Un exhaustivo estudio comisionado por el gobierno británico sobre la producción de alimentos señala que es urgente que se emprendan cambios radicales para evitar que se desencadene una hambruna global. (Fuente: BBC)
Guillermo TellLo significativo de este estudio consiste en que fue ordenado por un gobierno que forma parte del exclusivo club de los poderosos privilegiados del actual injusto orden mundial, pero que no podría sustraerse en casa de un futuro desastre capaz de tocar todas las puertas. Aunque probablemente las conclusiones eludan la cuestión de fondo, que no es otra que la abismal desigualdad de riquezas y de acceso a las tecnologías y otros recursos para el desarrollo agrícola entre países ricos y pobres, al menos parecen imbuidas de sensata preocupación ante la realidad. Con certeza que sus patrocinadores, históricamente más astutos que sus aliados más íntimos del otro lado del Atlántico, proyectan prevenirse de dramáticos estallidos sociales como reguero de polvora, porque siempre se ha dicho de antaño en voz popular que el hambre es mala consejera.