Retratos en B/N

Serie retratos. Mijaín López. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.

El fotógrafo holandés Kadir van Lohuizen, conocido por sus proyectos sobre la vida cotidiana a lo largo del curso de siete ríos del mundo, migración, la industria de diamantes y grandes vertederos de basura, ha dicho que “en blanco y negro, tengo la impresión de captar la esencia de mi historia”.

Jon Lowenstein, documentalista estadounidense que usa la fotografía y la imagen en movimiento para retar las nociones establecidas sobre las comunidades y el legado de la pobreza, la violencia social y la segregación, afirma sentirse “más libre cuando fotografío en blanco y negro”.

Otras dos frases. Ted Grant: “Cuando fotografías a una persona en color, fotografías su ropa; cuando lo haces en blanco y negro, fotografías su alma”. Y una de las definitivas del gran Henri Cartier-Bresson: “Fotografiar es colocar la cabeza, el ojo y el corazón en un mismo eje”.

Son frases que calan hondo en el sentido de la fotografía, como muchas otras que hablan de observación, de ver y mostrar lo que otros no ven, buscar y proponer respuestas, saber esperar y que el fotografiado no tenga la sensación de ser fotografiado en un instante de plena privacidad y confianza con el que fotografía; que este encuentre y use sus ojos, su modo de ver el mundo, la mirada, y que con ella llegue a conocer al fotografiado, logre captar su personalidad, su esencia.

Ismael Francisco es de esos fotógrafos que han encontrado la mirada. No en el acto mecánico y profesional de pedir a sus retratados mirar al lente mientras sus ojos profesionales se concentran en los detalles del entorno. Sin perder de vista todo cuanto pueda caber en su lente, presiona el obturador mirando a los ojos de su fotografiado.

Y el resultado mayor, más puro y profundo, aparece en estas fotos en blanco y negro. Porque el blanco y negro no es solo el juego de luces y sombras y matices en un papel o una pantalla. Cuando se tiene la mirada, cuando se llega a conocer y comprender al fotografiado, su circunstancia; cuando se sabe esperar y ganar la confianza del fotografiado en un diálogo de palabras y silencios, la imagen contiene también luces y sombras y matices, claroscuros, del sujeto fotografiado.

Es, quizá, la capacidad de conocer provista por una especie de nervio privilegiado que, como decía Cartier-Bresson, une cabeza y ojo y corazón en un acto de sinceridad total en que no faltan la emoción por el descubrimiento y la maestría que hay en Ismael, insertado en la tradición de la fotografía cubana que va desde la eclosión épica y la nueva realidad en los sesenta al reportaje social y las escenas intimistas o experimentales de años más recientes.

Estas son fotos que nos llaman a recuperar o desempolvar el instinto, la cualidad de la mirada. A mirar y volver a mirar, detenidamente, porque hay algo ahí -no importa que no sepamos qué, puede quedarse en misterio- que nos hace mirar más de una vez, tratar de descifrar los claroscuros del fotografiado, descubrir qué vio el fotógrafo en él, porque es algo que tal vez nosotros, con un poco de suerte, podamos también alcanzar a ver.

Serie retratos. África. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.

Serie retratos. Carbonero. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.

Serie retratos. Mambí. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.

Serie retratos. Trinidad. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.

Serie retratos. Santiago. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.

Serie retratos. Estadio. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.

Serie retratos. Gabo. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.

Serie retratos. Fumar. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.

Serie retratos. Niño. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.

Serie retratos. África. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.

Serie retratos. Mujer. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.