Suerte

La suerte es loca y a cualquiera le toca. Foto: Jorge Luis Sánchez/ Cubadebate.

“Usted tiene más suerte que la puerca de paneque”, solía decir mi abuelo cuando alguno de los jugadores de dominó en la mesa dominical que se armaba debajo del almendro del patio, hilvanaba una cadena de victorias bastante apreciable. El dicharacho tenía su origen en una “marrana” que había tenido Mario Paneque, alias Sancocho; la cual, atada al tronco de una palma no pudo escapar de una tormenta y recibió el influjo demoledor de un rayo que golpeo la planta. Para asombro de todos, la descarga destrozó el árbol, mató a los ocho puerquitos hijos de la susodicha y a ella no le paso ni pitoche.

“Es una cabrona la suerte”, decía melancólico el nieto de Gumersinda, que siendo el más bonitillo del piquete, fue soberanamente despreciado por Pastelito Laguna, una criollita de curvas perfectas que a la larga se casó con Kenilo Mires Mucho, quien debió ser pariente lejano de aquel que fue retratado por Francisco de Quevedo en su célebre poema A una Nariz.

“Tiene más suerte que el pollo que dejaron pá gallo” fue lo único que atinó a decir el finado Teté, un vendedor de pollos al que le decían Doble Infusión (Té y Té), cuando le contaron que Vejerano Rutina se había apeado de una guagua una parada antes de lo acostumbrado, para tomarse un café donde nunca se lo tomaba y unos metros más adelante el ómnibus fue embestido por otro vehículo destrozando el asiento que este ocupaba hasta hacia un minuto.

Es que, según dicen, la suerte es loca y a cualquiera le toca, claro, salvo el caso de Mate Perpetuo, un chamaco llorón de la vecindad que jamás ganó en ninguno de los juegos donde participaba, a pesar de su enorme colección de rabos de conejos y herraduras de caballos.  Le escuché decir más de una vez, en medio de sus acostumbrados enojos con “La Suerte”: Qué loca, ni loca, para mí la suerte ya le dieron alta de psiquiatría.

Yo, por mi parte soy de los que piensa que a la suerte de vez en cuando tenemos que darle un poquito de ayuda y no podemos hacerla culpable exclusiva de los fracasos o autora indiscutible de las victorias. Ella suele ser la justificación perfecta de los que se niegan a reconocer sus errores propios y rara vez le ha salvado el pellejo en los exámenes docentes a los que no estudian, pensando en que si tienen suerte, les saldrá la pregunta del único contenido que dominan, pero todos sabemos que casi siempre es al revés.

Y si de suertes se trata, existen algunas que superan a las otras: una que te permitió ser parte de este país maravilloso y otra tener una familia a la cual perteneces con orgullo y placer, entonces como tengo ambas cosas yo puedo decir que soy un tipo con suerte.

(Tomado de La Bicicleta)