Cimarronas en la red

Imagen: Proyecto Cimarronas.

Empezaron a hacerse notar en marzo, cuando llegaron a las redes con mensajes que confirmaban el Día de la Mujer como una fecha feminista, socialista; para reivindicar las luchas y no para reafirmar prejuicios machistas. Sin embargo, Cimarronas tuvo sus orígenes un par de meses antes, en un grupo de mujeres de izquierda en Telegram: Aquelarre. ¿Sus objetivos? Organizarse, formarse como sujetas políticas y contribuir al debate en temas de género y justicia social.

“Venimos de cuatro grupos virtuales en los cuales, de pronto, gente como yo -que había sido apolítica y había luchado por ser apolítica- se ve participando y aportando ideas sobre una serie de temas sobre los cuales era cómodo, pero peligroso no tener una opinión”, recuerda Dailene Dovale, una de las integrantes del grupo de mujeres que sueña y hace posible este proyecto.

Cimarronas viene a ser la cara pública de Aquelarre, un espacio de comunicación, explica a Cubadebate la periodista y profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. A través de un blog, una página en Facebook y un canal en Telegram, crean y comparten contenidos sistemáticamente sobre todos esos asuntos de los que “todavía queda mucho por hablar dentro de los debates de la izquierda”.

Claudia Damiani, diseñadora, profesora del Instituto Superior de Diseño (ISDi) y otra de las creadoras de la iniciativa, coincide. Confirmaron que los temas de género, el feminismo, el papel de la mujer en la historia, la ciencia y la cultura, muchas veces eran subrepresentados. “Son cuestiones que generalmente solo se tratan cuando se acerca una fecha relacionada, pero no como un enfoque que debe tenerse presente todo el tiempo”.

Además, necesitaban un lugar donde formarse colectivamente sin mansplaining, sin tener que hacer un esfuerzo extra para participar, y asumir funciones que generalmente ocupan los hombres. De ahí que un grupo de mujeres con diversas profesiones, edades, orientaciones sexuales, preocupaciones e intereses amplió la lucha desde el grupo privado para contribuir a llenar algunas de esas ausencias.

Ahora visibilizan los aportes de la mujer en diversos campos, las luchas emancipadoras y las demandas de la comunidad LGBTIQ+, entre otras temáticas. El fin último es pensar la realidad desde el comunismo y con perspectiva de género, crear un canal para ese otro feminismo que las identifica: el de izquierda.

“Creemos en la justicia social plena como horizonte político. No se trata solo de superar el modo de producción capitalista, sino todos los sistemas de opresión que le son estructurales: el colonialismo, el racismo, el heteropatriarcado”, precisa Damiani.


Para mantener actualizados los sitios que gestionan, la moderación y publicación no recae en una sola persona, tienen un responsable por día de la semana que va rotando. Preparan cronogramas mensuales -ya están listos los de 2021- donde se planifican los contenidos y cada una puede apuntarse los temas que le interese abordar.

Según la profesora del ISDi, “esto no es una camisa de fuerza, cualquier cimarrona puede proponer un tema que no esté en el cronograma y desarrollarlo. También aceptamos colaboraciones, siempre y cuando estén acordes a nuestra política editorial”.

A pesar de que el grupo detrás del proyecto está conformado solo por mujeres, la idea siempre ha sido vincular a los hombres, que ellos se sumen y se sientan parte del proyecto y del público al que va dirigido.

A largo plazo, quisieran trascender las redes y contribuir a transformar la sociedad en que habitan. “Los espacios virtuales de socialización nos permitieron articulamos como grupo y hemos conseguido darles un uso emancipador. No creo, sin embargo, que esto sea suficiente para hacer de la sociedad cubana una sociedad más emancipada, apenas es una gota de agua en el aguacero que necesitaríamos para limpiarnos de la herencia heteropatriarcal y colonialista que cargamos en nuestro imaginario colectivo e individual”, insiste la diseñadora.

Marcar los pendientes

El primer paso en la lucha por la equidad pasa por identificar los desafíos de género que aún tiene Cuba, visibilizarlos y buscar los modos de enfrentarlos. El equipo de Cimarronas lo tiene claro. Desde su perspectiva, los más grandes pertenecen al ámbito de lo subjetivo.

Urge dejar de ver las relaciones entre hombres y mujeres como espacios de subordinación, de entender las relaciones sexo-afectivas como la posesión de la otra persona, de asumir que el sexo con el que se nace determina al individuo, de relacionar la conducta sexual con el género, de asociar la masculinidad hegemónica, que, por supuesto es heterosexual, con el valor y la fuerza y lo femenino con la debilidad y la cobardía, de pensar que los cuidados, la crianza de los hijos y las labores dentro del hogar son una responsabilidad femenina donde el hombre “hace el favor” de ayudar, enumera Damiani.

“Todo esto se dice muy fácil, pero es difícil, pues en ello interviene no sólo lo racional, sino también lo emocional. El ámbito privado va a ser el último bastión del patriarcado. Es por eso que yo además de todo lo que pueda hacerse desde la agenda política, creo que lo primordial es lo formativo, el cambio en la mentalidad tiene que acompañarse y fomentarse desde la educación y la cultura”.

En ese camino, Dovale insiste en la necesidad de acercar los temas de género a más personas, trascender la academia y llegar a quienes cultivan la tierra, los cuentapropistas, los que no terminaron de estudiar y están en casa, a todos.

“Siento que el feminismo se nos queda en grupos de mujeres con redes de apoyo, que están preparadas, que tienen buenos empleos. Y lo digo con pesar porque Cimarronas, donde casi todas somos graduadas universitarias, aún no consigue ir más allá”.

Otro desafío tiene que ver con las alianzas entre proyectos. “Esta diversidad de feminismos y de grupos trabajando por la equidad es muy hermosa, porque nos da la medida de que es un movimiento vivo, que no hay un adoctrinamiento como nos quieren hacer ver, que no hay ideología de género. Pero sería buenísimo que pudiéramos articularnos mejor, que enfrentemos juntos amenazas comunes como los fundamentalismos religiosos”, agrega la periodista.

Damiani va más allá: considera imprescindible que todos los sectores progresistas de la sociedad cubana se unan y demuestren a la gente que la igualdad de género, el respeto a la diversidad y la inclusión, son parte indisoluble de la conquista de la justicia social y, por tanto, del ideario revolucionario.

A través de las redes...

Pandemia e incremento del acceso a Internet en la Isla mediante, cada vez más cubanos llegan a las redes sociales y encuentran decenas de iniciativas foráneas. “Existe una genuina necesidad de crear proyectos autóctonos que respondan a nuestras necesidades. También creo que es el mejor medio para llegar a las generaciones más jóvenes”, señala Damiani.

No obstante, advierte, las redes sociales no favorecen el diálogo. Al contrario, se crean dinámicas donde es muy fácil deshumanizar al interlocutor, ejercer violencia simbólica sobre él, sucumbir a la vanidad y a las emociones, polarizar las opiniones. En esas condiciones lo que es contrahegemónico, lo que es contrario al orden establecido -y tal es el caso del feminismo y del socialismo- está en desventaja.

“Pero, a la vez, es un espacio del que no se puede renegar, porque, con las dinámicas del siglo XXI, si algo no existe en las redes sociales, en Internet, pues es prácticamente es como si no existiera en absoluto”, dice.


En ese contexto, aterrizar con un discurso marcadamente feminista y socialista no es tarea fácil. Están expuestas todo el tiempo a críticas, acosos e incomprensiones en un lugar que, en definitiva, supone una extensión de la vida diaria: con sus prejuicios, sus machismos y sus enfrentamientos políticos. Pero las cimarronas consideran imprescindible estar; por tanto, generan estrategias para hacerse escuchar.

Quienes están allí, agrega Dovale, están en contacto con noticias falsas y desinformación, pues los asuntos de género suelen ser malinterpretados, ridiculizados, incluso a través de memes. “Ante todo eso no podemos quedarnos pasivos y por ahí va un poco lo que intentamos hacer en Cimarronas”.

Desde su perspectiva, la utilidad de este tipo de activismo se confirma en las personas que se acercan a estos temas como usuarios pasivos y luego generan reflexiones en su vida. “He hablado con mujeres que han notado actitudes machistas de control de sus parejas porque han leído nuestras publicaciones y allí han encontrado herramientas para actuar en consecuencia”.

No les quedan dudas: es necesario ocupar las redes e intentar hacer de ellas espacios de resistencia, una versión mejor de sí mismos, en la medida de lo posible. “Si allí están las personas agresivas y los contenidos falsos, también tenemos que estar las feministas y dar lucha, teniendo por supuesto herramientas de autocuidados. Porque si nos desgastamos con el primer trol machista, no podemos seguir estudiando y debatiendo”, opina la periodista.

En ese camino, argumenta Damiani, un punto de partida vital es asumir la lucha en colectivo y no a título personal. “Eso evita que las agresiones vayan dirigidas a una persona individual (que siempre va ser mucho más vulnerable que un colectivo) y también te blinda ante un debate que se pueda convertir en una cuestión de egos, donde los ataques a una opinión se conviertan en ataques a la persona que la emite”.

No es casual entonces que se llamen así. Si el cimarronaje fue una manifestación colectiva de resistencia de esas personas que habían sido esclavizadas, racializadas, sometidas a un proceso de deculturación, de desarraigo, de deshumanización; Cimarronas es el símbolo de las oprimidas y oprimidos que no se conforman, una metáfora de la lucha por una vida sin violencias machistas y sin todos esos estereotipos que nos han impuesto desde la infancia, un asunto que, en definitiva, se trata de hacer equipos.