La comparación es una acción tan cotidiana como lo es el comentario o la duda. Casi todo el tiempo solemos comparar cosas, datos, personas, épocas, modas e infinidad de aspectos de la vida y la sociedad.
En mi barrio Cuquita se comparaba con Belkis y eso que la primera no podía pasar de dos horas, nalga en un banco del parque so pena de sufrir dolores y calambres, mientras que la otra exhibía una amortiguación reforzada en la misma zona.
Remberto solía medirse con respecto a Humbertico, aun cuando el Rember había desaprobado hasta el receso en la Secundaria, en tanto su patrón de comparación fue tan brillante en todas las materias, que no se convirtió en cosmonauta por complejidades en materia de disponibilidad de Naves Espaciales.
El colmo fue cuando Esteban, carpintero techador de profesión y cantante aficionado, le dio por cotejar su voz con la del cantante Héctor Téllez, bastante popular en aquella década de los años 70 del pasado siglo. El mulatico se trepaba sobre los tejados donde realizaba sus faenas y desde esa altura inundaba el vecindario con la única melodía que creyó haber aprendido bien, correspondiente al tema romántico: BÚSCAME.
Resultó que de buenas a primera dejamos de escuchar a Esteban y cuando preguntamos por él nos dijo el viejo Chicho: Nada, que el hombre se inspiró tanto que se olvidó del peligro y fue a dar al piso y a pesar de que lo último que gritó fue BUUUSSSCAMMMMME, en verdad estaba trabajando donde no había muchas casa y no lo buscaron hasta bien tarde y ahora es una bola de yeso en el policlínico.
Es que ese constituye un error bastante frecuente, equiparar aspectos sin tomar en cuenta elementos de rigor, y es el mismo caso (salvando las distancias) de quienes a menudo pretenden comparar a Cuba, país pequeño, bloqueado y del tercer mundo, nada menos que con Estados Unidos u otras potencias casi siempre de la vieja Europa. En lo personal pocas veces, por no decir nunca, he oído comparaciones de Cuba con República Dominicana, con Honduras, Guatemala, Haití u otras decenas de naciones que se aproximen a nuestra condición económica, geográfica o climática. Es como si culpásemos a una bombilla de no tener la potencia del sol.
Es cotidiano encontrar a algunos cubanos o cubanas que con pasmosa tranquilidad te hablan de los “grandiosos salarios” que paga el estado del norte o de la calidad de sus autos, de sus rascacielos o de sus repletas avenidas y acto seguido ponen en esa balanza desproporcionada las dificultades de Cuba en esos y otros muchos campos. Es sin lugar a dudas, como reza el adagio criollo: Una pelea de león a mono, con la notable diferencia de que este monito criollo ha resultado ser un animalito complicado para el Rey de la Selva.
(Tomado del Blog La bicicleta)