Subiendo la loma de Jesús del Monte. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Hace días la vida nos ha estrechado el círculo. Amigos y familiares han quedado varados en sus hogares, a pocos o muchos kilómetros nuestros. Ahora miramos todo desde ventanas y puertas.
Nunca antes tantas personas habían permanecido a la vez en aislamiento social. Recluidos en casa, en modo viñeta y a través de un cuadrado, miramos el paisaje que antes nos parecía conocido. Las horas pasan y para que la soledad no se nos atragante en el pecho, jugamos a ver el mundo.
En la cuadra hay un vecino que hace ejercicios en el techo y siempre a la misma hora. Corre de un lado a otro. Se cuelga de una soga. Hace pesas con unos pomos. Es el rey del CrossFit. Hércules le hemos puesto. Pero no vive en Grecia, sino en el Cerro y su fondo es la Plaza de la Revolución. Sí, tenemos tiempo también para ponerles apodos.
Al lado vive la señora mayor que siempre estuvo en la calle y se niega a permanecer en casa. La típica súper abuela. Ella todo lo resuelve y no dejará que una pandemia la detenga. Pero es tiempo de cuidarse. La hija le ha hecho un nasobuco con un antifaz de esos que dan en los aviones, es negro y tiene dibujitos dorados. Pero le da calor y ella misma se ha cosido uno de tela.
Hace semanas no había quien la hiciera permanecer “encerrada”, salía a paso lento pero seguro por todo el barrio. Por suerte ya no lo hace. De vez en cuando le traen café a la puerta y pone el volumen de la radio muy alto en el portal. Creo que algunos hemos aprendido incluso a identificar a cada locutor de Radio Reloj.
Justo en la otra acera a uno de los vecinos más aguerridos se le ha roto el carro. El pobre, ahí va, empujándolo. Otra vez haciendo fuerza, cada noche saca dos bocinas gigantes y pone música antes o después de los aplausos. Antes no hablábamos mucho. Ahora todos le mandan canciones por WhatsApp y jugamos a ver cual se escuchará primero. “Resistiré”, “Cuando te vuelva a ver” y “Me dicen Cuba” son de las más populares.
El otro día le cantamos felicidades a una muchacha que cumplía 21. Lo mantuvimos en secreto hasta dos minutos después de las 9. Parecía una misión secreta, a las 8 y media ya todos esperábamos ansiosos en nuestros marcos y compartíamos miradas de complicidad. Seguro no fue la fiesta de cumpleaños más grande que alguna vez tendrá, pero quizás sí el canto.
En frente de la cumpleañera en aislamiento vive una niña que se asoma religiosamente a las 8:50 y comienza a llamar a todos. No sé aún cómo se aprendió nuestros nombres tan deprisa. Digamos que en el futuro va a ser una presidenta del CDR muy aguerrida. El caso es que llama y llama, y cuando todos salimos solo pide una canción: “Resistiré”. El vecino, que ya la tiene en numerosas versiones, la reproduce varias veces, y todos paramos haciendo los coros.
Como todo barrio que se respete también está el que siempre avisa de lo nuevo que sacaron en la tienda. Aún se forman grandes colas. No siempre se cumple el distanciamiento social. Hay cosas que la pandemia quiere corregir y aún no ha logrado.
En la cuadra también están los vecinos que no pueden quedarse en casa. Salen y llegan de trabajar muy temprano o muy tarde. El barrendero, que pasa entre las 7 y las 8, a veces los ve llegar, les sonríe e incluso lo he visto aplaudirles.
A veces parece que estamos solos. Pero quizás no tanto. Hemos quedado aislados de nuestros amigos y familiares, pero no de todos. Miremos más a través del marco, hay gente al lado.
“Ningún hombre es una isla entera por sí mismo. Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo. Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.
Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti”.
Y tú, ¿cómo se vive en tu barrio la cuarentena? ¿A qué vecinos les has puesto nombres?
Abuelas que salen muy temprano a estirar las piernas, pero deben permanecer en casa. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Hay vecinos que nos sostienen: barrenderos, panaderos, doctores... Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Lograr el distanciamiento social es un reto diario cuando se trata de llevar comida a casa. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Vecinas pendientes de las colas y las tiendas. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Imprevistos de siempre, aún en tiempos de coronavirus. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Medidas de seguridad para prevenir la COVID-19. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Debemos evitar que los niños salgan a las calles. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
El uso del nasobuco forma parte de las medidas orientadas para prevenir el contagio del nuevo coronavirus. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Quedarse en casa para aquellos que pueden es imprescindible para detener la propagación de la COVID-19. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.