Acera de La Rampa
Para quienes gustan de datos como estos, diremos que a comienzos del siglo XIX la calle San Rafael, llamada también De los Amigos o Del Presidio, llegaba hasta Industria.
En 1830, Joaquín Solís, gobernador de La Habana, quien vivía en esa esquina, la extendió hacia el oeste y por ese rumbo llegó hasta los predios actuales de la Universidad de La Habana.
El Encanto, en Galiano y San Rafael, fue el primer establecimiento que puso en práctica en Cuba el concepto de tienda por departamentos: sastrería, tienda de ropa hecha, de sedería y quincalla; juguetería, peletería, almacén de tejidos, fábrica de colchones y de ropa de señora; distribuidor de perfumes…
Contaba con tres almacenes con más de mil empleados, trescientos de los cuales laboraban en la casa central, y tenía sucursales y subsidiarias. Se había inaugurado en 1888 en Guanabacoa, pasó a Compostela y Sol y de allí a Galiano y San Rafael, en un local que se amplió y modernizó progresivamente. Un acto terrorista la destruyó en 1961.
En 1897 se inauguraba, en San Rafael y Águila, Fin de Siglo, pequeño bazar que creció al ritmo de la gran Habana. Una tienda por departamentos: ropa hecha, juguetería, librería, loza y cristalería; peletería, perfumería, platería, quincalla, sedería y taller de confecciones y sombreros, que se distribuían en los cinco pisos del edificio.
Cuervo y Sobrinos, “los joyeros de confianza”, una de las más antiguas e importantes joyerías habaneras, con talleres propios, ganaba la esquina de San Rafael y Águila en 1886, cuando asumieron la representación de los relojes Longines y los cristales Laliques.
En 1938 abrían sus puertas el Rex Cinema y el cine Dúplex, uno a lado del otro, en San Rafael, 161. Y en la esquina con Industria, el hotel Royal Palm, con sus 200 habitaciones.
En la esquina de San Rafael y Galiano, frente a El Encanto, se ubicaban Flogar y el Ten Cents. Este último, con cinco tiendas en La Habana y otras tantas en el interior y unos mil empleados, disponía de inversiones que sobrepasaban los veinte millones de pesos.
El cronista ha hecho este rápido y muy selectivo recorrido por San Rafael para acentuar la importancia de esta calle. Era una calle elegante, con vistosas vidrieras y un ir y venir de gente que permitía tomarle el pulso a la ciudad.
Sus aceras, desde Prado hasta más allá de Galiano, eran únicas. Las confeccionaron de granito blanco con franjas sinuosas de granito verde. De ellas solo quedan algunas fotografías y el recuerdo de habaneros nostálgicos.
La calle San Rafael. Se aprecia el diseño de las aceras de granito.
Las desbarataron cuando ese tramo de vía, hasta entonces abierto al paso de los automóviles y a rutas del transporte público, se convirtió en bulevar; por cierto, el paso peatonal más chato y deslucido de todas las ciudades cubanas. Hubo un intento de remodelarlo en 2019, en ocasión del aniversario 500 de la fundación de La Habana. Fue otro desastre.
Para quienes preguntan cuándo se empotraron en las aceras de la Rampa los mosaicos que reproducen obras de artistas plásticos del patio, diremos que ocurrió en octubre de 1963, coincidente con la inauguración del Pabellón Cuba, en la esquina de 23 y N.
Todavía no existía la heladería Coppelia. La manzana que a partir de 1966 ocupó el célebre establecimiento la llenaba un llamado Parque INIT (Instituto Nacional de la Industria Turística) que disponía de varias dependencias gastronómicas y recreativas, entre ella el cabaret Nocturnal.
Se celebraba en La Habana, en aquel ya lejano año de 1963, el VII Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos, que reunió a más de dos mil profesionales, técnicos y estudiantes procedentes de ochenta países, que discutirían problemas de la arquitectura en el Tercer Mundo.
Los profesionales cubanos quisieron en esa ocasión enriquecer la imagen de la Rampa, lo que incluía la remodelación de sus acercas.
Artistas como Wifredo Lam, René Portocarrero, Hugo Consuegra, Mariano Rodríguez, Cundo Bermúdez y otros hasta completar quince, aportaron sus obras originales que fueron reproducidas en granito integral por la empresa cubana Ornacén, con la intervención de los arquitectos Fernando Salinas y Evelio Rodríguez. Quince diseños que se van reproduciendo a lo largo de varias cuadras hasta alcanzar la cifra de 180 mosaicos.
La imagen de los mosaicos se obtuvo con cemento coloreado con gravilla fina de mármol triturada y polvo de mármol sometido luego al pulimento. Láminas de bronce delimitaban los mosaicos empotrados. Un excelente y cuidadoso trabajo.
Lástima que con el paso del tiempo y, sobre todo, la suciedad y el mal estado de la acera, esa galería a cielo abierto, todo un pequeño museo, se haya deteriorado en algunas partes más que en otras, aunque hoy parece resplandecer en el tramo que pasa frente al hotel de 23 y K.