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Perfume de magnolia

Michelle Obama dejó sembrados en La Habana, el último día de su estancia, dos pequeños árboles de Magnolia. Foto: AP.

Michelle Obama dejó sembrados en La Habana, el último día de su estancia, dos pequeños árboles de Magnolia. Foto: AP.

“Desearíamos compartir con todos ustedes algo de la belleza de los Estados Unidos”. Dijo la primera dama Michelle Obama al dejar sembrados en la Habana Vieja, el último día de su estancia, dos pequeños árboles de Magnolia, recordando que ahora mismo están en flor en los alrededores de la Casa Blanca, en Washington.

Yo que soy romántica y me sostiene la buena fe, digo “qué lindo”. Se une al esfuerzo de cubanos y norteamericanos que con toda buena intención, quieren sinceramente acercar a las dos naciones.

La magnolia es un árbol maderable que puede alcanzar 35 metros de altura, cuya flor, de breve existencia e intenso aroma, nace en tal abundancia que es capaz de darnos la impresión de verlo florido por mucho tiempo, cada final de primavera y verano. Con el detalle de que su crecimiento es lento.

Ha pasado una semana, entre el Discurso de Obama en el Gran Teatro de La Habana, que varios cubanos jocosamente llaman, “el Gran Teatro de Obama en La Habana” y su célebre actuación en “Vivir del Cuento”. Se trata del programa humorístico más visto de la televisión cubana, con efectivo impacto en el nuevo escenario de suave golpe cultural, a la manera del primer presidente norteamericano que visita la Habana después de 88 años, justamente mientras anuncia el final de la Guerra Fría.

Unos días después La Habana batió palmas “rockanroleando” con los Rolling Stone, quienes regalaron un concierto sin precedentes para que los cubanos disfrutaran el gran final de “Olé”, gira de la banda británica por América Latina. Y fue bueno sacudir cabeza y cuerpo, para analizar lo que anunciaban mientras tanto.

Progreso Semanal informa que “menos de una semana después que el presidente Barack Obama asegurara personalmente a su homólogo cubano, Raúl Castro Ruz, que Washington “no tiene ni la capacidad ni la intención de imponer un cambio en Cuba” y que Estados Unidos “no impondrá nuestra política o sistema económico a ustedes”, el Departamento de Estado ha anunciado que va a dar a alguna organización emprendedora de EE.UU. $753 989 dólares para entrenar hasta 30 “jóvenes líderes emergentes de la sociedad civil cubana” […] “para dirigir y hacer crecer organizaciones de la sociedad civil que apoyen activamente los principios democráticos en Cuba”

La visita del presidente de los Estados Unidos a Cuba necesita de muchas lecturas y un enfoque múltiple. Ambas naciones se sentaron a la mesa por intereses propios, donde Latinoamérica, la misma que ha estado firme en el reclamo de que este momento llegara, también está presente.

Obama fue capaz de citar al prócer independentista cubano, José Martí de “cultivo la rosa blanca para mi amigo sincero, que me da su mano franca”, sin hablar de los Estados Unidos; porque el Martí antimperialista sabía y late aun cuando nos dice en su última carta 1898, “Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas: -y mi honda es la David”

Como también estuvo atento el joven poeta y revolucionario de “la pupila insomne” quien nos llamó a “combatir alegremente por la Revolución”; Rubén Martínez Villena, cuyo nombre lleva la biblioteca pública de la Habana Vieja, donde Michelle Obama sembró sus árboles de magnolias.

El sociólogo cubano Rafael Hernández, Director de la Revista Temas, sentencia a propósito, “no estoy seguro de que los asesores de Obama entiendan que la familiaridad cubana con lo norteamericano, no es sólo una razón para apreciar sus productos y sentido del espectáculo, sino una capacidad para entender sus usos y manejos”.

En el mismo plano, hoy Fidel Castro reflexiona, “nadie se haga la ilusión de que el pueblo de este noble y abnegado país renunciará a la gloria y los derechos, y a la riqueza espiritual que ha ganado con el desarrollo de la educación, la ciencia y la cultura”.

Esta visita cumplió su propósito: acercarnos. Pero el crecimiento de la magnolia es lento, mucho más allá que los meses que restan a Obama de su mandato.

De modo que cuando las magnolias florezcan, su perfume nos recordará el gesto de buena fe de Michelle, el símbolo de sembrarlos en lo que otrora fue la casa del Cónsul estadounidense en la década de 1920, y más tarde, embajada de Estados Unidos en Cuba. Como también nos evocará a Texas, el territorio que los Estados Unidos usurparon a México, de donde son originarios estos magníficos árboles.