“Cuando me pude orientar un poco empecé a tocar todo mi cuerpo, para ver si estaba viva en realidad”, narra Marisel. Foto: Cortesía de la entrevistada.
La noticia jubilosa del retorno, luego de un año fuera del hogar, de pronto se trastocó en una tragedia de dimensiones poco vistas. La tarde anterior les habían comunicado que viajarían a sus provincias de origen, ya que sus respectivas villas en La Habana serían habilitadas como centros de aislamiento en función de la COVID-19, hasta que resultara posible continuar cumpliendo con la misión que los llevó allí.
“Llegamos a Ciudad Libertad aproximadamente a la 1:00 de la madrugada y allí aguardamos, hasta que empezaron a salir los viajes. Primero salieron las de Santiago de Cuba y Guantánamo, y a las 5:40 a.m. comenzó a salir Granma. Todos estábamos trasnochados, teníamos mucho sueño y al subir al carro nos dormimos”, cuenta desde su pueblo natal Marisel Naranjo Mendoza, quien viajaba en el ómnibus siniestrado, con destino Guisa-Jiguaní.
“Cuando habíamos recorrido entre 40 y 50 kilómetros, en el punto donde se encuentra el puente de Güines, sentí golpes. Al despertarme sentí que íbamos cayendo; noté la guagua dando vueltas.
“Mientras caíamos sentí otro golpe, y después otro más. Luego, un desliz, y cuando me pude orientar un poco empecé a tocar todo mi cuerpo, para ver si estaba viva en realidad. Y nada, aquí estoy; estoy viva”, comenta con la voz en un hilo, ya entre sus familiares.
“Los que se murieron prácticamente pasaron del sueño a la muerte (rompe en llanto), y los que pudimos sobrevivir, gracias a Dios, vimos casi todo. Por lo menos yo no perdí el conocimiento en ningún momento y lo vi casi todo.
“Miré a mis compañeros, vi cómo todos estaban debajo de los asientos, sin poder auxiliarlos. Salí del ómnibus con ayuda de otros pedagogos que venían en la guagua de Bayamo. Ahí, al instante, cinco minutos, diez a lo sumo, comenzaron a llegar los bomberos, los paramédicos, la Policía, y me llevaron para el hospital de Güines, donde tuve las mejores atenciones.
“Después mis hermanos, que viven en San José de Las Lajas, gestionaron que me trasladaran, ya en la tarde, hacia allá; en ese otro hospital recibí muy buena atención también. Casi enseguida se acercaron a nosotros los trabajadores y directivos de Educación. Estuvo presente la Ministra, la Viceministra, el Ministro de Transporte, el director de Transporte Nacional. Hemos recibido magníficas atenciones desde el momento mismo del accidente”, reconoce.
Al amanecer del día 4 de febrero Marisel, quien tiene 47 años y se desempeña como subdirectora docente del Instituto Politécnico Agropecuario Armando Mestre Martínez, en el municipio de Arroyo Naranjo, emprendió viaje con dirección a Guisa, en una ambulancia especial. “Tuve fractura de costillas en el lado derecho y no podía viajar sentada. Estoy muy agradecida de todo el personal de Salud Pública, médico y paramédico, a mi llegada a casa. Ahora me encuentro en el Policlínico municipal, ya que tenía mucho dolor costal y me han estado atendiendo aquí”, narraba a Escambray en la noche del viernes 5 de febrero.
La ministra de Educación Ena Elsa Velázquez visitó a los sobrevivientes del accidente de Güines. Foto: Cortesía de la entrevistada.
Eran alrededor de 50 los ómnibus que viajaban hacia el Oriente de Cuba con su preciada carga —cuenta una de las sobrevivientes del accidente del 30 de enero en el kilómetro No. 42 de la Autopista Nacional, en Mayabeque—. Se trataba, en su mayoría, de integrantes de un contingente pedagógico que apoya la cobertura docente en La Habana desde hace casi veinte años. “Son conocidos como Los Valientes, que cubren la enseñanza secundaria desde entonces. Luego se incorporaron profesores generales integrales, y después otros docentes más. Es una misión que se nos asignó”.
Peritos y autoridades del Transporte y del Ministerio de Educación les comunicaron desde el principio que se investigan las causas del suceso. “Ya en la calle hay teorías al respecto, pero no me parece correcto; hay que esperar a que se conozcan las verdaderas causas”, considera.
Y ya en su hogar, nuevamente, en las afueras de Guisa, reacomoda los sentimientos para mantenerse con la fe que le ha ayudado en las últimas jornadas: “Doy gracias a todos, doy gracias a Dios por estar viva y poder, en este preciso momento, hablar con usted. Me duele haber perdido a más de una decena de compañeros; cuando llegaba a mi casa me dieron la noticia del fallecimiento de otro guisero joven. Confío en la potencia médica que es Cuba, y en que no fallezca nadie más”.
Con Karel, uno de los sobrevivientes. Foto: Cortesía de la entrevistada.
Varios fallecidos y heridos dejó el accidente de tránsito en Mayabeque. Foto: Yaremi Maderos.
Marisel se desempeña como subdirectora docente del Instituto Politécnico Agropecuario Armando Mestre Martínez, en el municipio de Arroyo Naranjo. Foto: Cortesía de la entrevistada.
Las atenciones médicas recibidas por los accidentados fueron destacadas por Marisel. La foto corresponde al hospital de San José de las Lajas. Foto: Cortesía de la entrevistada.
(Tomado de Escambray)