Strike 3: El arbitraje es ‘out’

Mucho se ha escrito de los árbitros en la pelota nacional. Casi siempre, es verdad, con intenciones críticas, y muy pocas en su legítima defensa. Porque Lorién Lobaina, por ejemplo, no merecía castigo, y ahí está el hombre, purgando una condena por exceso de velocidad al expulsar a Vladimir. (La otra cara de la moneda, qué curioso, es Osvaldo de Paula, castigado por déficit de velocidad para sacar del juego a Freddy Asiel).

Pero seamos sinceros: nuestro arbitraje deja que desear, y la jornada televisiva de anoche fue una muestra inapelable, cuajada de un celemín de flagrantes errores tanto en home como en bases, y lo mismo a favor de los dueños de casa que del equipo visitante.

Una vez más, los de negro se vistieron de negro en el terreno. Jorge Luis Pérez vivió una noche aciaga en los conteos, empeñado en cantar unos strikes que excedían bastante las 17 pulgadas del home plate. Mientras tanto, en segunda, Fernando Zamora pifió en tres ocasiones lo suficientemente claras como para exasperar a los fanáticos, a Lourdes Jr. y al ahora apacible Víctor Mesa.

Frecuentemente, ante las cámaras de la televisión se habla de una supuesta mejoría en la calidad del arbitraje, pero este cronista no lo entiende así. Para mí, los conteos siguen muy dependientes de la línea horizontal, y el trabajo en las almohadillas –ya lo he escrito en más de una ocasión- es franca y alarmantemente malo.

Para muestra, el botón de los robos de base. En una Serie donde la recta promedio oscila entre 86 y 88 millas, y los pitchers ni siquiera aceleran el wind up con hombres en circulación, ¿será posible que haya varios receptores frustrando más del 50 por ciento de los intentos de estafa? Porque Frank Camilo, cada vez estoy más convencido, es un magnífico catcher defensivo, pero de ahí a que capture a siete de cada diez contrarios va una distancia que no alcanzo a asimilar.*

Las primeras consecuencias estadísticas de los dislates arbitrales en Cuba son el incremento en el número de ponches y en la efectividad de los cogido robando. Dos consecuencias que luego se reflejan de modo negativo en el orden técnico-táctico, porque los lanzadores llegan a creerse que esos strikes absurdos son strikes, y los probables robadores se resisten a intentarlo, temerosos de seguir cosechando fracasos.

Algo hay que hacer, y pronto. Se impone modernizar los sistemas de preparación, multiplicar el rigor y duración del período formativo de los árbitros, reabrir esa escuela que alguna vez estuvo en Villa Clara, y también –porque al César lo que le corresponde- estimular más y mejor a esos hombres que son parte esencial del espectáculo.

Pero eso no ocurrirá de la noche a la mañana. Llevará tiempo reencontrar el buen camino, y mientras tanto, alguna medida de emergencia deberemos adoptar para evitar desaguisados como el toque “fantasma” al menor de los Gourriel, o el inexistente quieto de Tabares en la jugada de force out.

¿Qué podemos hacer? Pues copiemos lo que puede ser copiado: a partir de este año, en las Ligas Mayores se podrá recurrir a la repetición en video ante cualquier jugada, exceptuando los conteos de bolas y strikes. Ese sería un saludable primer paso en aras de reinstaurar el buen hacer en un sistema de arbitraje por donde pasaron personajes como Amado Maestri, Alfredo Paz y “El Chino” Hernández.

* El año pasado, el catcher que mejor tiró en Grandes Ligas fue Joe Mauer, para el 42.5 por ciento. Por su parte, el puertorriqueño Iván Rodríguez –con 13 Guantes de Oro en su expediente- promedió 45.7 en su carrera. Y el mejor receptor del momento en la Gran Carpa, Yadier Molina, lo hace para 44.6.