Para saber de Cuba, más allá de centros históricos y sitios turísticos, hay que recorrer ciertas calles de barrio en las mañanas. Allí se esconden múltiples sorpresas: los desafíos del transporte público y sus alternativas, las primeras llamadas en los teléfonos de cada vez menos esquinas, la limpieza del jardín, el fútbol o el voleibol en los fines de semana, las flores, los barcos, las ciudades, la gente de a pie, la cotidianidad... y, de vez en cuando, una boda que se anuncia entre cláxones y satines blancos.
Hay que saber dónde mirar para conocer Cuba a profundidad, detenerse en los detalles más insignificantes. Solo así se puede descubrir uno de sus tantos secretos: gentes de todas partes que se entremezclan y conviven, ajiaco de Fernando Ortiz por medio, en un país tan inquieto que no para ni un segundo.
Dolores y 16, Lawton. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
De vuelta a casa. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Rolos. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Ajetreo diario. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Fútbol de barrio. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
A lo lejos, la Plaza. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Rutinas mañaneras. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
La lanchita de regla. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Vendedor de flores. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Una tarde cualquiera. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
¡Cebolla, la rica cebolla! Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Boda pasada por agua. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.