Llegando justo al toque de campana, que cada 20 de agosto marca el comienzo del periodo estadísticamente más activo de la temporada ciclónica y con Ernesto que ya terminó su vida como ciclón tropical, el panorama parece momentáneamente tranquilo.
Por eso, momentáneamente también, pondremos en pausa el tema de los ciclones tropicales para hablar hoy quizás del pariente más pequeño de esa familia ciclónica. Aunque no sin antes compartir una de las las estadísticas que habitualmente comparte el Dr. Philip Kolzbach (@philklotzbach en X) en en esa red social. El científico nos recordaba que solo en otras 4 temporadas desde 1966 hasta la fecha se habían formado al menos 3 huracanes un 14 de agosto, fecha en que Ernesto alcanzó esa intensidad por primera vez. Estas fueron 1966, 1968, 1995 y 2005.
Los diablillos de polvo (dust devils como se les conoce en inglés) o simplemente remolinos de polvo (quizás esta sea la forma más correcta de nombrarles genéricamente, porque el nombre correcto meteorológicamente es tolvanera) son remolinos o torbellinos de polvo, arena u otro material que es levantado por su efecto.
No deben ser confundidos con los tornados, aunque en algunos casos pueden tener vientos comparables con uno muy pequeño. Las diferencias usted mismo las irá encontrando, en común tienen que ambos son una columna “vertical” de aire en rotación.
¿Como se forman?
Se forma cuando hay un gran calentamiento de la superficie terrestre que produce que el aire cerca de ella ascienda rápidamente, porque el que está por encima está relativamente más frío. Si además este calentamiento no es uniforme y el aire de los alrededores no es tan caliente, este se mueve hacia donde el aire asciende. Ello genera una columna vertical que empieza a rotar, levantando polvo, arena y cualquier otro objeto pequeño o ligero.
Sus dimensiones habituales son de muy pocos metros de ancho, rara vez superando los 10 metros y la altura puede ir desde decenas de metros hasta llegar a un kilómetro aproximadamente. Esto último depende además de que la corriente ascienda hasta esas alturas, de la presencia de polvo u otro material suficiente, para que sea visible en su totalidad. Por sus dimensiones, intensidad de sus vientos, que en condiciones excepcionales pueden llegar hasta los 100 kilómetros por hora, y su poca duración de segundos o muy pocos minutos a lo sumo, en la mayoría de los casos son inofensivos y no dan más que un susto. En los casos que producen algunos daños materiales, estos son en construcciones o elementos muy ligeros, desmontables o temporales como toldos o vallas. Puede darse el caso de que en su rotación algún objeto pueda representar un peligro para las personas.
Hay ciertas condiciones que favorecen la aparición y desarrollo de los diablillos de polvo. En primer lugar un terreno llano y de una superficie muy caliente, como puede ser el asfalto o el desierto (o cualquier terreno desprovisto de vegetación). También la presencia de poca nubosidad, para asegurar abundante radiación solar para calentar esa superficie y la combinación con vientos débiles que favorezcan que ese aire que se calienta cerca del suelo ascienda casi vertical, para encontrarse con una atmósfera más fresca, cuya diferencia de temperatura con la que está debajo sostenga por más tiempo el ascenso.
Aquí está una de las principales diferencias, tanto los tornados como trombas marinas, “nacen” de una nube de tormenta en la que se desarrolla la corriente de aire que los genera, de arriba hacia la superficie.
Los diablillos de polvo ocurren en ausencia de nubosidad, que asegura el gran calentamiento de la superficie que lo genera y por tanto van “creciendo” de abajo hacia arriba, en sentido contrario a su pariente más famoso. El movimiento de estos es errático, ya que obedece a la propia rotación de los vientos, como cuando usted deja caer un corcho en rotación en un recipiente con agua. Los tornados se desplazan “junto” con la nube de tormenta, siguiendo la dirección y sentido de los vientos en la atmósfera.
A veces, en algunas zonas dentro de la ciudad podemos ver algo similar, en donde las zonas asfaltadas tienen un gran calentamiento y las que están bajo el arbolado no, creando artificialmente el proceso descrito anteriormente, algo que también en ocasiones es ayudado por corrientes de aire inducidas por las edificaciones.
También se ven en otros planetas
Es curioso que un fenómeno de este tipo no está restringido al planeta Tierra, sino que es uno de los fenómenos meteorológicos que han podido ser observado en otros cuerpos de nuestro sistema solar, como por ejemplo en Marte. Al ser un fenómeno que depende de la diferencia de temperatura entre superficies, no intervienen otros procesos meteorológicos que solo están presentes en la atmósfera terrestre. Aquí tiene un ejemplo de uno ocurrido en la superficie marciana.