Poco después, cuando el organismo parecía alejarse hacia las Bahamas, su movimiento quedó detenido por las altas presiones que cubrían el continente norteamericano y el océano Atlántico, creando una configuración sinóptica con débiles corrientes directrices que, finalmente, llevaron a Inez hacia el suroeste, aproximándose otra vez a Cuba por la costa septentrional del occidente.
En consecuencia, desde la tarde del 4 de octubre se produjeron intensas lluvias y fuertes rachas que afectaron a La Habana, Artemisa y Pinar del Río. Las precipitaciones causaron serios daños en la agricultura y motivaron la evacuación preventiva de catorce mil quinientos residentes en zonas de peligro. El evento dejó cuatro víctimas mortales; mientras, el número de evacuados en toda Cuba superó doscientos cincuenta mil.
Inez se mantuvo generando vientos con fuerza de tormenta tropical y elevando el nivel de las inundaciones durante una semana. Fue un huracán categoría uno, que preocupó —y ocupó— tanto como otros de mayor intensidad.
Fidel en la estación de radar de la Gran Piedra
Como en ocasiones anteriores, la amenaza del huracán motivó que el Comandante en Jefe se trasladara a la región en alerta ciclónica. Era el quinto recorrido de ese tipo, después de los realizados al paso de Flora, en 1963; Cleo e Isbell, en 1964; y Alma, en junio del propio año sesenta y seis.
Fidel llegó primero a Holguín, y después a Santiago de Cuba. En la noche del 29 de septiembre arribó a los estudios de la emisora radial CMKC, con el propósito de orientar a la población de la región oriental en cuanto a las medidas de protección que debían adoptarse antes que fallaran las redes eléctricas y de comunicaciones. En sus palabras evocó las amargas experiencias vividas durante el azote de Flora, aunque señaló que no era probable que Inez siguiera una trayectoria similar a la de aquel. No obstante, dijo, se debía estar en condiciones de enfrentar cualquier eventualidad, y que la prioridad estaba en salvaguardar las vidas humanas.[1]
Un hito notable en el periplo fue su visita a la estación de radar meteorológico en Gran Piedra, recién instalado allí. Fidel interactuó con los operadores del equipo, y tomó por sí mismo marcaciones de la posición del huracán, siguiendo la trayectoria previa al ingreso del organismo al territorio oriental. La presencia de Fidel en Gran Piedra quedó documentada con imágenes de Alberto Korda, y las reseñas de tres integrantes del grupo que lo acompañaba: el doctor Antonio Núñez Jiménez, el Comandante Faure Chomón Mediavilla, y el meteorólogo Diego Nieves Poveda;[2] este último, parte del personal destacado en la estación. Algunas de las fotos tomadas entonces acompañan este artículo.
Por su trayectoria singular, Inez mantuvo en alerta a todo el país durante casi siete días, mientras el Instituto de Meteorología trabajaba intensamente en los pronósticos, analizando múltiples factores interactuantes en una situación extremadamente compleja. En concordancia con su prolongada trayectoria, el Instituto emitió 55 avisos o boletines especiales.
El paso del huracán, y las imágenes de Fidel ante el radar, proporcionaron al pueblo medir la importancia y eficacia de esa instalación en el trabajo de previsión meteorológica, y constatar de manera tangible cómo se correlacionaba el costo de una importante inversión con la preservación de vidas humanas y los recursos del País. La visita, y la difusión del hecho en los medios de comunicación, contribuyeron a visibilizar el impacto social de la ciencia y la tecnología en un contexto de grandes transformaciones socioeconómicas en Cuba.