Obras de la nueva rotonda en la ciudad de Sancti Spíritus. Foto: Tomada de periódico Escambray.
En medio del ruido del retromartillo cuando rompe el pavimento, el ajetreo es interminable entre las fuerzas de la unidad empresarial de base (UEB) No. 2 de la Empresa de Construcción y Montaje Sancti Spíritus, encargada de dar vida en solo 20 días a la segunda rotonda con que contará la ciudad.
Aprovechar los primeros días ha sido vital para avanzar en una obra que comenzó por un reordenamiento de la circulación vial por una zona de intenso tránsito: la intersección que imbrica a la Carretera Central, vía a Jatibonico hacia el oriente cubano, y la circunvalación, salida hacia Trinidad.
“Lo primero fue la demolición de los cuatro semáforos que anteriormente tenían el control del tráfico para regular el flujo de vehículos y peatones en ese punto de la ciudad, así como las isletas que indicaban el sentido de la circulación.
“Lo siguiente es fundir las nuevas isletas que limitarán el ancho de cada vía y están destinadas a la estancia de peatones para fraccionar el tiempo de cruce”, explica el ingeniero Pedro García González (Pedrín), al frente de la UEB Obras de Ingeniería y de la propia inversión.
Lo que dentro de unos días será una rotonda de unos 30 metros de diámetro ya está diseñada y marcada. Una línea oval de color amarillo hecha a partir de una cinta desde un eje por los trazos firmes de Pedrín espera por los moldes para el encofrado circular que dará forma al anillo.
“Por ahora, están hechas las excavaciones donde estarán ancladas las letras con el nombre de la provincia que adornarán el centro, pero queda mucho trabajo, porque no todos los recursos y equipos están a la mano, como por ejemplo el retromartillo que se trajo de otro lugar. Eso sirvió para adelantar al menos unos 10 días de trabajo, porque es fuerte
“Se trata de partir unos 40 centímetros del hormigón con una calidad excelente que se vertió cuando se construyó esta carretera en 1986”, señala García González.
Obra necesaria
Una rotonda es un concepto que se emplea para nombrar diferentes construcciones y estructuras de forma circular. El uso más frecuente se asocia con la construcción vial que permite el cruce de distintos caminos para reducir la ocurrencia de accidentes.
Según los entendidos, desde los primeros años del presente siglo se diseñó en la provincia un primer proyecto de ese tipo para esta intersección que, si bien contaba con semáforos, con las limitaciones energéticas actuales no prestaban servicios cuando había apagón en la zona y la mayoría de los fines de semana estaba intermitente, lo que incrementaba el riesgo en el citado cruce.
Una publicación de José Lorenzo García, delegado de Transporte en la provincia, aclara que las rotondas, también conocidas como glorietas, se han convertido en una alternativa a los semáforos y las intersecciones en muchas ciudades del mundo con una serie de ventajas, como el hecho de que en lugar de detenerse y esperar a que cambie el semáforo o que la intersección se despeje, los conductores simplemente tienen que entrar en la rotonda y seguir su camino.
Esto significa que no hay tiempo de espera innecesario, lo que reduce la congestión del tráfico y mejora el flujo vehicular.
Por otra parte, dice la nota que “hay menos riesgo de colisiones frontales y de lado, lo que aumenta la seguridad vial en general”.
Los expertos en seguridad vial afirman que las rotondas minimizan el riesgo de accidente, ya que fuerzan a reducir la velocidad por su propio radio. En cambio, cuando se cruzan caminos sin que haya una rotonda, deben instalarse semáforos que regulen el tránsito, con la desventaja de que los conductores pueden optar por no respetarlos, como ha pasado muchas veces en esa intersección, donde ha habido más de un accidente.
“Sabemos la importancia de la obra y todo lo que resta por hacer: el vertimiento de unos 300 metros cúbicos de hormigón, la cimentación del cartel y hacer todo el borde de la rotonda, que va cubierta de una capa vegetal de 30 centímetros”, añadió el directivo.
Los constructores siguen en lo suyo, incluso con hallazgos de por medio, como encontrar debajo de tanto asfalto y concreto un pedazo del primer hormigonado que tuvo la Carretera Central, construida en 1931.
Saben que es una tarea de choque, por lo que la única opción es aprovechar todo el tiempo posible, de manera que se prepararon torretas de iluminación para trabajar de noche.
Para Pedrín, no existe ningún misterio tocante a la fecha en que terminará la obra vial que cambiará la cara de otro de los accesos a la ciudad: “Estará lista para festejar el 26 de Julio”.
(Tomado de Escambray)