El ataque, coordinado mediante drones y misiles, impactó con precisión tanto la base principal de logística como el mayor centro de transporte y suministro del ejército israelí. Foto: TeleSur
El Ejército iraní anunció este viernes el lanzamiento de una ofensiva con drones suicidas contra la Unidad 6900, un centro estratégico de logística y transporte del ejército israelí ubicado cerca del aeropuerto internacional Ben Gurion, en Tel Aviv.
Según el comunicado oficial, la operación forma parte de la 82ª oleada de la denominada “Operación Promesa Veraz 4”, enmarcada dentro de la respuesta de Irán a la agresión iniciada el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel.
El ataque, coordinado mediante drones y misiles, impactó con precisión tanto la base principal de logística como el mayor centro de transporte y suministro del ejército israelí, buscando infligir daños sustanciales a las fuerzas especializadas de Israel y desestabilizar sus instalaciones críticas.
Las autoridades iraníes destacaron que este tipo de operaciones amenaza directamente las líneas logísticas del enemigo, afectando la capacidad de transporte rápido y seguro de equipos militares y, por ende, su poder de ejecutar operaciones agresivas en la región.
Esta ofensiva se produce en un contexto de alta tensión en Oriente Medio. Desde el inicio del conflicto, Estados Unidos e Israel han llevado a cabo ataques que incluyeron el asesinato del líder supremo iraní, Alí Jamenei, junto a altos mandos militares y centenares de civiles. Los bombardeos han provocado daños a más de 92.000 inmuebles civiles —71.356 son viviendas y cerca de 20.000, locales comerciales—, así como 290 centros sanitarios, 600 escuelas y 17 sucursales o bases de la Media Luna Roja. A la relación se agregan tres helicópteros de rescate, 46 ambulancias y otros 48 vehículos de salvamento.
En respuesta, Irán ha desarrollado una estrategia de defensa activa mediante misiles y drones, dirigida tanto a objetivos israelíes como a bases militares estadounidenses situadas en países vecinos. La reciente operación en Tel Aviv evidencia la capacidad iraní de atacar infraestructura crítica y de mantener una presión sostenida sobre el ejército de ocupación de la entidad sionista.
Además de los ataques, el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica de Irán emitió un comunicado urgente a la población de Asia Occidental, alertando sobre los riesgos de permanecer cerca de bases e instalaciones estadounidenses e israelíes.
El comunicado describe a estas fuerzas como “cobardes”, acusándolas de escudarse en la población civil para proteger sus posiciones militares ante el fuego iraní.
En este marco, el canciller iraní, Abbas Araghchi, informó que soldados estadounidenses habrían abandonado bases en los países del Consejo de Cooperación del Golfo, refugiándose en hoteles y edificios administrativos, poniendo en riesgo a la población local y obligando a las autoridades hoteleras a denegar el alojamiento a personal militar estadounidense.
El ataque a la Unidad 6900 se suma a la serie de operaciones iraníes que han impactado la infraestructura militar y logística de Israel, incluyendo bombardeos sobre Qom y Urmia, así como la toma de control del estrecho de Ormuz, punto clave para el transporte de crudo.
Estas acciones forman parte de una estrategia de guerra asimétrica y defensa nacional, con énfasis en la protección de la soberanía iraní y la imposición de costos significativos a los agresores.
Este tipo de operaciones demuestra la capacidad de Irán para proyectar fuerza más allá de sus fronteras y el potencial de generar escaladas en distintos frentes, incluyendo ataques contra bases estadounidenses en la región y objetivos israelíes en los territorios ocupados.
El impacto directo sobre las líneas logísticas del ejército israelí podría dificultar la rápida movilización de recursos y limitar la capacidad de respuesta ante nuevas represalias, reafirmando la determinación de Irán de defender su territorio y a su población ante cualquier intento de hostilidad.
Mientras EEUU bombardea a Irán, drones atacan bases nucleares de Dakota del Norte
Mientras Estados Unidos bombardea Irán en su operación de gran escala, oleadas de drones han sobrevolado bases clave vinculadas al arsenal nuclear estadounidense.
Al parecer, no se trataba de incidentes aislados ni de aparatos improvisados. Eran incursiones coordinadas, ataques repetidos durante días que han obligado a detener operaciones críticas y a activar protocolos de emergencia.
Por primera vez, en medio de una guerra, instalaciones estratégicas en suelo estadounidense quedaban directamente afectadas por una amenaza aérea persistente.
El caso más llamativo se produjo en la base aérea de Barksdale, uno de los pilares del sistema nuclear de Estados Unidos. Allí operan bombarderos estratégicos y se almacenan misiles de largo alcance, lo que convierte la instalación en un nodo clave dentro de la capacidad de disuasión del país.
Durante varios días, los enjambres de drones han sobrevolado la base en oleadas organizadas, obligando a interrumpir salidas de bombarderos que participaban en los ataques sobre Irán. La escena, más propia de una película, ha sido difícil de ignorar: mientras los B-52 se preparaban para proyectar fuerza a miles de kilómetros, el espacio aéreo sobre sus propias pistas quedaba comprometido.
Lo más preocupante no fue solo la presencia de estos drones, sino su nivel tecnológico. Los aparatos mostraron una resistencia notable a las interferencias electrónicas, utilizaron rutas de entrada y salida variables y operaron con patrones dispersos que dificultaban su rastreo.
Las contramedidas diseñadas para neutralizar este tipo de amenazas no funcionaron como se esperaba. Esto sugiere que no se trata de sistemas comerciales adaptados, sino más bien de plataformas mucho más sofisticadas, capaces de operar con autonomía parcial o total y de recopilar información en entornos altamente protegidos.
Tales drones no solo representan un riesgo para Washington por su capacidad potencial de ataque, sino también por el tipo de información que pueden obtener. Al sobrevolar instalaciones críticas, pueden mapear emisiones electrónicas, identificar patrones operativos y fotografiar infraestructuras sensibles.
En otras palabras, pueden construir un retrato detallado de cómo funciona una base estratégica desde dentro. Y esto abre la puerta a ataques futuros mucho más precisos y efectivos, ya que convierte cada incursión en una misión de reconocimiento altamente valiosa.
En muchos casos, estas infraestructuras carecen de sistemas de defensa aérea adecuados frente a drones, lo que obliga a depender de soluciones improvisadas o en desarrollo. Es más, incluso con nuevas herramientas desplegadas, la capacidad de neutralizar estas amenazas sigue siendo limitada y desigual.
El contraste es más que evidente. Estados Unidos mantiene una capacidad militar global sin precedentes y puede proyectar fuerza en prácticamente cualquier punto del planeta. Sin embargo, al mismo tiempo, muestra dificultades para proteger plenamente sus propias instalaciones frente a amenazas relativamente pequeñas, pero tecnológicamente avanzadas.
Esta paradoja revela un desajuste que ya vimos en Ucrania y ahora en Irán, uno entre la arquitectura de defensa tradicional y las nuevas formas de guerra, donde sistemas baratos y difíciles de detectar pueden generar efectos desproporcionados.
Lo ocurrido apunta a una transformación más profunda en la forma de entender la seguridad militar. Ni siquiera las bases, los silos y las infraestructuras estratégicas de una superpotencia como Estados Unidos pueden considerarse espacios seguros por el mero hecho de estar en territorio nacional.
Porque la combinación de drones avanzados, sensores y guerra electrónica está llevando el conflicto directamente al corazón de las potencias. Y eso implica, o abre la posibilidad inquietante, a que la próxima gran batalla no se libre solo en el exterior, sino también en la capacidad de proteger lo que hasta ahora se daba por seguro.
(Tomado de TeleSUR)