Un enorme caudal de riquezas naturales e históricas son protegidas en la Península de Guanahacabibes, región del extremo occidental cubano de costas inhóspitas y leyendas insospechadas. Reserva Mundial de la Biosfera, sobresale por la virginidad de sus ecosistemas y en sus 100 kilómetros de extensión hay predominio de la llanura cársica rodeada de hermosas playas.
Su flora es rocosa y arenosa, con matorrales xeromorfos -con espinas-, bosques siempre verdes de gran uso melífero. Múltiple es la fauna manifiesta en aves, anfibios y reptiles, algunos exclusivos de esta zona y otros en peligro de extinción, que hallaron allí el sitio perfecto para su desarrollo.
Pero también en torno a sus colinas abundan historias increíbles sobre tesoros de piratas, las cuales contadas por los lugareños toman cierto acento de misterio que suele vagar por la península, de escasa densidad poblacional.
Una de las más asombrosas se centra en la llamada Cueva de la Sorda, donde afirman la habitan dos mujeres, una convertida en caimán y otra en majá, hechizadas ambas por su padre. El anciano ocultó en el interior de la caverna un tesoro y fue su deseo que las dos muchachas transformadas en animales lo cuidaran, fabulación que a menudo divierte a los espeleólogos en sus exploraciones por la espelunca.
No menos asombrosos son los rumores que circundan a la cueva del pirata Perjuicio, lugar donde el bandido escondió un botín y lo tapió con cemento romano.
Pero quizás la más difundida es la leyenda de María la Gorda, quien cuentan fue una indígena venezolana traída a la fuerza en un barco pirata y abandonada a su suerte, mientras otros la caracterizan como la hija de un navegante español quien naufragó en esos dominios. Dicen que la rolliza mujer se asentó en la Ensenada de Corriente, en el extremo occidental de Cuba, y para sobrevivir suministró comida y compañía femenina a los tripulantes de cuanto navío se aventuraba por el área.
A siglos de distancia en aquellos parajes su nombre lo lleva un centro turístico concebido fundamentalmente para buceadores, pero que deviene a su vez en la mejor opción para quienes buscan un sitio tranquilo y aislado.
Y también la península cuenta con tesoros concretos, como los yacimientos arqueológicos hallados en el nuevo cueverío de la región, consistentes en residuarios de los guanahatabeyes, como platos, cucharas, percutores de piedra y gubias de caracoles Strombus.
Principio o final de la Isla, así es esa porción de tierra, bella, virgen y misteriosa...
(Con información de AIN)
Ver también "Guanahacabibes: el camino del Sol"