Donde late el corazón del Escambray (+ Fotos)

Las alturas de Topes de Collantes mantienen bajas temperaturas durante todo el año. Foto: Javiel Fernández/ Cubadebate.

Son las 6:30 de la mañana en la finca El colibrí, un paraje montañoso en el que las nubes a la altura de la vista y la temperatura agradable confunden los amaneceres y los atardeceres. A pocos kilómetros está Topes de Collantes, corona natural de las provincias de Sancti Spíritus, Villa Clara y Cienfuegos, donde el macizo montañoso Guamuhaya y la Sierra del Escambray están más cerca del cielo.

Es 21 de junio y comienza el verano en el Hemisferio Norte,  los científicos coinciden en que este, el día más largo del año, es excelente para plantar árboles. Sin embargo, los trabajadores de la Empresa Agroforestal Trinidad encargados del manejo de los bosques en Topes de Collantes, como viejos animales de monte curtidos durante décadas, hoy no renunciarán al ruido furioso de sus motosierras, al rechinar de las gomas del Katanga abriéndose paso en los pinares, al bulldozer 75 arrastrando pinos sobre un filón entre barrancos, ni a las sazones naturales que al mediodía inundan la cocina rústica que la brigada de tala improvisa a su paso.

Los trabajadores de la Empresa Agroforestal Trinidad tienen a su cargo el manejo de los bosques en Topes de Collantes. Foto: Javiel Fernández/ Cubadebate.

Con el solsticio de verano Cuba celebra también el día del trabajador forestal, fecha que a pocos kilómetros del área de corte,  en el aserradero de la comunidad de Tres Palmas, deviene incentivo para procesar los bolos arrancados al lomo del Escambray y obtener los cinco o seis metros cúbicos de madera que logran diariamente durante todo el año.

El aserradero de la comunidad de Tres palmas procesa la madera arrancada al lomo del Escambray. Foto: Javiel Fernández/ Cubadebate.

Y pudiera parecer que con tanto ajetreo monte adentro, en Topes de Collantes, joya del patrimonio forestal cubano, no habrá tiempo para corresponder a los postulados de la ciencia y a los presagios de viejos guajiros montunos: “hoy es tremendo día para sembrar matas”.

El aserradero de la comunidad de Tres palmas procesa la madera arrancada al lomo del Escambray. Foto: Javiel Fernández/ Cubadebate

Entonces, cuando la jornada solo ha mostrado la voracidad del hombre sobre la naturaleza, la iniciativa de un joven apasionado de los árboles y el manejo de los bosques, intenta educar en la cultura forestal y en la importancia de la reforestación para las nuevas generaciones.

Solo un bulldozer 75 es capaz de trasladar los bolos de madera por la serranía. Foto: Javiel Fernández/ Cubadebate.

Mario Alejandro Lima Cruz, a las puertas del quinto año de la carrera de Ingeniería Forestal en la Universidad de Pinar del Río “Hermanos Saíz Montes de Oca”, es un enamorado de Topes de Collantes por tradición familiar y sobre esos parajes ha proyectado su tesis de licenciatura y su futuro profesional.

Mario educa a los niños de la escuela de Tres Palmas en una cultura forestal y la necesidad de la reforestación. Foto: Javiel Fernández/ Cubadebate.

Con el acompañamiento de la Empresa Agroforestal Trinidad y la ayuda de Roberto Cruz Sánchez, el hombre que con cuatro décadas dedicadas a la actividad forestal en Cuba y otros países y que a toda velocidad, con un pie en el acelerador y el otro en la ventanilla surca la serranía del centro de Cuba en su jeep Willy azul que todos conocen por estas lomas;  el estudiante cienfueguero apertrechado de posturas de roble blanco y cedro y una laptop en su mochila, emprende el camino a la escuela primaria rural Santiago Escobar Arrechea de la comunidad de Tres Palmas donde estudian diez niños de los cuales Mario espera sacar algún Ingeniero Forestal como él, que lo acompañe en las aventuras que ha planificado para preservar y ampliar a futuro los bosques de Topes de Collantes.

El joven estudiante de Ingeniería Forestal Mario Lima Cruz ha proyectado su futuro profesional en las montañas de Topes de Collantes. Foto: Javiel Fernández/ Cubadebate.

Luego del intercambio sobre la importancia de los bosques, la protección de la naturaleza y la carrera de Ingeniería Forestal, Mario y los niños plantan los robles y cedros en el patio de la escuelita rural. Dentro de cuatro décadas estarán listos para derribar y ser procesados en el aserradero a pocos metros de la escuela, para entonces, gracias a la iniciativa  multiplicada del joven forestal habrán crecido cientos de árboles en la zona y el lomo del Escambray no sentirá con tanto peso la mano del hombre.

Los bolos de madera son trasladados por la serranía en un camión Katanga con la peripecia de los trabajadores forestales de topes de Collantes.Foto: Javiel Fernández/ Cubadebate.

Cae la tarde y de regreso la presa Hanabanilla parece superpuesta en el paisaje intramontanto, los muchachos del Ejército Juvenil del Trabajo regresan de la jornada en los cafetales, la llovizna y la frialdad de cada atardecer; otra vez las nubes acarician la Finca El Colibrí y las diminutas aves que le dan nombre revolotean alrededor de los comederos colgados del techo.

En medio de esa quietud que después de tanta creatividad y acción humana nos regresa a algo tan sencillo y natural como el vuelo de un zunzún, uno descubre que el corazón del Escambray, no late solo por sus bosques, la historia rebelde que encierra y sus valores paisajísticos, sino por el magnetismo de su gente campechana y afable.

La presa Hanabanilla parece superpuesta en el paisaje a un costado del camino que une a Manicaragua con Topes de Collantes. Foto: Javiel Fernández/ Cubadebate.

Foto: Javiel Fernández/ Cubadebate.

 

Foto: Javiel Fernández/ Cubadebate.

Foto: Javiel Fernández/ Cubadebate.

Foto: Javiel Fernández/ Cubadebate.