Nelson Domínguez Cedeño: “Transmito con el pincel o mis manos todo lo que siento”(+ Fotos)

Nelson Domínguez Cedeño. Foto: Thalía Fuentes Puebla/ Cubadebate.

Nelson Domínguez Cedeño concibe al arte como una forma de existir. Quizás, una manera de pensar para quien cree en su magia o quien la realiza mediante el pincel, la voz, las manos o el cuerpo. “No tengo idea de qué sería sino fuera pintor. Me moriría entonces por serlo, porque me apasiona y sin eso no existe nada”.

El artista se considera un hombre observador. De hecho, un pintor parte de cómo ve su realidad y después la proyecta en un papel. “Tengo muchas maneras de trabajar. A veces comienzo manchando la tela en blanco ─a lo que todo el mundo le teme. Otras, dibujo en un boceto lo que quiero hacer y voy al directo, o mezclo las dos formas de trabajar”.

Su mente está llena de ideas y a partir de ahí selecciona los temas que le interesan. El proceso creativo que sigue es tan sencillo, o complejo, como ver el reflejo de un perro bebiendo agua y llevar esa imagen a un cuadro, o fotografiar con su teléfono instantáneas que llaman su atención para después tenerlas como materiales para trabajar.  “Siempre estoy con los ojos abiertos, atento a lo que me rodea y a las provocaciones de la morfología, las formas y las sugerencias que te da el paisaje”.

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-¿Cómo reacciona cuando tiene todas las miradas puestas en usted?

“Me da miedo. Si estoy en una conferencia me pongo nervioso porque imagino lo que el auditorio cree de las tonterías que estoy diciendo. Mi método es concentrarme en una persona y pensar que entablo una conversación con ella”.

-¿Y cuando nadie lo mira? ¿Cómo es Nelson Domínguez?

“Soy un hombre feliz. Tranquilo. Me fumo un puro mientras pienso en mi trabajo o en las novias”.

-¿Cómo lo definen otras personas?

“Esa respuesta solo te la puede dar otra persona”.

-¿Cómo se define usted?

“Me gustan los juegos de palabras y hablar con la gente. Aborrezco las caras cerradas y amargadas. Hay veces que las personas se amargan sin razón y se predisponen con la vida y la felicidad. El mal carácter es una de las razones por las que un hombre puede durar menos”.

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Nelson Domínguez Cedeño. Foto: Thalía Fuentes Puebla/ Cubadebate.

-Maestro, ¿por qué el arte?

“Por casualidad. Cuando somos niños nos animamos con muchas cosas. Estudiaba en la Ciudad Escolar Camilo Cienfuegos, en El Caney de las Mercedes del municipio granmense Bartolomé Masó. Me invitaron a un taller donde se levantaban y grababan cosas. Tenía unos 12 o 13 años. Mis amigos y yo nos embullamos y nos convertimos en los pintores de la escuela, la primera después del 1ero de enero del 1959. Soy el estudiante 126 de la Revolución”.

-¿Cómo recuerda su infancia?

“La vida familiar fuera de la ciudad es sencilla: trabajar en el campo, comer, dormir y al otro día la misma rutina. Desde niño siempre fui muy observador. Puedo ahora mismo caminar mentalmente, fragmento por fragmento, la finca de mi padre. Son recuerdos que se quedan en tu archivo imaginario y que te van alimentando sin darte cuenta.

“Nací en una finca entre Los Negros y Matías, en Baire, Santiago de Cuba.  Mi mente está muy arraigada a esos lugares donde transité por mi niñez y adolescencia. Una vez, con catorce años, fui con mi padre y me dijo: ‘mira, tú naciste en ese pedacito de tierra’. Tengo un proyecto que se llama Galerías rurales, hice una exposición en el Escambray y la otra la haré en ese sitio, en la finca de mis abuelos.

“No puedo negar que crecer en ese lugar ha influenciado mi forma de concebir el arte. En un primer momento de mi obra hay mucha relación con el campo. La partida siempre fue esa, y de vez en cuando sale en alguna tela un campesino”.

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-¿Qué significa Cuba?

“El motivo fundamental de ser cubano es el apego a la tierra que te vio nacer. La de tus padres, tus hermanos. Todo eso es Cuba. Hay muchos países en los que puedes vivir, pero siempre, no sé por qué razón, se añora esta tierra. Nunca he pensado en establecerme fuera de este país, bajo ningún concepto. Ser extranjero duele mucho”.

-¿Cuál es la decisión o proyecto que ha tomado del que se sienta más orgulloso?

“Tengo muchos proyectos: Hospitales galerías, Galerías rurales, Bolsillo Flaco. Los llevo poco a poco y en el camino involucro a muchas personas. Siempre estoy en algo metido. Diría el refrán: ‘cuando no estoy preso me andan buscando’”.

-¿Cuál es el fallo más grande que ha cometido?

“Enamorarme demasiado y, sobre todo, sin ser correspondido. Lo mejor es que haya reciprocidad, y eso es válido para muchas cosas en la vida. Me extralimito. A veces no tengo frenos con las pasiones y eso me ha afectado bastante. Avanzo así, equivocándome”.

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Nelson Domínguez Cedeño. Foto: Thalía Fuentes Puebla/ Cubadebate.

Dice Nelson Domínguez que la Ciudad Escolar Camilo Cienfuegos fue una especie de “laboratorio” para que Fidel fundara posteriormente las escuelas al campo. “A principios de la Revolución vino a Cuba una brigada internacionalista de varios lugares de Latinoamérica. Había un chileno, graduado de arte y oficio, que en los talleres del círculo de interés nos enseñó muchas cosas de cerámica, como preparar una tela”.

Al artista recuerda que en ese centro había un director, Isidoro Gómez Palacios, que era su tutor y vio algo en él . “Tenía cuarenta opciones para continuar los estudios y fue ese profesor quien me dijo que me olvidara de todas las restantes posibilidades porque iba a presentarme a las pruebas para ingresar en la Escuela Nacional de Arte”.

Hizo el examen y con mucho trabajo aprobó. Los primeros tres años fueron muy difíciles para Nelson Domínguez, al punto de casi salir de la escuela por bajo rendimiento. “No tenía formación como pintor a diferencia de un grupo de estudiantes que eran graduados de escuelas instructores de arte y escuelas provinciales. Me esforcé y mejoré en el segundo año. En tercero y cuarto me emparejé. En quinto año, junto a Pedro Pablo Oliva y Flora Fong, fuimos los primeros expedientes del grupo”.

Después de egresar de la ENA, la destaca pintora cubana Antonia Eiriz lo escoge para ser su asistente. “Ese ha sido el más grande de mis regocijos. Durante ese año aprendí mucho, enseñanzas que todavía utilizo”.

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-¿Qué le gustaría hacer que no esté haciendo ahora mismo?

“Oír un concierto que me guste. Una ópera. La música me atrae mucho. Iba a estudiarla pero la deje por culpa del solfeo. Era malo con los números. Una vez le pregunté a Leo Brouwer por qué nunca entendí esa asignatura y me dijo que la música es pura matemática”.

-¿Cuál es su mayor defecto?

“Confiar. Dice mi familia que pienso que todo el mundo es bueno, pero al final eso no es un defecto. El error sería creer que la gente es mala. Todas las personas tienen sus verdades”.

-¿Y virtud?

“Enamorarme de las cosas bellas, creer en la gente y en sus buenas intenciones. También valoro mucho el altruismo y la solidaridad”.

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Nelson Domínguez Cedeño. Foto: Thalía Fuentes Puebla/ Cubadebate.

-¿Qué significó su paso por la Escuela Nacional de Arte?

“Fue la escuela que mi situó. También, con una edad determinada ves el arte de otro modo. Después fui profesor de ese centro y junto a Luis Miguel Valdés, hicimos todos los planes de estudio de las Universidad de las Artes”.

-¿Y el magisterio?

“Me paro frente a un estudiante y parto de esas veces en que me enseñaron y lo importante que fue para mí la carga de responsabilidad que tiene un profesor con un alumno, aunque lo concienticé en su total dimensión cuando ejercí el magisterio.

“Fui profesor de la ENA con un sistema de enseñanza basado en el renacentista donde el alumno escogía a su profesor de alguna manera. Tenía como 12 alumnos. Trabajaba esa jornada solo con un estudiante. Le daba clases hoy y no lo volvía a ver en 15 días. Iba a la biblioteca nacional y le traía jabas de libros relacionados con su línea de creación. Una vez Arturo Montoto dijo que pintaba como le había enseñado Nelson Domínguez. Me sentí orgulloso”.

-¿Cuál son sus características como artista de la plástica?

“Siempre me arriesgo mucho. No tengo miedo, ni me conformo con los éxitos. Aunque un cuadro tenga una parte muy linda y me doy cuenta que otra está mal y por eso hay que quitarlo, lo hago. Trabajo a partir de la duda. Siempre estoy dudando de mí y de mi obra. Eso me ha hecho bien”.

-¿Existe algún punto en común en sus obras?

“Si bien los temas son diferentes, en la obra de un pintor siempre hay puntos en común. Por ejemplo, Picasso tenía siete u ocho temas y después los iba llevando por diferentes caminos. Creo que los artistas no tenemos tantos tópicos para tratar, sino que tiene de que ver con la sensibilidad. Por ejemplo, lo cotidiano es algo que me llama mucho la atención”.

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-¿Qué prefiere hacer en su tiempo libre?

“Me gusta mucho la jardinería, pero me apasiona más la cocina. Dicen mis detractores que soy mejor cocinero que pintor. También escribo, pero para mí. Abel Prieto afirma que debo tomarme la literatura en serio, pero los celos que le tengo a las artes plásticas no me lo permiten. Puedo traicionar todo menos la pintura”.

-¿Cuál ha sido su mayor sueño?

“Tener una casa grande y bonita en el campo. Compré hace poco una finca por el Nicho de Cienfuegos y estoy soñando ese proyecto. Creo que al final de mi vida viviré en el campo”.

-¿Algún secreto que no haya compartido en una entrevista anterior?

“La vida está llena de secretos y han de mantenerse en secreto para que sean secretos”.

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Nelson Domínguez Cedeño. Foto: Thalía Fuentes Puebla/ Cubadebate.

Nelson Domínguez Cedeño defiende la tesis de que los cuadros no son famosos o llegan a ser importantes por los temas que tratan, sino por como están hechos y la intensión que le quiso dar su creador. Si preguntas por su obra, dice que no lleva la cuenta de las exposiciones que ha realizado. “Quizás hay que contar lo que aún no he logrado”.

Una de sus muestras predilectas fue “Autorretrato”, cuando ganó el Premio Nacional de Artes Plásticas. “Tenía derecho a hacerla en Bellas Artes, pero como había expuesto dos veces en ese lugar, decidí que fuera en el Pabellón Cuba. Después Lázaro Expósito llevó la exposición a Santiago de Cuba, de ahí a Baracoa y terminó recorriendo todo el país, excepto la Isla de la Juventud”.

Precisamente, se siente realizado como artista de la plástica cuando logra que sus obras sean vistas por la mayor cantidad de personas posible. “‘Mi amiga Alicia’ es una exposición que me ha dado muchos placeres. Ahora la llevaré a Mayabeque, después a Matanzas, Pinar del Río y terminará en la Isla.  Me gusta que mis creaciones recorran toda Cuba”.

Si preguntas que prefiere entre la pintura, la escultura, el grabado o la cerámica, asegura que la emoción de cada soporte es lo importante. “Trato de respetar los parámetros de los procedimientos”.

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-¿A qué le tiene miedo?

“Al dentista o a enfermarme, aunque yo sé que el día en que muera va ser de un batacazo. Temo a veces perderme en el ansia de tener dinero. Me siento un hombre rico, aunque no sé si realmente lo sea, porque las posesiones materiales no son las que enriquecen a la gente. La verdadera fortuna es tener un poco de lo que te hace falta. Sin acumulación.

“Por ejemplo, me gustan muchos los muebles antiguos y no soy un anticuario. Si veo uno que me gusta invento cómo buscar dinero para comprarlo. Esa es una de mis pasiones. Mira—sonríe—te acabo de decir un secreto”.

-Si llegara una persona nueva a su vida, ¿qué puede hacer para llegar a conocerlo mejor?

“Hablar”.

-Si todo desapareciera y pudiera rescatar una sola cosa, ¿qué sería?

“Sería egoísta y rescataría al ser más querido en ese momento. En el Armagedón no tiene sentido salvar pinceles ni cuadros”.

-Si pudiera comenzar de cero, ¿qué cambiaría?

“Los muebles de mi casa”.

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Nelson Domínguez Cedeño. Foto: Thalía Fuentes Puebla/ Cubadebate.

-¿Cómo se manifiesta la cubanía en la obra de Nelson Domínguez?

“Eso de la cubanía es un cliché, al igual que lo folclórico. En la medida en que uno refleja el entorno ─en blanco o negro, líneas o rayas─ está presente la cubanía. Desde el momento en el que soy cubano y pinto en Cuba. No es el tema el que dice eso, sino los resultados finales. Nunca busco esas cosas. Si aparece o lo ven los críticos que son los que se fijan en esos detalles, pues bien.

“Pinto para mí y transmito con el pincel o mis manos lo que llevo dentro. Eso sí, hago muchos temas relacionados con la cultura, el sincretismo religioso u otros con una carga de magia que son un vox populi de la sociedad”.

-¿Cuáles son sus principales paradigmas dentro de las artes plásticas?

“Tengo admiración por la escuela cubana de pintura. Esa obra con una raigambre popular y social muy fuerte: Carlos Enríquez, Eduardo Abela, Jorge Arche, Amelia Peláez, Mariano Rodríguez, Martínez Pedro, Mirta Serra, Wilfredo Lam.

“En mis obras siempre hay algo de ellos porque los he estudiado y no creo en la supuesta originalidad. El origen del arte es el propio arte. Siempre tienes que saber quién existió antes de ti para ver qué vas a hacer”.

-¿Y su corriente estética preferida?

“No me interesan las corrientes. Hay que tener cuidado no caer en los ismos. Son límites para un pintor y hay muchos que son esclavos de la propia fama que han alcanzado y no se salen de un único método. Entonces, te enamoras de tu obra y ese es otro grave error para un artista”.

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-Si hace una panorámica a su vida, ¿está satisfecho?

“No. La satisfacción es algo que el hombre nunca llega a conocer porque la trayectoria de una persona es tan corta que no tiene mucho tiempo de analizar lo que ha hecho. Alguien dijo que los árboles impiden ver el bosque y eso le pasa mucho al ser humano”.

-¿Qué consejo le daría a su versión de hace 20 años?

“Que pinte más, aunque en el fondo me siento conforme con lo que he logrado.  Cada persona tiene sus propios límites, pero creo que todavía pueden venir más sorpresas en mi trayectoria como artista”.

-¿Cuáles son sus principios y valores sagrados?

“La lealtad, y no tanto la de pareja sino hacia otro ser humano. La amistad. A veces tengo dos tabacos y le llevo uno a un viejito que vive allá arriba porque sé que nunca va a tener la posibilidad de fumarse un puro de esa calidad. Cuando uno comparte lo que tiene se siente más feliz”.

-¿Qué es aquello por lo cual moriría?

“Lo haría defendiendo a mi Patria y eso no es un eslogan, sino una realidad. Salvando a otra persona. Creo que también podría morirme de la risa”.

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Nelson Domínguez Cedeño. Foto: Thalía Fuentes Puebla/ Cubadebate.

El reconocido artista no cree que exista un antes y un después en su carrera: “Un antes es ahora que estoy vivo y un después cuando no lo esté. Sigo hacia adelante. Lo que si hago a veces es ir atrás para no dejar sin hacer cosas que me interesan. Hubo un tiempo en que mi pintura se iba mucho hacia lo figurativo, entonces revisé y retomé cosas. Ahora estoy en un periodo en el que hago un reconcilio con los procedimientos, técnicas y maneras de hacer que he utilizado anteriormente. En el fondo lo que pretendo hacer es una pintura sin mucha complejidad. A veces lo simple es lo más difícil porque requiere conclusiones. Lo elemental está hecho de cosas complejas”.

Para Nelson Domínguez, aprender a pintar es el mayor éxito que he tenido en su vida. “Trabajar con alegría. Conocer todas las técnicas. Quizás el éxito sea ir por la calle y que la gente te reconozca y te salude, pero eso es un éxito social”.

En esta misma línea, dice que los premios dependen de un jurado. “No son símbolos de estabilidad para nadie. Es una visión de un grupo de personas sobre tu obra”.

Cuando pinta, graba, dibuja o moldea una pieza, siente que le falta un camino por recorrer. “Inicias una obra y no sabes cómo puede terminar. Es un placer también ver un cuadro terminado y que te guste. Pero también, ves problemas que no puedes resolver”.

Nelson Domínguez cree fehacientemente que el arte es su modo de respirar, de vivir, de pensar, de amar. Un medio de comunicación. “A veces soy un poco egoísta y pongo mi trabajo por encima de todo, porque creo que esa es la única manera de llegar hasta donde uno quiere. También regateo mucho, por ejemplo, quiero aprender computación y no lo hago porque pienso en el tiempo que no le voy a dedicar a la pintura. Es increíble”.

Este oficio le ha quitado la mala costumbre de perder el tiempo y le ha regalado el placer de hacer lo que quiere y de amar lo que desea a través de su obra o la de otros artistas.

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-¿Ha pensado alguna vez en tomarse un año sabático?

“No. No soporto ni un día libre. Soy muy apegado a mi trabajo. Es una bella enfermedad”.

-Si pudiera elegir una forma de morir o alguna en la que no quisiera hacerlo, ¿cuáles serían?

“Ahogarse es horrible. Me gustaría mucho que esa muerte necesaria llegara cuando esté haciendo el amor”.

-¿Cómo le gustaría que lo recuerden cuando ya no esté?

“Como una persona feliz. Un iluso que pensó que iba a vivir más de lo que le tocó”.

-Una palabra que defina su vida…

“Duda”.

-¿Cuál cree que sea su mayor legado a la cultura cubana?

“Primero hay que estar consciente de si uno ha logrado un legado o no. Trabajo para dejar cosas para lo demás. Para Cuba. Esa es mi satisfacción”.