Se invita a comprobar la bola

Billete de lotería. Foto: Archivo.

En la Cuba anterior a 1959 la Lotería marchaba a toda vela. Abundaban los vendedores ambulantes de billetes y la Plaza del Vapor (actual parque de El Curita, en Centro Habana) era una especie de mercado natural de esos boletos, como lo era, asimismo, aunque en menor medida, la Plazuela de Albear, a un costado del bar Floridita. Florecían las billeterías. Solo en la calle Obispo, que recuerde este cronista, estaban la de Menéndez, La Dichosa, El Globo y El Gato Negro.

Podía comprarse un solo billetico (25 centavos) o tantos como se deseara; también la hoja completa, con cien billetes por 25 pesos. El hotel Sevilla operaba con un sistema particular. Si no se encontraba el billete que se buscaba, podía jugarse allí de todas formas el número deseado siempre que se abonase lo que costaba la hoja completa. La caja del Sevilla pagaría al ganador lo mismo que la Renta de Lotería que efectuaba todos los sábados sorteos que se trasmitían por radio y en el que niños de la Casa de Beneficencia daban vueltas al bombo de donde salían las bolas; una, con el número del billete agraciado y otra, con la cantidad de dinero que lo premiaba.

Uno de aquellos niños, con una entonación que se hacía pegajosa decía, por ejemplo: 62 662, y el otro: Cien pesos, hasta que caía “el gordo” y entonces la mesa invitaba al público a comprobar la bola.

Coexistían la charada y la bola. Charada es una palabra que viene del francés y significa acertijo. Había premio en metálico para el que lo descifrara. No era fácil. El banco decía, por ejemplo: “Tiene cuatro patas y camina por los tejados”. La gente, pensando en el gato, jugaba el 4, y tiraban el 9, es decir, elefante.

Fueron los chinos los que, en el siglo XIX, introdujeron la charada en Cuba y el primer banco estuvo en la calle Lealtad. Era del 1 al 36 y la representaba un chino vestido de manera tradicional que lucía animalitos y personajes desde la cabeza hasta los pies. 1, Caballo; 2, Mariposa; 3, Marinero… Había algo de poesía en ella pues sus 36 números se correspondían con otros tantos signos o símbolos que remitían a flores o a personajes de la dinastía Ming. Perdió el juego todo su encanto cuando los cubanos sustituyeron aquellos signos por “bichos”: 6, Jicotea. 19, lombriz. 21, Majá. 33, Tiñosa…

Seis charadas se tiraron en Cuba hasta 1959. A la china, que era la más extendida, se sumaban la india, la americana, la cubana, la hindú y otra que llevaba el nombre de Matanzas.

Los significados diferían de una a otra, Uno es caballo en la china y también en la hindú. Es sol en la india y camello en la americana, tintero en la cubana y pescado chico en Matanzas; cuatro, como ya se dijo, es gato en la china; soldado en la india y vela en la americana; llave en la cubana y militar en la hindú, en tanto es pavo real en Matanzas. En la cubana, 45 es presidente y también José Miguel, y 88 es espejuelos y también Miguel Mariano, José Miguel y Miguel Mariano Gómez, padre e hijo, los únicos mandatarios cubanos presentes en la charada.

Volviendo a la charada china, 24 no es solo paloma. Es también música, carpintero, cocina y pescado grande. 28 es chivo, y también bandera, político, uvas y perro chico, en tanto que 62 es matrimonio, y además nieve, visión, academia y carretilla.

No tardó en aparecer la bola, invento de José Manuel Castillo, en Luyanó. Cien números para sacar tres premios, pronto surgirían los competidores: Campanario; López, en Marianao; Fox, en Tropicana; Battisti en el Sevilla…

El 1 de enero de 1959, el pueblo destruyó los garitos y algunos casinos, como los de los hoteles Plaza y Deauville y el del cabaret Sans Souci. Otros permanecieron abiertos, pero con sus días contados. La Lotería Nacional pasó al recién creado Instituto Nacional de Ahorro y Viviendas (INAV) hasta 1968, cuando desapareció. Con la venta de los billetes, el INAV, presidido por Pastorita Núñez, ex militante del Partido Ortodoxo y teniente del Ejército Rebelde, construía apartamentos que se adjudicaban a familias de los sectores menos favorecidos. Ocho mil quinientas viviendas construyó Pastorita, y las entregó llave en mano, en el plazo de dos años.

Curioso, curioso

El primer sorteo de la Lotería Nacional se celebró el 10 de septiembre de 1909 y el número premiado fue el 10 967. Tuvo lugar bajo la presidencia del mayor general José Miguel Gómez.

Casi todos los billetes premiados desde esa fecha hasta 1959 eran de cinco dígitos. Pocos eran de cuatro y muy pocos, poquísimos, de tres. Los de dos eran excepcionales.

Setenta fue el número premiado con el “gordo” en el sorteo del 31 de diciembre de 1921. En noviembre de 1920 hubo tres sorteos suspendidos.

¿Cayó en el Palacio Presidencial el premio gordo de la Lotería Nacional en tiempos del presidente Alfredo Zayas?

Periodistas e incluso historiadores aseguran que así ocurrió. Que dicho mandatario, al que apodaban El Pesetero, ganó el “gordo” al salir premiado el billete 4 444.

Es de esas mentiras que, de tanto repetirse, tienden algunos en convertir en verdad. Zayas llegó al poder por el Partido Popular, llamado, por lo raquítico de su membresía, el partido de los cuatro gatos, de ahí arranca la cosa. En verdad, el 4 444 no aparece en la relación de billetes premiados entre el 20 de mayo de 1925 y el 20 de mayo de 1925, periodo en que Zayas ocupó el poder.