Lisandra Guerra, subcampeona de los XVIII Juegos Panamericanos Lima 2019. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Un monumento de coraje y valor levantó Lisandra Guerra en el bello velódromo de esta ciudad. Su plata en el keirin debe ser recordada por el espectacular sprint en los últimos 120 metros, pero también por el honor de haberlo hecho sin una competencia internacional desde hace 12 meses y por la valentía de hacerlo frente a las mejores del continente, entre las que están varias jerarcas del mundo en esa especialidad.
No escondió entonces sus ganas de gritar que era la medalla más importante de su vida, por encima incluso de sus títulos mundiales o los diplomas olímpicos. Lloró cuando dedicó ese resultado a su hijo Thiago, a los compañeros de equipo, al entrenador inicial Florencio Pérez y a su actual preparador Francisco Leguén. Y lo más significativo, nunca se justificó con los obstáculos y barbaridades vividas para llegar hasta aquí y hacer la proeza que otros con más recursos no lograron.
Lisandra es de las guerreras más encumbras del ciclismo cubano y continental, pero no por sus más de 30 medallas panamericanas y récords impuestos, sino por esa actitud de amar la velocidad sobre una bicicleta con la misma pasión que dejó a Thiago enfermo y enrumbó hacia Lima, para regalarle una medicina más efectiva: verla en la televisión y que él pudiera gritar: “dale mamá, gana, gana…”.
Su sueño olímpico ya no es igual. Tokio está lejos, por el sacrificio que debiera hacer para su clasificación en una especialidad donde los años no pasan por gusto. Sin embargo, ella merece hoy el reconocimiento de un país entero, porque puso sobre la pista su apellido, lo defendió a puro “riñón” y cuando en la noche volvió a sonreír en su cama encontró el mensaje más tierno en su celular:
“Mamá, te vi, estoy curado, te quiero mucho, Thiago”.
Lisandra Guerra dijo:
No sé por dónde empezar... ante tantas muestras de cariño que he recibido a través de las redes sociales, después de haber alcanzado la medalla el día 2 de agosto. No quiero hacer esta publicación extensiva, creo que no me alcanzarían las palabras ni las páginas para todo lo que quisiera dejar plasmado aquí. Solo agradecerles de todo corazón sus palabras, su apoyo, sus muestras de cariño, pues valen mucho... No saben cuánto.
Mi hijo, mi Cuba, mi gente… Colón, no duden ni un segundo que no los lleve conmigo en cada pedalada, en cada momento que me subí a esa pista, ustedes siempre estuvieron presente...
Entonces, por eso y mucho más, gracias a los que confiaron y también a los que no, mi corazón es tan grande, y mi hijo Thiago me ha hecho más humana y tan feliz, que en él no hay cabida para crueles sentimientos, como el odio o el rencor. Los quiero siempre. Llegue a mi Cuba querida el más grande abrazo de todos, de parte de esta humilde servidora.
Lisandra Guerra en el velódromo de la Videna, Lima, Perú. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Lisandra de Colón, de Matanzas, de Cuba. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Su presencia en Tokio 2020 fue descartada por ella misma. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.