Ciudad Deportiva, en La Habana. Foto: Cubahora
Construido a uno costo de diez millones de pesos, el Palacio de los Deportes y Campos Deportivos, llamado después oficialmente Ciudad Deportiva, sustituyó al Palacio de los Deportes, de Paseo y Mar, como este a su vez había sustituido al Palacio de los Deportes de San Carlos y Peñalver.
Cuando Cuba aceptó la sede de los II Juegos Centroamericanos salieron a flote dos tristes realidades. La primera, que el país carecía de un lugar donde efectuar competencias de trascendencia continental, como las que se proponía; la segunda, que carecía de tiempo y de dinero para asumir de manera repentina la titánica tarea de edificar estadios para ofrecer esas competiciones. Fue entonces cuando surgió el ofrecimiento de una empresa cervecera, que construyó a toda prisa y sin visión de futuro en estadio Tropical, donde se escenificaran, en aquellos Juegos Centroamericanos, los eventos de campo y pista, béisbol, fútbol y otros. Pero la natación, el tenis, la gimnástica, el básquet, etc., tuvieron que efectuarse en canchas, piscinas y tabloncillos radicados en sociedades privadas, con todos los prejuicios raciales propios de la época.
Si descotamos el estadio de La Habana o Gran Stadium del Cerro, (Latinoamericano) construido en los años 40 y dedicado exclusivamente al béisbol, aunque acogía otros eventos deportivos, nada había en nuestra tierra que remedara siquiera a los grandes estadios del exterior.
El 9 de julio de 1938 se crea la Dirección General Nacional de Deportes (DGND). Su director-fundador fue el comandante Jaime Mariné.
El catalán Mariné, que sirvió de testaferro a Batista, llegó a Cuba en los días previos a las elecciones generales de 1924, en las que se disputaban la presidencia el liberal Gerardo Machado y el conservador Mario García Menocal. Alfonso XIII, rey de España, mandó de regalo a Menocal un caballo pura sangre y el caballerizo fue Mariné.
Ante el regalo del caballo, los liberales se lanzaron a la calle al grito de ¡A pie! Coreaban: “¡A pie, a pie, a pie! / Se acabaron los caballos. / ¡A pie, a pie, a pie! / No me duelen ni los callos”. Y cantaron una vez que Machado quedó vencedor en los comicios: “El rey de España / mandó un mensaje / el rey de España / mandó un mensaje / diciéndole a Menocal: / devuélveme mi caballo / que tú no sabes montar”.
Una vez aquí Mariné sentó plaza de soldado. Ascendió a comandante tras el golpe de Estado del 4 de septiembre de 1933, y a la sombra del coronel Batista, de quien era ayudante, ocupó diferentes cargos —fue el fundador del Buro de Investigaciones de la Policía Nacional— hasta su salida de Cuba en 1944, cuando se estableció en Caracas para hacer grandes inversiones a nombre de su jefe y en su propio nombre.
En 1938 arrendó el Nuevo Frontón, el llamado Palacio de las Luces, en San Carlos y Peñalver —el frontón de Concordia y Lucena era el Palacio de los Gritos—. Por fallas constructivas, el apresuramiento con que se construyó, y los daños que ocasionó en ese inmueble el ciclón de 20 de octubre de 1926, la edificación se hallaba en un estado lamentable.
Allí radicaron la Dirección de Deportes y los departamentos correspondientes a cada especialidad. Disponía de áreas para la práctica de ciertas disciplinas. Contaba con un gabinete médico y una clínica dental, así como un área de veterinaria y una llamada cocina deportiva. Bajo la jurisdicción de ese Palacio de los Deportes estaban los estadios Tropical y de Camagüey y la Arena Crista, en Infanta y San Martín. Asumió la entidad academias de natación, jai alai, atletismo y baloncesto. En el boxeo matricularon 1 110 alumnos de doce años en adelante. Para dejar inauguradas y dar inicio a sus gestiones, la Dirección de Deportes trajo y presentó en su sede a los mayores jugadores profesionales del mundo en el deporte de la raqueta: los tenistas Fred Perry y Ellsowort Vines. Se calcula que más de 4 000 personas los vieron jugar. El dinero recaudado en esa y otras presentaciones se dedicó al fomento del deporte pues en esa fecha el Gobierno no tenía presupuesto para ese fin.
La Dirección de Deportes vendió su edificio al movimiento sindical. Se pensó en restaurarlo y adaptarlo para sede de la Confederación de Trabajadores de Cuba —lo de Central es posterior a 1959—. Empezaron los quehaceres constructivos, pero hubo que paralizarlos porque el inmueble no admitía reparación. Dese luego, se impuso construir desde cero el Palacio de los Trabajadores.
El nuevo Palacio de los Deportes se inauguró en 1944, en el sitio que ocupa desde 1978 la Fuente de la Juventud. Su primer cartel boxístico tuvo lugar el 1 de octubre de ese año e incluyó la pelea estelar entre Juan Villalba y Kid Gavilán. Entre otros eventos, ese inmueble fue escenario habitual del circo norteamericano Ringlin, que visitaba La Habana todos los años en ocasión de las fiestas navideñas. Ese Palacio fue demolido para que prosiguiera el trazado del Malecón hasta su límite natural del río Almendares.
Entre 1955 y 1957 se acometió, en Rancho Boyeros y Vía Blanca, la construcción de la Ciudad Deportiva, obra de los arquitectos Nicolás Arroyo y Graciela Menéndez, autores, además, entre otras obras, del Teatro Nacional de la Plaza de la Revolución, la modernización de Varadero, Barlovento (Marina Hemingway) y el hospital Franklin Delano Roosevelt (Frank País) y asociados en la construcción del hotel Habana Libre.
Se asienta sobre dos caballerías de tierra, en las que resalta, por su construcción capacidad y belleza, el coliseo o Palacio de los Deportes propiamente dicho, una de las obras más significativas del Movimiento Moderno de la Arquitectura (do.co.mo.mo-Cuba).
Al respecto, escribe Eduardo Luis Rodríguez en La arquitectura del Movimiento Moderno; Selección de obras del Registro Nacional (La Habana, Eds. Unión, 2011):
“El Palacio de los Deportes, más conocido como Coliseo de la Ciudad Deportiva, es un hito urbano por su llamativa forma, pero también un hito constructivo que demuestra los niveles que se habían alcanzado en Cuba en cuanto a la calidad de ejecución.
“El edificio, de planta circular, tiene 103 metros de diámetro exterior y su cúpula alcanza los 88, sin apoyo interior alguno, soportada por una viga circular de borde, de hormigón postensado. La altura máxima es de 30 metros, y en este punto la sección del domo es de solo ocho centímetros.
“La capacidad de público varía entre 12 000 y 15 000 espectadores, y se planifico un tiempo máximo de evacuación de diez minutos, para lo que se cuenta con dos amplias rampas para la salida desde las gradas y con los amplios pasillos de la planta baja, ambientados con murales alusivos al deporte realizados por Rolando López Dirube”.