José Manuel Cortina: Entre Cortinazos y Confesiones sobre pitcheo

José Manuel Cortina prepara su nuevo libro Confesiones sobre pitcheo. Foto: Cubadebate.

“Un entrenador de pitcheo que se respete tiene que cumplir tres requisitos que no puede olvidar y debe practicar siempre. El primero es no dejar de estudiar todo lo relacionado con el box y estar actualizado cada día; el segundo, ser un profundo observador y pensar en el béisbol las 24 horas del día; y por último, tener una gran memoria”, comenta a Cubadebate el avezado preparador José Manuel Cortina.

“Esta última cualidad se ejercita con el estudio y el análisis de situaciones en juegos observados por él, para conocer las potencialidades y debilidades de los bateadores y preparar mejor a sus lanzadores”, asegura mientras enseña en su laptop la versión más acabada de su libro Confesiones sobre pitcheo.

“Se llamará así en honor al periodista de Tele Rebelde, Aurelio Prieto Alemán, quien durante años ha homenajeado a nuestras glorias deportivas con el programa Confesiones de Grandes, y que ahora hará el prólogo de este libro”, apuntó.

A diferencia de Cortinazos, texto basado en anécdotas, Confesiones está dedicado a la técnica de pitcheo. “Comparto experiencias sobre el equilibrio al lanzar, la selección y tipos de envíos, el cambio de velocidad, la concentración, el pensamiento técnico-táctico…”, dijo Cortina sobre el ya esperado volumen, que publicará el próximo año Ediciones Loynaz.

En este período de necesario distanciamiento físico, además de trabajar en su propuesta literaria, el pinareño ha atendido vía telefónica, Facebook o WhatsApp a los peloteros del equipo Camagüey, del cual será nuevamente asesor de pitcheo en la Serie Nacional 60.

De igual forma, ha orientado a dos jóvenes serpentineros, de 12 y 16 años. Uno de ellos, Pedro Roberto Camargo Menéndez, dialogó vía telefónica con Cubadebate.

“Fui con mi papá a ver a Cortina para que me ayudara en la recuperación de una lesión en el hombro derecho. Empezó a mandarme ejercicios que podía hacer desde la casa, como el trabajo con las pesas, las ligas y tirar pelotas. Al cabo de un mes ya me siento mejor. Lo primero es ganar confianza, porque en estos asuntos de rehabilitar los brazos tenemos en Pinar del Río al mejor especialista de Cuba”, dijo Camargo, quien el venidero curso integrará la selección juvenil de la provincia, y que, según Cortina, ya mide 1.92 m.

José Manuel Cortina, entrenador de pitcheo. Foto: Cubadebate.

Luego de varios minutos de conversación, equivalentes a un intenso calentamiento en el que hubo todo tipo de preparaciones: física, técnica, mental y hasta una pizca de literatura, Cortina anuncia su rutina de entrenamiento para ir ajustando la forma deportiva en tiempo de pandemia.

-Hacer ejercicios de estiramiento, de combinación y de equilibrio, siempre de forma estática en el lugar.

-Trabajar los abdominales y llevar una rutina completa con pesas, usando dumbes para los brazos. En estos ejercicios de fuerza se debe lograr una mayor presión de los dedos.

-Correr un poco, y lo más importante, buscar un lugar para tirar y hacerlo todos los días. Empezar de menos a más, hasta llegar a los 100 pies de distancia, para cuando se dé la voz de inicio en el estadio no sufrir lesiones.

Con esta última recomendación comenzaron los Cortinazos -que no por tajantes- dejaron de ser atinados.

“Cuando un pítcher deja de tirar, si no tiene un cuidado especial, se puede lastimar. Estoy en contra de que los lanzadores experimentados estén siete días sin pitchear, pues existen más probabilidades de lesión. Después de los tres años de trabajo a ese nivel, solo se debe descansar cinco días.

“En tanto, el pitcher joven lleva un proceso de fortalecimiento y desarrollo para tener la suficiente capacidad de preparar su brazo. Es como un zapato nuevo que debes adaptar poco a poco, o un niño de segundo grado frente a una ecuación de universidad. Siempre asocio al béisbol con la vida cotidiana, no pueden verse por separado.

“Un lanzador se lastima por cambios de esfuerzos bruscos. Los que más lo hacen son los del Equipo Cuba. Cuando llegan a descansar a su provincia no tienen el tiempo suficiente para preparase para la nueva contienda, pero por la presión delante de su público, lanzan el primer día corriendo el riesgo de lesionarse. En cambio, pítchers como Pedro Luis Lazo, Carlos Llanes y Faustino Corrales han durado tiempo porque han cuidado ese aspecto durante su descanso”.

José Manuel Cortina se auxilia de las nuevas tecnologías para atender a sus alumnos en tiempo de pandemia. Foto: Cubadebate.

“Manolo”, como suelen llamarlo familiares y amigos, ha recuperado los brazos de más de una treintena de peloteros cubanos, entre lanzadores y jugadores de posición. Del tema conoce hasta lo indecible el hijo de Minas de Matahambre, municipio vueltabajero entre colinas.

Muy joven se lastimó el brazo y nunca volvió a ser el mismo. A Cortina la vida le mostró otros derroteros, al contrario de su padre, tío y hermanos, que sí jugaron béisbol durante años. Preparadores como Juan Ealo, Ramón Carneado, Conrado Marrero y José Joaquín Pando, fueron sus maestros, y de ellos aprendió el decir diáfano y sin rodeos con que ha entrenado a varias generaciones.

Hoy vuelve a hablar sin pelos en la lengua y enumera elementos que atentan contra el desenvolvimiento de los lanzadores cubanos. “Llevo años hablando, pero lamentablemente no me oyen, parece ser que estoy equivocado. De todos modos, continúo en el empeño.

“Primero, formamos lanzadores sin antes hacerlos jugadores de béisbol y creo que el pítcher debe ganar en habilidades de juego, incluido el batear, para cuando lance lo haga como bateador y no como lanzador. La destreza adquirida te dará la posibilidad de maniobrar contra el contrario. La primera razón para eliminar un bateador es saber romperle la sincronización de su swing, y colocarle los envíos en los lugares más vulnerables.

“Segundo, los receptores han tomado una moda de moverse hacia los lados antes de que el pítcher lance, convirtiéndose en el enemigo número uno de su lanzador. Con esa práctica, la única cosa es descubrir dónde va el lanzamiento, y el bateador tendrá para preocuparse solamente el 50% de la zona de strike, haciéndole más fácil la posibilidad de conectar.

“Tercero, y este concierne a todos, no enseñamos bien la terminación del swing, obligando al receptor a irse un poco más atrás. Esto trae como consecuencia que estén obligados a tirar más altos los lanzamientos de rompimiento, favoreciéndole el golpeo al bateador. También, si tiramos muy bajo, las bolas pican demasiado lejos del receptor, haciéndole más difícil su captura, y en muchas ocasiones se convierten en wild pitcher”, aseguró Manolo.

Nacido el 27 de diciembre de 1950, 76 años después del primer partido oficial de béisbol en Cuba, José Manuel Cortina, próximo a cumplir siete décadas de vida, disfruta de una excelente memoria. Recuerda los números telefónicos sin necesidad de consultar una agenda y nunca olvida el rendimiento por temporada de cada uno de sus discípulos.

Después de andar medio siglo entre bolas y strikes, Cortina manifiesta que “la pelota” es para hoy y para después, “y se establece una sincronización en lo que estás haciendo, que te puede servir mañana”.