Vivir y sobrevivir con un niño hiperactivo

El TDAH es un trastorno de carácter neurobiológico originado en la infancia, que implica un patrón de déficit de atención, hiperactividad y/o impulsividad. Foto: Qicenter.

¿Es normal la hiperactividad? ¿Cómo saber si un niño es hiperactivo y qué hacer como padres ante pequeños que apenas hacen caso a los adultos? De madre y de padre comparte hoy una historia que quizás a muchos interese.

¿Han tenido en su familia algún niño hiperactivo, impulsivo, o con deficit de atención? Si es así, esta puede ser una oportunidad para intercambiar con esta madre, lectora y colaboradora de nuestro espacio, llamada María del Carmen Pupo, quien nos ha enviado este texto para el espacio.

Su hija, Mía, hoy con 7 años, padece el llamado por sus siglas TDAH, (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad), un padecimiento caracterizado por la dificultad para prestar atención, la hiperactividad y la impulsividad. Se trata de una enfermedad muy difícil tanto para el niño como para la familia, porque, como sabemos, son pequeños a los que se les regaña constantemente y se les culpa por su comportamiento, lo que los va convirtiendo en mucho más rebeldes. Pocos se ponen en el lugar del niño o comprenden que, aunque su cerebro funcione de manera diferente, son seres humanos capaces de lograr cosas increíbles, cuando se les entrega paciencia y amor. Claro, al mismo tiempo, es difícil para un padre saber cómo reaccionar ante un niño que no hace caso nunca.

¿Qué es lo más correcto en una situación como esta? Los dejo con la experiencia de la madre de Mía.

Niños con déficit de atención y una familia involucrada

por María del Carmen Pupo

Cuando salí de la consulta aún procesaba el diagnóstico recién comunicado sin decir una palabra. La verdad, no sé si en ese momento comprendí del todo lo que la doctora nos explicó, pero una cosa quedaba clara para mí: el día a día comenzaría a cambiar.

El TDAH (Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad), un Trastorno crónico caracterizado por la dificultad para prestar atención, la hiperactividad y la impulsividad, era la causa de todos los síntomas que por varios meses habíamos ido observando en la casa. El primero nos pareció gracioso: a la niña recién nacida no le gustaba tomar el biberón en los brazos de mamá; daba lo que comúnmente conocemos como perreta, algo que no es nada común en bebes recién nacidos. Sin embargo, de lado en la cuna se alimentaba sin problemas, le acomodábamos el biberón con la almohadita y le hacíamos fotos por lo curioso de la situación.

Después, comenzó a dar los primeros pasos y con ellos apareció el segundo síntoma, al caerse se desmayaba. Entonces las carreras, el alcohol para que reaccionara y los miedos… sobre todo los miedos. Aquello no podía ser normal. Fuimos al neurólogo. En ese momento la estudiaron pero no encontraron nada relevante, y concluyeron que era Espasmo del Sollozo tipo Pálido; pero poco después todo agravó.

Su temperamento despuntó  fuerte, rebelde; parecía que ninguna estrategia funcionaría para lograr que obedeciera a acciones básicas. Si le negábamos algo o le quitábamos un objeto peligroso que traía en sus manos, como por ejemplo un lápiz o bolígrafo, se desataba su descontento emocional y comenzaba a gritar de forma vigorosa y progresiva. “Reacción negativa al No”, nos explica la doctora  mientras le digo que eso no es lo peor, que lo que más me preocupa es que no habla y ya tiene edad para hacerlo desde hace rato:

-Es como si no me escuchara cuando le hablo - le digo a la doctora- ¿usted cree que la niña es sorda?

Con la paciencia característica de nuestros médicos cubanos, la doctora nos explica el diagnóstico y cada uno de los síntomas que presenta la pequeña y, sobre todo, el manejo que en lo adelante tendremos con ella en la casa. Y claro que cambió el día a día de forma radical.

Lo primero: la paciencia. Yo ya era madre de un niño mayor y me consideraba una persona muy paciente; pero criar a Mía ha sido el mayor reto de toda mi vida. Los niños con déficit de atención e hiperactividad precisan de una paciencia total e inalterable por parte de las madres y la familia.

Cuando un niño llora desconsoladamente provoca estrés en la casa y si ese llanto viene acompañado de episodios de agresividad, de lanzar el  juguete o lo que traiga en la mano o incluso de auto agredirse, lo es aún más. Y lo peor es cuando todos quieren intervenir, desde la abuela hasta la vecina.

Hay que aprender a mantener la calma en los momentos de crisis. La familia debe dejar actuar a la madre o a la persona que mejor manejo tenga del niño. Así, comprobé que cuando yo estaba calmada ella reaccionaba más rápido que cuando yo estaba estresada, pues los niños pequeños tienen una fuerte conexión materno-filial, de modo que cuanto más calmada estás, más puedes ayudar a tu hijo a salir de un episodio ansioso.

En mi caso particular algo siempre me funcionaba en todo momento y en cualquier lugar que diera la perreta, ya fuera en la casa o en una guagua -lugar en el que, por cierto, recibí varias críticas por no “corregir’’ a la niña- : yo la apretaba fuerte contra mí y le hablaba bajito al oído; lo mismo le cantaba una canción, que le hablaba del tiempo o simplemente le decía cuánto la amo.

Ya sé que es difícil actuar tranquilamente en situaciones adversas, pero es importante que las familias de los niños con TDAH comprendan que si se alteran, le gritan o violentan al niño, su conducta empeora. No hay otra solución más efectiva que la paciencia y el amor.

Luego aprendimos a corregirla adecuadamente, pues tampoco se trata de dejarlos hacer todo cuanto quieran. Ellos también deben saber obedecer  reglas y límites que les permitan convivir socialmente, y como familia de niños con TDAH hay cosas que no podemos perder de vista: nuestros niños necesitan un poco más de tiempo para procesar una orden. Por tanto, si necesitas que cambie de actividad como, por ejemplo, si está jugando y quieres que se bañe, es necesario comunicárselo con diez minutos de antelación y repetírselo varias veces durante ese intervalo. Esta simple acción de informarle el cambio evitará las frecuentes perretas que se generan cuando interrumpimos algo que el niño está haciendo. Se trata de darle tiempo al niño para comprender lo que le pides.

Importantísimo: los No Absolutos y el tiempo de castigo

Los miembros de la familia deben establecer cuáles son los límites de conducta que el niño no puede pasar: los NO. Y esos tienen que ser absolutos para todos los miembros de la familia. Estas limitaciones deben ser cuestiones de importancia vital, nunca demasiadas porque si les negamos con demasiada frecuencia, la negativa perderá efectividad en la educación. El niño debe conocer cuáles son los NO, por lo tanto, han de ser acciones claras y comprensibles para él. Ejemplo: no cruzar la calle; no maltratar a sus semejantes; no asomarse al balcón sin un adulto.

Cuando el niño infrinja un NO debe ser castigado. Castigos tales como: sentado sin jugar en un sillón, mirando hacia la pared, escoger un lugar para ello. Nunca castigos físicos. Familia -y esto es válido para todos los niños pequeños-: los castigos largos no son nada efectivos.

Para que un castigo cumpla con efectividad su  papel educativo debe ser de un minuto por año de vida; de modo que si el niño tiene 3 años, el castigo es de 3 minutos, si tiene 4 es de 4 minutos y así sucesivamente. Es increíble cómo funciona.

Al principio el  niño va a tratar de no perder terreno, por lo que las perretas serán estruendosas. Ahí recuerden: sean pacientes. Unos pocos minutos para un adulto pasan rápidos; para un niño con TDAH parecerá una larga espera. Poco a poco observarán el cambio, irán cediendo y obedeciendo con mayor frecuencia.

Por último, y es tal vez lo más importante: los niños (todos los niños) necesitan que los dejemos ser niños; precisan correr, saltar, gritar, JUGAR. Así aprenden a relacionarse con los demás, a desarrollar sus habilidades y su carácter. Es un error muy común de los padres de hoy permitir las  distracciones de tipo electrónicas sin límite de tiempo ni horario. Esto es sumamente dañino para su desarrollo social.

Sacar a pasear a los niños con TDAH puede ser tremendamente agotador para la familia, por eso hay que escoger siempre lugares en los que puedan andar libres y exteriorizar su energía inagotable. El campo, los parques, los espacios abiertos al aire libre, el contacto con animales y otros niños, son siempre las mejores opciones.

A las familias les digo: Sí se pueden lograr avances significativos en los niños con TDAH. Pero claro, siempre hace falta ayuda, y la van a encontrar como lo hice yo.

Hoy Mía tiene 7 años y asiste a la escuela sin dificultad. Su aprendizaje es estable, su lenguaje es amplio y elocuente. Y aunque a veces tiene “sus días”,  este al final es solo uno entre los otros muchos en los que irradia energía y entusiasmo.

En video: Niños con TDAH toman la palabra