa-namericano (sic tal cual lo entienden mis oídos). Si por alguna razón justificadísima, el chofer no anima a sus pasajeros con la música (el pobre, los mira con pena, como disculpándose por no promocionar lo último de Osmany García), siempre hay dos o tres bocinas ambulantes que salen en su ayuda. Para que nadie sufra del insoportable silencio, estos DJ's Sin Fronteras se apostan a lo largo de la guagua. Con su contribución, podemos escuchar en una ventanilla "chupa que te queda" y junto a la puerta "páfata, esto es un palo por la cara". ETECSA debiera subsidiar los audífonos de celulares, antes de que estos personajillos terminen por desquiciarnos.
En la ciudad, con su ajetreada vida, es normal que nuestros sentidos se emboten. Gracias a esta bien implementada campaña contra el silencio, ahora también se embota el intelecto.
¿Quedará algún inspector vivo, o descansan todos en el panteón de la prehistoria, junto a las buenas costumbres y los muñequitos rusos?
(Tomado del blog El Microwave)