Baños pasó el examen con sobresaliente. Foto: Ismael Francisco
La balanza se inclinó de manera peligrosa. Pinar volvió a morder (ahora con menos saña que la noche anterior) en el lomo del tigre avileño, y la serie por el trofeo podría definirse hoy, en el quinto desafío.
A Ciego le ha quedado la tarea del indio. Si no quiere volver a morir en la orilla, tendrá que hacer de tripas corazón para vencer en tres juegos sucesivos. "A la jila", como diría mi amigo Alfredo.
Imposible no es la misión. No lo fue para Tom Cruise, y no tiene que serlo para Ciego. Pero difícil... difícil sí que es, porque primero deberá recuperar los ánimos -esto no es otra cosa que una mezcla de confianza y ambiciones-, y luego derrotar, por este orden, a Julio Alfredo Martínez, Yosvani Torres y Vladimir Baños. Casi nada.
¿Qué dejó el choque de la víspera? Estos son, para mí, los puntos más trascendentales...
Inmaculada faena: Vladimir Baños rubricó una campaña mediocre en la clasificatoria, pero ha asumido bien el peso de la postemporada. El jueves se encaramó en el box con la flema de cualquier habitante de Birmingham, y les embotó las garras a los hombres de Machado sobre la base de control y astucia. Su curva, infrecuente en los pitchers derechos, hizo estragos en la tanda rival.
Puerta cerrada: Considérenme supersticioso, pero yo creo firmemente en el rol de las probabilidades dentro de la pelota. Vladimir García llevaba demasiadas aperturas sólidas en fila, y tan solo un milagro lo salvaba del naufragio. No estuvo mal -aunque tampoco brillante-, pero sus compañeros le negaron la posibilidad de un nuevo éxito. Como siempre digo, por algún lado le entra el agua al coco de las probabilidades.
Campo de torpezas: En la fase preliminar, ningún equipo exhibió tanta maestría con el guante como Ciego de Ávila, único entre los dieciséis contendientes que promedió por encima de la mágica barrera de .980. Sin embargo, su defensa hizo aguas cuando no podía hacerlas, en un juego que (casi) determinaba el curso del dual meet.
Susto innecesario: Con cuatro de ventaja a falta de tres outs, menguado ya su brazo por la brega, Baños nunca debió abrir el noveno. Pero Urquiola lo mantuvo en el box, y el relevista entró en escena con dos corredores en las almohadillas. Fiss le pegó jonrón, cerró el score, y los Cuerpos de Guardia pinareños se llenaron de pacientes hipertensos. Ya lo dice el refrán: al mejor escribano...
Nota: Con todo el respeto del mundo, ruego que alguien me explique si a Pinar lo identifica el tabaco, el tsunami o el lobo. Noto cierto desorden con eso. Y me confunde.