El zunzún. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
Son poco más de las diez de la mañana. Estamos en un rincón de Candelaria, Artemisa. Nos distancian casi siete kilómetros de uno de los lugares emblemáticos de esta zona: el Orquideario de Soroa, Patrimonio Nacional, parte de la Reserva de la Biosfera Sierra del Rosario.
El camino es una suerte de aventura. Lo hacemos a pie. En el trayecto chocamos con distintos cantos de ave y nos preguntamos si alguno de ellos será el del Tocororo. Esperanzados con encontrarlo, seguimos caminando entretenidos con pequeños detalles: los campesinos con su yunta de bueyes, las ropas flotando por los cordeles con la brisa, las casas pequeñas y grandes, pintadas y descoloridas, para la renta y en ruinas.
A nuestro paso, algunos pobladores se asoman curiosos por las ventanas y puertas. Otros saludan entusiasmados. Mientras, el viento trae consigo un aroma cálido. Una mezcla de hierbas húmedas y flores nos envuelve. No hay dudas. El aire puro del campo inyecta paz.
La meta está a más de 200 metros sobre el nivel del mar. Es única. El Orquideario acumula 80 años de historia y más de 20 000 ejemplares.
Subimos una pendiente, y otra, y otra... por un camino asfaltado. Bañados en sudor, llegamos en pleno frenesí. ¡Cuánta maravilla nos regala la naturaleza! Nos escoltan exuberantes montañas, vestidas con distintas tonalidades de verde.
El tiempo se queda corto para admirar tan hermoso paisaje.
Un zunzún revolotea y se posa en una rama. Es el augurio del regreso—o al menos eso creemos—mientras recordamos aquella frase “del viejo” de que cuando aparece este tipo de ave “todo va a estar bien”. Y lo está. No solo nos llevamos un paquete de fotos y recuerdos, también conseguimos volver parte de esos kilómetros gracias “a una botella” en un remodelado almendrón.
Las instantáneas no le hacen justicia a este espacio de más de 35 000 metros cuadrados de extensión, lleno de flores y colores. Eso sí, es una invitación. Ni las palabras, ni las imágenes pueden capturar toda su esencia. Hay que llegar hasta aquí y vivirla.
La pendiente. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
Las ropas flotando por los cordeles con la brisa. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
El verde y la vida. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
Los campesinos que van y vienen con su yunta de bueyes. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
Las montañas y sus tonalidades. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
Las maravillas del Orquideario de Soroa. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
Las maravillas del Orquideario de Soroa. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
Las maravillas del Orquideario de Soroa. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
Las maravillas del Orquideario de Soroa. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
Las maravillas del Orquideario de Soroa. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
Las maravillas del Orquideario de Soroa. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
Las maravillas del Orquideario de Soroa. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
Las maravillas del Orquideario de Soroa. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
Las maravillas del Orquideario de Soroa. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.
Una vista, desde el Orquideario de Soroa. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.