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Resistencia (VIII): Ingenio y creatividad sobre ruedas

El botero Mauri Abreu, en su Buick del año 50, recorre las calles de La Habana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Los almendrones cubanos son famosos en el mundo entero. Sus choferes podrían tener un premio a la innovación, por las diversas adaptaciones que le han permitido mantener carros de más de 60 años rodando. Hoy circulan por las calles los más diversos modelos de autos americanos, la mayoría con carrocería original, pero con motores de numerosas marcas, y adaptaciones nacionales a piezas practicamente extinguidas en el mercado.

Mauri Abreu es uno de esos magos cubanos sobre ruedas, a quien la necesidad le ha convertido en mecánico, ingeniero y hasta pintor, debido a la escasez de vehículos y piezas de repuesto en el país. La historia de este botero confirma cuánto de inventiva e ingenio han necesitado los conductores cubanos para no detener sus carros.

Entre la lista de innovaciones que podrían convertir en únicos estos autos clásicos cubanos, quizás las más frecuentes sean neumáticos reciclados como pastillas de freno, diferenciales y rolletes de camión adaptados, motores de diversas marcas y modelos, pizarras modernas utilizadas en carros antiguos, o maniguetas criollas para puertas de carro.

Hoy usted puede montarse en uno de estos llamados almendrones y encontrará desde carros en pésimas condiciones con asientos destruidos o puertas que apenas cierran, hasta otros con gran confort que incluyen hasta aire acondicionado. Todo eso tiene detrás la inventiva y resistencia del cubano, quien jamás se da por vencido, y ante las dificultades busca las más inimagibales soluciones. Para hombres como Mauri, y los diversos boteros que ruedan por La Habana, la palabra Bloqueo no existe, porque ellos han apostado por burlarlo durante toda su vida.

“Todo se puede hacer en Cuba, lo que no podemos es pararnos”, me asegura Mauri, quien durante una tarde compartió con Cubadebate parte de sus luchas y desafíos cotidianos.

“Los torneros aquí inventan mucho. Eso hace que los carros sean duros y resistentes, porque un auto como este trabajando en las calles de Cuba se desbarataría en un momento. Mi carro es un Buick del año 50, tiene un motor de Mercedes Benz y los discos de freno son de volante de guagua Girón que botan porque ya no sirven".

"Aquí en Cuba el tornero me hace los discos de freno, y quedan hasta mejor que los discos de fábrica. Los motores se reparan una y otra vez, y también hay cubanos que se dedican a vestir pastillas de freno, y así no hay que comprarlas nuevas”, me explica este taxista, cuyo carro suma ya más de 69 años.

Con el overol embarrado de grasa, Mauri pasa largas horas al día bajo su carro, para mantener en forma a quien algunos chistosamente llaman su “segunda esposa”.

El carro de Mauri por dentro. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

“Lo compré hace 11 años a un señor que lo tuvo toda su vida. Al fallecer, su hijo lo dejó 10 años a la intemperie, por lo que cuando lo compré estaba en un estado deplorable. Mediante un crédito que solicité al Banco pude repararlo. Tuve que chapistearlo, pintarlo, comprarle neumáticos, un motor de diésel porque el que tenía era de gasolina y estaba muy deteriorado; y además le reparé todos los asientos, le hice la instalación eléctrica y le coloqué la cristalería. Todo está muy caro en el país, porque estamos bloqueados”.

En la barriada de Párraga, donde vive Mauri desde hace más de 20 años, este botero es famoso entre sus vecinos, por sus amplias habilidades en mecánica. “Eso lo aprendí con el carro, pasando trabajo, porque yo estudié electrónica. La necesidad fue lo que me llevó a aprender todo lo que sé. Yo actualmente arreglo mi carro, lo pinto. Todo se lo hago yo, y de hecho ahora no lo vendo, porque ya lo conozco completo, y con sus virtudes y defectos le he cogido cariño”

¿Qué cuánto no habría logrado si no estuviera el Bloqueo?.... Imagínate, a lo mejor si no hubiese estado bloqueado no sabría hacer nada de lo que he aprendido. Así que, a pesar del sacrificio, he sabido salir adelante. He crecido y criado a mis hijos en el Bloqueo, pero sino estuviera... entonces mi vida sería mucho más facil".

Busca las llaves de su carro, un gesto de su mano sobre la cara devela las facciones de quien trabajó hoy durante todo el día y antes de despedirse me ratifica: “Sí, la palabra resistencia me define. Mi vida oscurece y amanece tratando de salir adelante”.

Autos clásicos: lo que nunca podrán bloquear

El Ford 57 de Mario Verdecia, prestando sus servicios a extranjeros en La Habana. Foto: Archivo.

Si algo resulta atractivo para los turistas que visitan Cuba son los autos clásicos que circulan por La Habana. Fords, Chevrolets, Cadillacs, Buicks, Oldsmobiles, son algunas de las marcas que, reunidas bajo el sello Gran Car, prestan servicio a los extranjeros a lo largo de todo el país.

Mario Verdecia lleva al frente de su carro 25 años y es otro de esos cubanos que, a fuerza de inventiva, logra impresionar cada día a los turistas que montan su auto color azul cielo.

“Soy de los primeros choferes que tuvo este servicio. En el año 95 nos dieron a la tarea de recuperar muchos carros americanos que estaban en unos depósitos, y empezamos a promover lo que era el turismo en Cuba”, recuerda Verdecia, quien afirma que ha tenido el placer de recorrer la isla de punta a cabo.

"Primero tuve un Chevrolet Impala del año 59, ahora tengo un Ford del 57, y los americanos se quedan fríos con todo lo que le he hecho. Aquí lo que queda de carro americano es el carapacho, porque los cubanos hemos aprendido a hacer imitaciones de todo: los muñecos, los espejos de los laterales… ya estos carros no tienen nada original. Por ejemplo, a mi carro primero se le adaptó un motor que traían las guaguas Girón, y luego le compramos un motor de petróleo marca Toyota".

Para este experimentado chofer, el Bloqueo siempre ha sido un dolor de cabeza, pero enfatiza que una de las afectaciones más recientes para Gran Car llegó con la prohibición de la entrada de cruceros al país.

“Eso nos afectó mucho. En un momento de crecimiento del turismo llegamos hasta agenciar carros particulares, porque no podíamos satisfacer el enorme volumen de visitantes. En la actualidad, la realidad es que son muy pocos extranjeros y un amplio número de carros, por lo que se nos hace muy difícil trabajar. La caída de los cruceros nos afectó demaisado, no solo a nosotros, sino a las casas particulares, las paladares..."

Pero lo que quizás sorprende al conocer su historia es cómo estos taxistas, desde esta pequeña isla bloqueda, han ayudado a romper desde abajo ese Bloqueo que impone el gobierno estadounidense.

"Más allá del Bloqueo, teníamos excelentes relaciones con los americanos que nos visitaban. Muchos se sorprenden, pero incluso en varias ocasiones algunos de ellos se acercaban a nosotros los choferes de Gran Car con piezas, bujías, juegos de destornilladores o herramientas, y nos la regalaban. "¿Quién tiene un Ford?, ¿un Chevrolet? Mira, yo traje esto para tu marca, o esto otro”, relata Mario Verdecia.

"Allá hay todo tipo de piezas de carro americanos, por el Bloqueo me es imposible adquirilas, pero gracias a amistades y turistas solidarios he podido hacerme de los faroles delanteros, el aro del timón, y los espejos laterales. Pienso que esta política tiene que cambiar, porque le estan haciendo daño al pueblo y a los propios americanos que quieren compartir con nosotros. Siempre he trabajado con turistas y me dicen que este es el país más seguro del mundo para visitar", concluye.

“Hace un tiempo conocí a un hombre que lleva un catálogo de la marca de mí carro y se quedó frío con lo que hemos logrado los cubanos a fuerza de inventiva", dice Mauri. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

Muchos carros como este ruedan por las calles de La Habana diariamente. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

No hay Bloqueo que pueda detener la creatividad de los cubanos. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.