Flashazos de la ignominia (+ Video)

Estados Unidos evacuó en el helicópteros de forma urgente al personal que quedaba en su embajada en Kabul. Foto: AP

Primero cayó el Capitolio de Washington; ahora cayó Kabul con un aire de deja vú a Saigón. El imperio vive el destrozo de su ambicioso proyecto de Nuevo Siglo Americano impuesto veinte años atrás en medio del humo de las Torres Gemelas y la degradación de su democracia de las élites.

En medio del desbarajuste geoestratégico y de imagen, afloran las peores esencias de la filosofía imperial. La estampida afgana ha dejado imágenes de la ignominia de la Roma Moderna. "La guerra no es una aventura. Es una enfermedad" como dijera Antoine de Saint-Exupéry. Y la de Washington es crónica y arrasadora.

El ejército ocupante no sólo abandonó en su retirada armamento y técnica militar, que exhiben hoy victoriosos los talibanes, y algunos ya hasta en manos de Irán, según algunas fuentes. También dejó a su suerte a los miles de colaboradores que le sirvieron durante la ocupación y a sus familias.  The Washington Post recuerda que primero Trump abandonó a los kurdos que fueron aliados hombro a hombro con el ejército estadounidense en una parte de Siria combatiendo a las fuerzas de ISIS. Ahora dejaron detrás a más de 80 mil servidores del ejército imperial y sus familiares más cercanos.

Roma paga...pero desprecia. The Washington Post pone el dedo en la llaga: "Y esto no es justamente desde un punto de vista moral; esto es también la posición de asegurar a otros que pudieran dar tal paso en territorio hostil en el futuro de sentirse confiados de que Estados Unidos estará con ellos y los protegerá incluso si las cosas no van de acuerdo al plan"

Entre 2003 y 2016, EE.UU. suministró al país una enorme cantidad de material militar para las fuerzas afganas: 358.530 rifles de diferente tipo, más de 64.000 ametralladoras, 25.327 lanzagranadas y 22.174 camionetas de combate (conocidas como Humvees), de acuerdo al reporte del propio gobierno estadounidense.

Pero, a medida que se evidenciaba la dificultad para luchar contra los talibanes, EE.UU. les entregó más equipos con los que reemplazaron los viejos que ya tenían.

En ese momento les entregaron 20.000 rifles M16. Y en los años siguientes, continuaron la provisión con al menos 3.598 rifles M4 y 3.012 camionetas Humvee para el ejército afgano



Cientos de afganos se lanzaron desesperados a la pista de despegue. Foto: Twitter.

Todos vimos las imágenes del caos en el aeropuerto de Kabul.  Mujeres implorando ayuda, niños sobre las cercas, tiros a los pies para calmar la muchedumbre, decenas de personas intentando asirse a las ruedas de un avión militar yanqui a punto de despegue, prefiriendo arriesgarse a caer de las alturas a permanecer a merced del caos que podría sobrevenir.

Y en medio de la incertidumbre, el negocio. Las guerras de hoy son un gran negocio. Hasta el desespero puede ser muy redituable. La privatización de los conflictos impulsada por Donald Rumsfeld, para que los mercenarios actuaran como parte del ejército invasor, llevó a Afganistán a Blackwater, después renombrada como Xe Service y ahora Academi, una de las grandes empresas privadas paramilitares del mundo

El multimillonario contratista estadounidense y fundador de esa empresa, Erik Prince, ofreció billetes en aviones fletados desde Kabul por 6.500 dólares, unos 5.500 euros, por persona, según informó The Wall Street Journal. Prince, que ya ganó miles de millones con las guerras en Irak y Afganistán, se agenció la manera de sacar provecho de la desesperación de miles de afganos que quieren salir del país a toda costa.

Según se detalla, el precio no incluye servicios adicionales, como el envío de un grupo de rescate a las inmediaciones del aeropuerto de Kabul en caso de que el cliente no pueda llegar a la instalación por sí mismo.

La propuesta de Prince, cuya empresa ha sido contratista del Pentágono durante décadas, provocó indignación entre periodistas y analistas que observan la situación en Kabul. Así, la editora de The New York Times Maria Abi-Habib tuiteó: "Después de ganar millones de dólares con la guerra de Afganistán, Erik Prince está de vuelta, explotando por dinero la desesperación de la gente". Por su parte, la activista Amy Siskind comentó: "Erik Prince ve una crisis para sus compatriotas y aliados, y el multimillonario la aprovecha para cobrar 6.500 dólares por persona por un asiento en un avión".



Habitantes y vecinos de una casa observan el 30 de agosto de 2021 los restos de un coche destruido presuntamente por un ataque de dron estadounidense en Kabul que, según uno de los residentes, mató a diez miembros de una familia Foto: WAKIL KOHSAR AFP

La guerra, y más cuando es el estado natural permanente del imperio, hace aflorar los odios, la violencia, la venganza. “Cada guerra es una destrucción del espíritu humano”. afirmó Henry Miller, escritor estadounidense.

Todd Starnes, conocido presentador de radio en EE.UU., pidió la destrucción de una ciudad afgana por cada estadounidense muerto en el atentado perpetrado por el Estado Islámico en el aeropuerto internacional Hamid Karzai, en el que fallecieron 60 personas, incluyendo 13 soldados de su país.

Starnes escribió en Twitter: "Por cada estadounidense muerto, una ciudad de #Afganistán debería ser borrada de la faz de la Tierra".

 

Tales comentarios le valieron al periodista duras críticas en las redes sociales, donde muchos lo acusaron de abogar por crímenes de lesa humanidad y lo tildaron de "terrorista". Starnes borró la publicación de su cuenta. Sin embargo, la aclaratoria que ofreció sigue por ahora en su perfil: "Si no se amenaza a los talibanes con este tipo de lenguaje, la matanza continuará. Hay que jugar duro con el mal" sostuvo.

Y aunque el Comandante en Jefe Biden no se tomó las cosas al extremo, si ordenó atacar diversos lugares de Afganistán, donde supuestamente se refugiaban los terroristas. Como resultado de uno de esos ataques con drones, 7 niños y su familia fueron asesinados. El Pentágono calificó el hecho como "ataque justo". Washington se va oficialmente de Afganistán marcando con sangre inocente su retirada

Según Save the Children, entre 2005 y 2019, al menos 26.025 niños fueron asesinados o mutilados en Afganistán.

Más de 300 escuelas fueron atacadas entre 2017 y 2019, con un saldo de 410 niños y adultos muertos o lesionandos.

Naciones Unidas estima que unos 3,7 millones de niños, casi la mitad de ellos de edades de escuela primaria, están fuera de las aulas en Afganistán. Un estimado indica que el 60 por ciento de los menores afganos en edad escolar que no asisten a clases son niñas.