Medicina natural y tradicional: Plantas medicinales y aromáticas como alimentos funcionales

No hay dudas de que las hierbas y especias tienen más valor que por el simple hecho de aportar sabor a los alimentos. Es precisamente por eso que en los últimos tiempos han cobrado interés, debido a los potenciales beneficios para la salud humana asociados a su consumo.

Muchas plantas medicinales son empleadas no solo para tratar una enfermedad, sino que resultan además de utilidad en la cocina para la preparación de alimentos. Estas aportan color, sabor y aromas naturales a la comida, a la vez que resultan ingredientes conservantes. Su uso no es para nada una novedad, han sido consumidas con tales fines por la humanidad desde tiempos remotos, pero hoy se sabe que estos vegetales contienen valiosos componentes fitoquímicos naturales con importantes efectos biológicos.

Se ha demostrado que especies comúnmente utilizadas en fines culinarios como el ajo, la cúrcuma, el hinojo o el perejil, poseen actividades antimicrobianas, antiinflamatorias, antioxidantes e inmunomoduladoras, entre otras. Numerosas investigaciones confirman los beneficios para la salud de los compuestos bioactivos de muchas de estas plantas en la prevención o reducción del riesgo de diversas enfermedades crónicas no transmisibles como las respiratorias o cardiovasculares, la diabetes mellitus, la obesidad y el cáncer.

Teniendo en cuenta el interés global por disminuir el consumo de aditivos y conservantes sintéticos en los productos alimenticios, existe hoy en día la tendencia de retornar al uso de hierbas y especias naturales, ya sea en su estado crudo o mediante sus compuestos bioactivos. El impacto que esto representa para la salud humana es cada vez más reconocido, porque de alguna forma somos lo que comemos.

Por ejemplo, la curcumina es un componente mayoritario del rizoma de la cúrcuma (Curcuma longa) y resulta una molécula polifenólica versátil. Se le ha demostrado que puede actuar como agente antioxidante y antiinflamatorio, con capacidad para prevenir y tratar algunas enfermedades crónicas, incluyendo las cardiovasculares. También se sabe que puede aportar beneficios a los pacientes con enfermedades neurodegenerativas o Diabetes Mellitus. En el caso de esta última enfermedad, se ha demostrado que otras hierbas y especias como la canela (Cinnamomum verum) o el fenogreco (Trigonella foenumgraecum) pueden ser igualmente beneficiosas. Dichas plantas contribuyen a mejorar el metabolismo de la glucosa y la sensibilidad a la insulina según la ciencia moderna.

La lista pudiera seguirse ampliando:

- Comino (Cuminum cyminum): Posee actividades antimicrobiana, antimicótica, antioxidante, analgésica y antiinflamatoria; estimula el apetito y alivia varios trastornos digestivos.

- Laurel (Laurus nobilis): Actúa como antioxidante y antidiarreico.

- Pimienta negra (Piper nigrum): Es analgésica, antioxidante, antiespasmódica, antibacteriana y hepatoprotectora; ayuda a la digestión y a la pérdida de peso, calma la tos y el resfriado, resulta beneficiosa en la artritis y otras enfermedades reumáticas antirreumáticas, antiartríticas y antiespasmódicas.

- Tomillo (Thymus vulgaris): Tiene actividades antibiótica, antiinflamatoria y antioxidante; inhibe la reabsorción ósea y mejora en general el metabolismo de las grasas.

El documento de consenso sobre la Ciencia de los Alimentos Funcionales en Europa propuso en 1998 una definición operativa que plantea que "Un alimento puede considerarse funcional si se demuestra de manera satisfactoria que afecta beneficiosamente a una o más funciones (…) del organismo -más allá de los efectos nutricionales adecuados- de una forma que resulta relevante para mejorar el estado de salud y bienestar y/o para reducir el riesgo de enfermedad. Un alimento funcional debe seguir siendo un alimento y ha de demostrar sus efectos en cantidades que quepa esperar consumir normalmente en la dieta: no es una píldora ni una cápsula, sino parte del patrón alimentario habitual".

Hoy parece ser cierto, y la investigación moderna viene a dar la razón a Hipócrates en aquello de “Que tu alimento sea tu medicina”. Aunque todavía se necesitan más estudios, las evidencias acumuladas en muchos casos respaldan que la incorporación de plantas medicinales y aromáticas a la dieta es también una forma de cuidar nuestra salud… ¡desde lo natural!